Cuando la sostenibilidad choca con el DRM de tinta: el verdadero riesgo de la estrategia de HP

12 de marzo de 2026
5 min de lectura
Primer plano de una impresora HP con un aviso sobre cartuchos de tinta no originales

Introducción

HP lleva años jugando con fuego: vende impresoras baratas y recupera el margen bloqueando cartuchos alternativos mediante software. Hasta ahora, el coste era sobre todo de imagen y de frustración de los usuarios. Con EPEAT 2.0, ese coste puede convertirse en algo mucho más serio: perder contratos públicos y credibilidad en materia de sostenibilidad. En este análisis veremos qué ha pasado, por qué esta disputa sobre firmware va mucho más allá del mundo de las impresoras y qué implica para Europa y para los mercados hispanohablantes.

La noticia en breve

Según informa Ars Technica, la asociación estadounidense International Imaging Technology Council (Int’l ITC), que agrupa a remanufacturadores de cartuchos, ha denunciado que HP ha lanzado un nuevo firmware que desactiva el funcionamiento de tinta y tóner de terceros en varios modelos.

HP comercializa este comportamiento bajo la etiqueta Dynamic Security: tras la actualización, la impresora comprueba el chip del cartucho y se niega a funcionar con aquellos que no cuentan con la bendición del fabricante. La versión 2602A/B se empezó a distribuir a finales de enero de 2026 en unos once modelos, incluidos equipos OfficeJet Pro antiguos.

El momento no es casual. En diciembre de 2025 entró en vigor el registro EPEAT 2.0, que define criterios de sostenibilidad para productos electrónicos. Entre ellos, establece que los productos listados no deben usar actualizaciones para impedir el uso de cartuchos remanufacturados. El Int’l ITC sostiene que la actuación de HP va en contra de ese principio. HP no respondió a Ars.

Por qué importa

No estamos solo ante otro capítulo de la eterna batalla por el precio de la tinta. Es un choque frontal entre compromisos de sostenibilidad y un modelo de negocio extremadamente rentable.

En el segmento doméstico y de pequeña oficina, HP gana sobre todo con el consumible: cartuchos originales y servicios de suscripción de tinta. Cualquier mecanismo que evite que el usuario pueda optar por alternativas más baratas protege directamente esos ingresos. Quien pierde es evidente: consumidores, pequeños negocios, remanufacturadores locales y, de paso, el planeta, que asume toneladas de plástico y componentes electrónicos que podrían reutilizarse.

EPEAT 2.0 altera los incentivos. Aunque hoy solo hay un número reducido de productos registrados bajo los nuevos criterios y todavía ninguna impresora, el sello tiene peso en la compra pública y corporativa, especialmente en Norteamérica, pero también como referencia en Europa y Latinoamérica. Muchos pliegos de licitación piden expresamente cumplimiento de EPEAT o, como mínimo, equivalentes.

Si bloquear cartuchos remanufacturados se interpreta como incompatible con EPEAT 2.0, HP deja de arriesgar únicamente reputación y empieza a arriesgar volumen: contratos de ministerios, universidades o grandes empresas que no se pueden permitir titulares de prensa sobre prácticas «antiverdes». Eso es un tipo de presión mucho más difícil de ignorar que unas cuantas quejas en redes.

Además, hay una cuestión de confianza tecnológica. HP suele justificar estas restricciones con argumentos de seguridad. Pero cuando una «actualización de seguridad» acaba funcionando como una actualización comercial, el usuario aprende a desconfiar de los parches. Y eso, en un contexto de ciberataques crecientes, es un problema sistémico.

El panorama más amplio

El caso HP encaja en una tendencia mucho más amplia: el control posventa mediante software. Lo vemos en tractores que no se pueden reparar sin el visto bueno del fabricante, en coches con funciones ligadas a cuotas mensuales, en móviles que complican al máximo las reparaciones fuera del canal oficial. La lógica es siempre la misma: maximizar el control sobre un dispositivo que, en teoría, ya es propiedad del cliente.

Frente a esto, se levanta un movimiento global a favor del derecho a reparar y de la economía circular. En la Unión Europea avanza la normativa de derecho a reparación; varios países latinoamericanos, desde Chile hasta Brasil, empiezan a introducir obligaciones de garantía extendida y repuestos disponibles. Todos estos cambios cuestionan el uso de bloqueos digitales para impedir reparaciones o piezas compatibles.

En impresión, la respuesta de mercado también se mueve. Los sistemas de tanque de tinta reducen la dependencia de pequeños cartuchos de gran margen. En el sector corporativo, algunos fabricantes destacan precisamente por permitir el uso de tóner remanufacturado como parte de su estrategia de sostenibilidad, conscientes de que los clientes empresariales ya no miran solo el precio de compra, sino el coste total y la huella ambiental.

En comparación con otros actores como Canon, Epson o Brother, HP ha sido particularmente agresiva con su combinación de DRM de cartuchos y suscripciones. A corto plazo, eso ha impulsado los ingresos recurrentes. A medio plazo, la convierte en el ejemplo perfecto para ONG, reguladores y estándares como EPEAT que quieren marcar límites.

EPEAT 2.0 es un síntoma de algo más profundo: los sellos verdes ya no se conforman con medir consumo energético; empiezan a entrar en la gobernanza del producto a lo largo de todo su ciclo de vida, incluyendo actualizaciones de software. Ahí es donde el modelo de «bloquear por firmware lo que no me interesa» empieza a chirriar.

El ángulo europeo e hispano

En Europa, este debate se suma a un marco regulatorio cada vez más denso: Reglamento de Ecodiseño, Ley de Servicios Digitales, futura Ley de IA, y, muy relevante aquí, las iniciativas sobre derecho a reparación y pasaporte digital de productos. Todas empujan hacia más transparencia, más reparabilidad y más reutilización de componentes.

EPEAT es un esquema con raíces en Estados Unidos, pero muchas administraciones europeas lo usan como referencia en sus estrategias de compra verde. España no es una excepción: universidades, hospitales y organismos públicos manejan a menudo catálogos y pliegos que se inspiran en EPEAT, TCO, Energy Star o equivalentes.

Para América Latina, donde gran parte del parque de impresoras se mantiene a base de recarga y remanufactura local, el impacto potencial es distinto pero igual de importante. Si HP endurece aún más los bloqueos en firmware, millones de pequeños comercios de recarga de tinta, desde Ciudad de México hasta Bogotá, podrían ver amenazado su negocio. A la inversa, fabricantes que se posicionen como «amigables con el remanufacturado» tendrían una oportunidad clara en mercados extremadamente sensibles al precio.

En ambos lados del Atlántico hispano, hogares, pymes y centros educativos dependen de cartuchos alternativos para controlar el gasto. Una actualización que, de un día para otro, deje inservibles consumibles perfectamente funcionales es mucho más que una molestia técnica.

Mirando hacia adelante

Lo más probable es que HP no dé marcha atrás de forma total, sino que refine su estrategia. Cabe esperar una división más clara de gamas: impresoras domésticas y de pequeño despacho con fuerte bloqueo y dependencia de suscripciones, y líneas empresariales y de sector público diseñadas para cumplir con EPEAT 2.0 y con las normativas europeas de circularidad.

Conviene vigilar tres cosas en los próximos 12–24 meses:

  1. Qué impresoras aparecen primero en el registro EPEAT 2.0 y con qué compromisos respecto a cartuchos remanufacturados.
  2. Cómo evolucionan los criterios de compra pública en la UE y en países latinoamericanos: ¿se incorporan referencias explícitas a compatibilidad con remanufacturado y a la prohibición de bloqueos vía firmware?
  3. Qué postura adoptan las autoridades de consumo y competencia respecto a las actualizaciones que eliminan funcionalidades por las que el usuario ya pagó.

Para empresas, administraciones y también para particulares, el mensaje es claro: la política de cartuchos ya no es un detalle menor. A la hora de renovar impresoras, hay que preguntar por escrito qué ocurre con los consumibles de terceros, ahora y tras futuras actualizaciones.

Conclusión

El conflicto entre HP y EPEAT 2.0 ilustra una tensión central de la era digital: hasta qué punto aceptamos que el fabricante reescriba, vía software, las reglas de uso de un dispositivo ya comprado. Si los criterios de EPEAT 2.0 y las normativas europeas de ecodiseño y reparación se aplican con rigor, el margen para el DRM de tinta se estrechará, al menos en los segmentos institucionales y corporativos. La pregunta para los usuarios hispanohablantes es directa: ¿seguiremos comprando impresoras por el precio del aparato, o empezaremos a exigir garantías claras sobre nuestra libertad para elegir qué tinta ponerles dentro?

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