Dolby contra Snapchat: el choque entre el sueño libre de regalías de AV1 y la realidad de las patentes

27 de marzo de 2026
5 min de lectura
Ilustración de los logotipos de AV1 y HEVC junto a un mazo de juez

Cuando el marketing de «royalty‑free» se topa con los abogados

AV1 nació como la gran promesa: un códec moderno, abierto y supuestamente libre de regalías, impulsado por gigantes como Google, Netflix, Amazon y Microsoft. Para plataformas que viven del vídeo –de TikTok a Netflix, pasando por servicios locales en España y Latinoamérica– sonaba a solución perfecta. La demanda de Dolby contra Snap, dueña de Snapchat, pone esa promesa en entredicho. Si un tribunal acepta que partes clave de AV1 están cubiertas por patentes de Dolby que nunca se ofrecieron gratis, AV1 deja de ser un refugio legal y pasa a ser otro campo minado de licencias. Veamos qué hay detrás del caso, quién gana, quién pierde y qué significa esto para el mundo hispanohablante.

La noticia, en breve

Según relata Ars Technica, Dolby Laboratories ha presentado una demanda contra Snap Inc. ante un tribunal federal en Delaware (EE. UU.). Dolby alega que el uso del códec AV1 en Snapchat infringe cuatro de sus patentes relacionadas con técnicas de compresión de vídeo, incluyendo predicción entre planos, modos de salto y fusión de bloques, codificación de baja latencia y esquemas específicos de codificación entrópica.

Dolby sostiene que AV1 reutiliza ideas y métodos desarrollados originalmente para HEVC/H.265, protegidos por sus patentes, y que esos derechos nunca se sometieron a un compromiso FRAND (justo, razonable y no discriminatorio) ni a un modelo libre de regalías. Snap ya paga licencias por HEVC a través de un pool de patentes, pero según Dolby se ha negado a licenciar los supuestos patentes relevantes para AV1, pese a los intentos de negociación del propio Dolby y del pool Access Advance.

La compañía pide un juicio con jurado, una orden que impida a Snap seguir infringiendo y una declaración de que no está obligada a licenciar esas patentes bajo términos FRAND. Ars Technica recuerda que InterDigital también ha demandado por el soporte de AV1 en algunos dispositivos Amazon Fire, mientras pools como Access Advance y Sisvel ofrecen paquetes de licencias AV1, aunque la Alliance for Open Media (AOMedia) defiende que AV1 es un estándar libre de regalías.

Por qué esto importa

Dolby no solo está presionando a Snap; está atacando el relato político que rodea a AV1. AOMedia, con miembros como Amazon, Apple, Google, Meta y Netflix, vendió AV1 como la salida del caos de HEVC: un códec moderno, eficiente y sin cheques de licencia. Dolby viene a decir: ese cheque nunca dejasteis de deberlo, solo ignorasteis a parte de los acreedores.

Los primeros perjudicados son quienes se fiaron al pie de la letra de la etiqueta «royalty‑free». Plataformas de streaming, fabricantes de televisores, navegadores y no pocos desarrolladores independientes han adoptado AV1 asumiendo que el riesgo legal era mínimo. Si un juez concluye que una parte sustancial de AV1 descansa sobre patentes de terceros que nunca prometieron licencias gratuitas, el perfil de riesgo cambia de golpe.

En el lado ganador aparecen, de entrada, los titulares de patentes y los operadores de pools. Durante años la prioridad fue cobrar a fabricantes de hardware: chips, móviles, televisores. Los servicios de streaming quedaban en un segundo plano. Con el auge del vídeo bajo demanda, el dinero está en la nube y en cada gigabyte ahorrado; es lógico que ahora los titulares de patentes miren hacia ahí.

Elegir a Snap tampoco es casual. Es una empresa con suficiente tamaño y dependencia del vídeo como para que el caso tenga fuerza, pero no tan grande como para desatar una guerra total con todo Silicon Valley. Además, el producto –vídeo corto y comprimido al máximo en móviles– facilita el argumento de Dolby de que sus técnicas son críticas para la experiencia de usuario y fuente de ventaja competitiva.

La moraleja para el sector es incómoda: en vídeo, «royalty‑free» rara vez significa «sin riesgo». AV1 era, como mucho, una apuesta política; ahora está entrando en fase de prueba jurídica.

El contexto más amplio: nuevas guerras de códecs

Para entender este caso hay que mirar atrás. MPEG‑2, H.264/AVC y posteriormente HEVC supusieron grandes saltos en eficiencia, pero también una proliferación de patentes repartidas entre muchos actores, con pools rivales y tarifas poco transparentes. Los primeros en sentirlo fueron los fabricantes de hardware; más tarde, OEM de televisores y smartphones. Los servicios, en general, fueron mirando hacia otro lado.

AOMedia fue la respuesta de los grandes consumidores de tecnología de vídeo: agrupar sus propias patentes, diseñar un códec moderno y anunciar que cualquiera podría implementarlo sin pagar royalties. VP9 fue un ensayo; AV1, la apuesta seria.

El problema es que la compresión de vídeo es un campo incremental. Todos los códecs modernos comparten la misma base conceptual: bloques, predicción de movimiento, transformadas, codificación entrópica cada vez más sofisticada. Dolby se apoya precisamente en esa continuidad: AV1 no nace en el vacío, se construye sobre técnicas desarrolladas en la era de HEVC, muchas de ellas ya patentadas.

No es la primera vez que pasa algo así. Cuando Google impulsó VP8 como alternativa abierta, el pool MPEG LA apareció con sus propias reclamaciones. Aquello acabó en acuerdos privados y licencias cruzadas, no en un veredicto contundente que blindase VP8 como «libre de patentes». Con MP3 ocurrió algo parecido: durante años circularon noticias de que «ya es gratis», mientras en realidad seguían vigentes licencias en varios territorios.

La gran diferencia con AV1 es su grado de adopción. Ya está en navegadores, televisores inteligentes, consolas y SoC de los principales fabricantes. YouTube y Netflix lo usan masivamente para reducir bitrates. Si AV1 se convierte en códec sujeto a royalties, no hablamos de una tecnología marginal, sino de un pilar de la infraestructura de vídeo actual.

Además, los pools europeos tienen un papel relevante. Sisvel, con raíces en Italia y larga historia en Europa, gestiona un pool de AV1. Access Advance hace lo propio desde EE. UU. La demanda de Dolby contra Snap es, de facto, la primera gran prueba de fuego para ver si estos pools pueden presionar también a los grandes servicios y no solo a fabricantes de hardware.

Europa y el mundo hispanohablante: efectos colaterales

Europa no está en el banquillo, pero sí en la línea de fuego. La Comisión Europea investigó en 2022 la política de licencias de AOMedia y cerró la investigación en 2023 por «razones de prioridad», dejando claro que no se trataba de una absolución. Ahora, con Dolby cuestionando públicamente el carácter libre de regalías de AV1, el debate podría reabrirse en Bruselas, al menos políticamente.

En paralelo, la UE trabaja en una regulación específica sobre patentes esenciales para estándares (SEP), que busca más transparencia y previsibilidad en licencias FRAND. Si un estándar tan importante como AV1 acaba dependiendo de patentes sin ningún tipo de compromiso FRAND, los defensores de una regulación estricta tendrán un argumento adicional.

Para España y América Latina, las implicaciones son sobretodo económicas y de riesgo. Plataformas como Movistar Plus+, Atresplayer, RTVE Play, Blim TV, Claro Video, ViX o Globoplay deben decidir si apuestan fuerte por AV1 para reducir costes de ancho de banda, o si se mantienen en H.264/HEVC, más viejo pero jurídicamente mejor conocido. Muchas ya mostraban cautela con AV1 por la falta de soporte completo en decodificadores y televisores; la incertidumbre legal puede reforzar esa prudencia.

Los fabricantes locales –desde proveedores de set‑top boxes para operadores de fibra hasta integradores de soluciones OTT– suelen tener recursos legales limitados. Pensar en defenderse de una demanda de patentes en Delaware no es realista para un integrador medio en Madrid, Ciudad de México o Bogotá. Lo más probable es que muchas empresas pequeñas opten por seguir con códecs tradicionales, aunque eso implique menos eficiencia.

Para startups hispanohablantes que construyen productos de videollamadas, educación online o streaming de nicho, el mensaje es claro: elegir AV1 no es solo una decisión técnica, también es una decisión de riesgo legal que debe entrar en el plan de negocio.

Mirando hacia adelante: qué puede pasar ahora

Los litigios de patentes son maratones, no sprints. Pero el mercado se moverá mucho antes de que haya sentencia firme.

En el corto plazo veremos, previsiblemente, tres dinámicas:

  1. Revisión silenciosa de riesgos. Los equipos legales de grandes plataformas y fabricantes harán inventario: dónde usamos AV1, cuánto podríamos llegar a pagar si aparece un «peaje AV1». Eso puede frenar nuevos despliegues, sobre todo en dispositivos de gama baja.
  2. Pools al ataque comercial. Access Advance, Sisvel y otros usarán la demanda de Dolby como argumento: «mejor firmar con nosotros ahora que litigar después». Aunque no haya fallo judicial, la presión económica sobre quienes usan AV1 aumentará.
  3. Ajustes en la estandarización. Dentro de AOMedia, la tentación será rediseñar partes del estándar o de futuras versiones para esquivar las patentes más problemáticas. La experiencia histórica indica que esto rara vez es limpio: o se sacrifica rendimiento, o se aumenta la complejidad.

A medio plazo, la pregunta estratégica es si el sector seguirá intentando crear códecs «libres por diseño» o si volverá a abrazar el modelo clásico de estándares MPEG con FRAND: más caro, pero jurídicamente más predecible. En Europa, el debate sobre la regulación de SEPs y el papel de la Comisión será clave.

Para empresas españolas y latinoamericanas, la recomendación práctica es sencilla: no dar por sentado que «royalty‑free» significa «sin coste». Cualquier negocio donde el vídeo sea central –plataformas educativas, streaming deportivo, telemedicina, gaming en la nube– debería contemplar escenarios en los que AV1 implique licencias, y tener un plan B basado en códecs alternativos.

La conclusión

La demanda de Dolby contra Snapchat es menos una disputa puntual y más un referéndum sobre la credibilidad del relato de AV1 como códec libre de regalías. Si Dolby convence al tribunal, AV1 pasará de ser el héroe «open» a otro estándar sometido a negociación y a peajes. Para Europa y el mundo hispanohablante, el mensaje es claro: la etiqueta «royalty‑free» no sustituye al análisis jurídico. La pregunta incómoda es si, después de este caso, alguien seguirá creyendo que es posible un códec de vídeo realmente libre de regalías a gran escala.

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