137 Ventures, SpaceX y la nueva ola del capital riesgo duro: qué significa un fondo de 700M$

1 de mayo de 2026
5 min de lectura
Ilustración de cohete, chip de IA y robot industrial representando inversión en deep‑tech
  1. TITULAR + INTRODUCCIÓN

137 Ventures, SpaceX y la nueva ola del capital riesgo duro: qué significa un fondo de 700M$

Cuando un fondo poco mediático pero accionista histórico de SpaceX logra cerrar más de 700 millones de dólares para nuevas apuestas en empresas de crecimiento, no es un simple titular financiero: es un mensaje sobre hacia dónde va realmente el dinero inteligente. La respuesta apunta a tres palabras: defensa, industria y IA. En este artículo analizamos qué hay detrás del movimiento de 137 Ventures, cómo encaja en la fiebre global por el deep‑tech y qué implicaciones tiene para los ecosistemas de habla hispana, desde Madrid hasta Ciudad de México o Buenos Aires.


  1. LA NOTICIA EN BREVE

Según informa TechCrunch, la firma estadounidense de capital riesgo 137 Ventures ha recaudado más de 700 millones de dólares repartidos en dos nuevos fondos de etapa de crecimiento. El objetivo es invertir en startups con «potencial de impacto significativo en el mercado», con un foco claro en defensa, inteligencia artificial y sistemas industriales.

TechCrunch explica que 137 Ventures, fundada por el ex inversor de Founders Fund Justin Fishner‑Wolfson, ha desplegado más de mil millones de dólares en el último año en compañías de estos sectores. Entre las participadas se encuentran la empresa de agentes de IA Cognition, la compañía de automatización industrial Hadrian Automation y la firma de defensa Anduril.

El dato más llamativo: 137 Ventures es inversor en SpaceX desde hace años. Citando a Bloomberg, TechCrunch señala que el fondo invirtió por primera vez en 2010 y desde entonces ha realizado alrededor de dos docenas de operaciones en la compañía. SpaceX podría protagonizar este año una OPV histórica con una valoración potencial superior al billón de dólares, lo que convertiría a 137 Ventures en uno de los grandes beneficiados silenciosos.


  1. POR QUÉ IMPORTA

Esta noticia confirma un cambio de ciclo. Después de una década en la que el capital riesgo se enamoró de apps de consumo, marketplaces y fintechs de onboarding fácil, el dinero está girando hacia tecnologías que se parecen más a infraestructura de un país que a una app del móvil.

Para las startups de defensa, espacio, automatización industrial o infraestructura de IA, la señal es positiva: hay apetito para cheques grandes en etapas tardías. Desde 2022, muchas compañías rentables o casi rentables se han quedado atrapadas entre rondas privadas a la baja y un mercado bursátil que premia sobre todo a gigantes consolidados. Un nuevo fondo de más de 700M$, especializado en growth y secundario, es justo el tipo de jugador que puede desbloquear liquidez y permitir que estas empresas sigan creciendo sin venderse antes de tiempo.

Los grandes inversores institucionales también salen ganando. Para un fondo de pensiones europeo o un family office latinoamericano es casi imposible entrar directamente en SpaceX o Anduril; 137 Ventures les ofrece una vía indirecta para capturar parte de esa plusvalía.

¿Quién queda fuera? El inversor minorista y, en general, el mercado público. Si la mayor parte del valor se crea y realiza mientras la empresa sigue siendo privada, el pequeño accionista llega cuando la fiesta ya está avanzada. También sufren las startups de software «ligero»: si no aportan algo crítico en seguridad, energía, capacidad industrial o IA profunda, convencer a fondos de crecimiento será cada vez más complicado.


  1. EL CONTEXTO AMPLIO

La jugada de 137 Ventures encaja con varias tendencias de fondo.

Primero, la normalización de la inversión en defensa. Lo que hace años era anatema para muchos VCs –trabajar con ejércitos o gobiernos en sistemas de seguridad– se ha convertido en una tesis respetable, incluso de moda. El aumento de tensiones geopolíticas ha disparado los presupuestos de defensa y la presión para modernizar ejércitos con tecnología de nueva generación.

Segundo, la reindustrialización. Europa, Estados Unidos y buena parte de América Latina han descubierto de golpe la fragilidad de depender de fábricas y chips a miles de kilómetros. Eso ha devuelto protagonismo a todo lo que huela a producción local, automatización, logística inteligente y, por supuesto, espacio como infraestructura esencial (comunicaciones, observación de la Tierra, navegación).

Tercero, la burbuja –todavía en formación– alrededor de la IA. TechCrunch lleva meses cubriendo rondas multimillonarias en modelos fundacionales y plataformas de IA. La diferencia con 137 Ventures es que no se limita a apostar por el «cerebro» (los modelos), sino también por el «cuerpo»: los sistemas físicos donde la IA tomará decisiones críticas, desde satélites hasta fábricas.

Históricamente, cada gran ola tecnológica ha tenido sus fondos de crecimiento de referencia: hubo un momento SoftBank Vision Fund para el mundo móvil y on‑demand, y un momento Tiger Global para el internet de consumo. 137 Ventures no juega en la misma escala absoluta, pero está posicionándose como uno de los actores clave del growth en la ola actual: deep‑tech con clientes gubernamentales y contractos a muy largo plazo.


  1. EL ÁNGULO EUROPEO Y HISPANO

Desde Europa y América Latina, la noticia tiene una lectura doble.

Por un lado, es una oportunidad. En España y Portugal vemos startups de espacio y observación de la Tierra; en Alemania y Francia, nuevos lanzadores y empresas de defensa; en América Latina, compañías que usan satélites y IA para agricultura, minería o control de fronteras. Muchas de ellas tienen talento y tracción, pero chocan con un muro cuando necesitan rondas de 50, 100 o 200 millones. Ahí es donde fondos como 137 Ventures pueden marcar la diferencia.

Por otro lado, es un aviso serio: si Europa y los países latinoamericanos no construyen sus propios fondos de crecimiento especializados en deep‑tech, acaban regalando el control de sus activos estratégicos. No es solo una cuestión de dónde se queda el retorno financiero, sino de quién tiene voz cuando se decide qué tecnologías se priorizan, con qué clientes se trabaja y bajo qué condiciones.

Además, el marco regulatorio europeo (RGPD, Ley de Servicios Digitales, futura Ley de IA) y las distintas normativas de ciberseguridad y defensa en América Latina añaden complejidad. Un fondo estadounidense acostumbrado a moverse solo bajo reglas de Washington puede percibir Bruselas o ciertas capitales latinoamericanas como un laberinto burocrático. Las startups que consigan navegar ambos mundos –aprovechar capital de Silicon Valley y cumplir con las normas europeas o locales– tendrán una ventaja competitiva clara.


  1. MIRANDO HACIA ADELANTE

El siguiente gran hito será, previsiblemente, la salida a bolsa de SpaceX. Si se materializa en rangos de valoración cercanos a lo que insinúan TechCrunch y Bloomberg, veremos uno de los mayores trasvases de riqueza desde el ámbito privado al público en la historia reciente de la tecnología. Y buena parte de esa riqueza irá a parar a fondos como 137 Ventures y sus partícipes.

Eso creará un poderoso efecto demostración: LPs de todo el mundo buscarán su propio «SpaceX de turno» en defensa, espacio, energía o industria pesada. Podemos esperar más fondos dedicados a estos verticales, más competencia por los mejores activos y, probablemente, más tensiones políticas sobre quién controla qué tecnología.

Para las startups hispanohablantes, el mensaje es claro. En los próximos 12–24 meses, los fondos de crecimiento no se dejarán impresionar por métricas de usuario bonitas si el producto no es estructural para un sector crítico. Pero estarán muy dispuestos a escribir cheques grandes para empresas que puedan demostrar tres cosas: que su tecnología es difícil de replicar, que su cliente principal paga tickets elevados (gobiernos, utilities, grandes industriales) y que la IA no es un adorno, sino el corazón del sistema.

Las preguntas abiertas no son menores: ¿se atreverá 137 Ventures a liderar rondas significativas fuera de EE. UU., incluyendo Europa o América Latina? ¿Aceptarán los reguladores que capital extranjero controle empresas con tecnología de doble uso o valor estratégico? ¿Y cómo reaccionarán los ciudadanos cuando descubran que parte de la innovación que mejora su vida cotidiana está financiada por los mismos fondos que potencian capacidades militares?


  1. CONCLUSIÓN

El nuevo paquete de más de 700 millones de dólares de 137 Ventures no es un movimiento aislado, sino un síntoma de algo mayor: el capital riesgo ha decidido que la próxima década de grandes retornos estará en la confluencia de IA, industria y defensa. Para los ecosistemas de habla hispana, la disyuntiva es clara: o se construyen vehículos propios capaces de jugar ese partido –en Madrid, Bogotá, Ciudad de México, Buenos Aires– o serán los fondos asociados a SpaceX y compañía quienes decidan qué campeones deep‑tech salen adelante. ¿Dónde queremos que se tomen esas decisiones?

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