Toyota Woven Capital pone a dos mujeres al mando y reabre la batalla por la movilidad del futuro

1 de abril de 2026
5 min de lectura
Dos ejecutivas de movilidad hablan frente a una pantalla con gráficos de vehículos autónomos

TÍTULO + INTRO

Toyota acaba de enviar un mensaje claro al ecosistema global de movilidad: su brazo de venture capital, Woven Capital, ya no será un experimento corporativo, sino una pieza central de la estrategia. Con el nombramiento de Michiko Kato como CIO de Woven Capital y CEO de Toyota Invention Partners, y la llegada de Mia Panzer como COO, el fabricante japonés coloca a dos mujeres al frente de un fondo clave en plena transformación del transporte. La decisión toca tres nervios sensibles: la carrera por el vehículo definido por software, la fragilidad financiera del deep tech en movilidad y el lento avance de la diversidad en el capital riesgo.


1. La noticia en breve

Según informa TechCrunch, Toyota ha designado a Michiko Kato como Chief Investment Officer de Woven Capital, el fondo de capital riesgo corporativo centrado en movilidad, y al mismo tiempo como directora general de Toyota Invention Partners, una filial 100 % propiedad de Toyota. Este doble nombramiento la convierte en la primera mujer en dirigir una subsidiaria totalmente controlada por el grupo. Woven Capital invierte en empresas en fase de crecimiento relacionadas con la movilidad en un sentido amplio: espacio, ciberseguridad, conducción autónoma y nuevas infraestructuras industriales.

El fondo gestiona un primer vehículo de 800 millones de dólares lanzado en 2021 y un segundo, también de 800 millones, anunciado en 2025, con el objetivo de realizar al menos 20 nuevas rondas de serie B, según TechCrunch. Kato acumula unos 15 años de experiencia en inversión y ha liderado en Woven operaciones en sectores como cohetes reutilizables y vehículos autónomos. De forma paralela, Mia Panzer asume el recién creado puesto de COO, con responsabilidad sobre finanzas, operaciones, recursos humanos y estrategia legal. Ambas reportan al managing director Ro Gupta. Que dos de los cargos más altos de este CVC recaigan en mujeres sigue siendo algo excepcional en la industria.


2. Por qué importa

Este movimiento indica que Toyota quiere que Woven Capital deje de ser un satélite periférico y se convierta en un motor real de innovación aplicada. En un CVC, la figura del CIO es la que marca dónde se colocan cientos de millones: en apuestas cosméticas para salir en la foto o en tecnologías capaces de alterar la estructura de costes y la propuesta de valor del grupo. Al dar a Kato, además, el timón de una filial operativa, Toyota está acercando inversión y ejecución, algo que pocas corporaciones consiguen.

Para las startups, el cambio puede traducirse en un socio estratégico más predecible y ambicioso. Los sectores que entusiasman a Kato –aeromovilidad, inteligencia artificial física, hardware industrial– son precisamente los que muchos fondos tradicionales miran con recelo por los ciclos largos y el capital necesario. Para un emprendedor que construye robots logísticos, vehículos autónomos o infraestructura espacial en Madrid, Ciudad de México o Bogotá, tener un inversor que no se asusta al ver CAPEX y plazos de diez años es oro.

El rol de COO que asume Panzer ataca el talón de Aquiles del corporate venture: la desconexión entre el discurso y la realidad interna. Muchos CVC mueren no por falta de dealflow, sino porque las prioridades cambian en la matriz o porque nadie en la organización entiende cómo trabajar con startups. Al centralizar operaciones, personas y legal en una figura con experiencia tanto en banca como en startups, Woven intenta blindarse frente a esos vaivenes y comportarse más como un fondo independiente.

Y, por supuesto, está el componente simbólico. La combinación de capital riesgo + automoción sigue siendo, en casi cualquier país, uno de los entornos más masculinos que existen. Ver a dos mujeres tomar las decisiones de inversión y de ejecución en un gran grupo japonés envía una señal a los equipos diversos de Europa y América Latina: no solo hay hueco para ellos en el lado emprendedor, también del lado del capital.


3. La foto grande

El giro de Woven Capital se inscribe en una oleada más amplia de profesionalización del venture corporativo en movilidad. Durante años, las unidades de CVC de los fabricantes –GM Ventures, BMW i Ventures, Hyundai CRADLE, entre otras– funcionaban casi como radares tecnológicos. Hoy están llamadas a ser columna vertebral de la estrategia de software, electrificación y servicios.

El contexto no es sencillo. Tras la resaca de la burbuja de las robotaxis, muchos VCs han recortado exposición a proyectos de hardware pesado y ciclos largos. Al mismo tiempo, la presión regulatoria y climática obliga a repensar desde las baterías hasta la logística de última milla. En este escenario, el capital estratégico que no depende únicamente del múltiplo de salida, sino de su impacto industrial, gana peso.

Toyota ha llegado tarde a varias olas –vehículos eléctricos puros, software propio, servicios de movilidad– y lo sabe. Woven nació, en parte, para evitar repetir ese patrón. Lo interesante ahora es que su estructura empieza a parecerse más a la de un fondo independiente que a la de un departamento corporativo: un managing director, una CIO con poder real de asignación y una COO que profesionaliza procesos, compliance y relación con la casa matriz.

Mientras tanto, los competidores se mueven. Stellantis Ventures acelera inversiones en economía circular y nuevas plataformas de movilidad; BMW y Mercedes profundizan en baterías, chips y servicios conectados; gigantes tecnológicos como Amazon o Alphabet empujan desde la nube, la logística y la conducción autónoma. Si Woven no es ágil, no solo perderá los mejores deals: corre el riesgo de que la propia Toyota pierda acceso a la siguiente generación de proveedores de movilidad.


4. El ángulo europeo y latinoamericano

Para Europa, y también para el ecosistema hispanohablante en América Latina, la jugada de Toyota abre una puerta interesante. El grupo tiene fábricas y centros de producción en varios países de la UE, integra a numerosos proveedores europeos y está sometido a la misma presión regulatoria que sus rivales: Green Deal, objetivos de emisiones, normas de ciberseguridad para vehículos conectados y un inminente marco regulatorio de IA.

En ese terreno, la tesis de Woven –movilidad, ciberseguridad, automatización industrial, espacio– encaja de lleno. Startups de Barcelona, Valencia, Ciudad de México o Santiago que estén desarrollando software para fábricas inteligentes, plataformas de gestión de flotas eléctricas o sensores para infraestructuras críticas pueden encontrar en Woven un socio con capacidad de desplegar sus soluciones a escala global.

Pero el mercado ya está poblado. En Europa operan los fondos de BMW, Mercedes-Benz, Stellantis y Renault, además de VCs independientes muy activos en deep tech en Berlín, París o Estocolmo. En América Latina, aunque el volumen de CVC automotriz es menor, grandes grupos de energía, banca y telecomunicaciones empiezan a jugar un papel parecido en movilidad urbana, fintech y logística. Woven tendrá que diferenciarse ofreciendo algo más que «dinero japonés»: acceso a plantas, pilotos en ciudades y una forma de trabajar comprensible para fundadores europeos y latinoamericanos.

La dimensión cultural no es menor. Muchas startups de la región asocian a los grandes grupos industriales con procesos lentos y jerárquicos. Si Kato y Panzer consiguen que Woven tome decisiones al ritmo al que se mueven los mejores fondos de Londres o San Francisco –y que luego esas decisiones se traduzcan en proyectos reales con Toyota–, el fondo podrá competir de tú a tú por los mejores equipos.


5. Mirando hacia adelante

¿Qué deberíamos vigilar en los próximos años? Primero, el ritmo de despliegue del segundo fondo de 800 millones. Si Woven mantiene una cadencia constante de rondas de serie B en sectores complejos incluso en ciclos macro difíciles, se consolidará como uno de los pocos inversores capaces de sostener deep tech de movilidad a largo plazo.

Segundo, la geografía. Hasta ahora, el foco más visible de Woven ha estado en Estados Unidos y Japón. Veremos si bajo el liderazgo de Kato el fondo incrementa su exposición a Europa y, ojalá, a América Latina. Una o dos inversiones de alto perfil en startups de movilidad o industria 4.0 en Madrid, São Paulo o Ciudad de México enviarían una señal potente de que el discurso de «futuro de la movilidad» es realmente global.

Tercero, la integración con Toyota. El éxito de un CVC no se mide solo en múltiplos, sino en cuántas tecnologías pasan del PowerPoint a la cadena de montaje. La combinación de CIO + CEO de una filial coloca a Kato en una posición única para presionar a las unidades de negocio a adoptar soluciones del portfolio. Si fundadores y fundadoras empiezan a percibir a Woven como un atajo hacia contratos significativos con Toyota, el fondo ganará ventaja frente a VCs puros y otros CVC.

El riesgo clásico sigue ahí: cambios de estrategia en la cúpula, ajustes de margen, ciclos del sector auto. Incluso con una estructura profesional, un CVC puede sufrir recortes o cambios de mandato. Ahí se jugará la credibilidad de Panzer como COO: si consigue blindar la estabilidad operativa y de presupuesto del fondo frente a las turbulencias corporativas.


6. Conclusión

Con Woven Capital en manos de dos directivas con experiencia real en inversión y operaciones, Toyota está haciendo algo más que un gesto de diversidad: está apostando por un modelo de corporate venture capaz de competir con los mejores fondos del mercado. Si Kato y Panzer logran convertir a Woven en un puente ágil entre el deep tech de movilidad y la escala industrial de Toyota, el impacto se sentirá en Europa, América Latina y más allá. La pregunta para los fundadores hispanohablantes es clara: ¿seguirán viendo el capital corporativo como «plan B» o empezarán a buscarlo como socio estratégico desde el día uno?

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