xAI se queda sin fundadores: qué revela la última sacudida de Musk en la carrera por la IA

28 de marzo de 2026
5 min de lectura
Ilustración de Elon Musk con los logos conectados de xAI, SpaceX y X sobre un fondo tecnológico oscuro

xAI, la apuesta de Elon Musk para competir en la élite de la inteligencia artificial, acaba de sufrir un movimiento casi inédito en un laboratorio de primer nivel: según medios estadounidenses, ya no queda ningún cofundador en la empresa, justo cuando se está reconstruyendo desde cero e integrando bajo SpaceX. Más que un chisme corporativo, es una señal sobre cómo entiende Musk el poder en la era de la IA y sobre si xAI será un actor estable frente a OpenAI, Anthropic o Google, o solo otra extensión de su imperio personal.

La noticia, en breve

Según recoge TechCrunch a partir de información de Business Insider, los dos últimos cofundadores que quedaban en xAI han abandonado la compañía.

Business Insider informó primero de que Manuel Kroiss, responsable del equipo de pre‑entrenamiento de modelos y mano derecha técnica de Musk, comunicó a su entorno que dejaba xAI. Poco después, el medio publicó que también había salido Ross Nordeen, descrito como el principal operador de confianza de Musk. Nordeen llegó desde Tesla y participó en la planificación de los grandes recortes de personal en Twitter tras la compra de 2022.

A principios de mes ya se había reportado la salida de nueve de los once cofundadores originales de xAI. Musk reconoció recientemente en X que xAI “no se construyó bien a la primera” y que se está “reconstruyendo desde los cimientos”.

Las salidas coinciden con la adquisición de xAI por SpaceX, que coloca a SpaceX, xAI y X (antes Twitter) bajo un mismo paraguas corporativo, en un momento en el que SpaceX, según la prensa, se prepara para salir a bolsa. TechCrunch señala que xAI no respondió inicialmente a su petición de comentario.

Por qué importa

Que se vaya un cofundador de una startup es normal. Que se marche el equipo fundador entero de un laboratorio de frontera en plena fase de despegue es otra cosa.

Para Musk, el efecto es claro: se eliminan las últimas contrapesos internos. Sin Kroiss ni Nordeen, no queda ningún cofundador con legitimidad histórica para cuestionar grandes decisiones, moderar apuestas excesivamente arriesgadas o empujar un rumbo técnico distinto. xAI se convierte aún más en un proyecto personal, en la línea de cómo Musk ha gestionado X o, en menor medida, Tesla.

Las consecuencias se notan en tres frentes:

  1. Fichar talento será más difícil. Los mejores perfiles de IA pueden elegir: OpenAI, Anthropic, Google DeepMind, Meta, startups bien financiadas en Silicon Valley, Londres o París. Un laboratorio donde todos los cofundadores han salido en cuestión de meses y que públicamente admite estar rehaciéndose desde cero transmite una señal de inestabilidad complicada de tragar para quien busca un sitio donde construir a largo plazo.

  2. Aumentan las dudas de gobernanza. Otros laboratorios tampoco son un ejemplo perfecto, pero al menos mantienen una ficción de separación entre el poder económico y la toma de decisiones diaria. xAI, en cambio, queda incrustado en un conglomerado privado dominado por una sola persona. Eso puede ser ágil para lanzar productos, pero es una bandera roja para reguladores, grandes empresas y posibles inversores de un futuro IPO de SpaceX.

  3. Sube el riesgo de ejecución. Kroiss pilotaba el pre‑entrenamiento, el núcleo de cualquier modelo de gran escala. Perder esa experiencia justo cuando la empresa dice estar “reconstruyendo los cimientos” es un shock operativo serio. A menos que ya exista una segunda línea de liderazgo muy sólida, lo lógico es esperar retrasos, cambios de estrategia y nuevas idas y venidas de personal.

Los ganadores potenciales: Musk, que concentra aún más control, y los laboratorios rivales, que podrán pescar talento desencantado. Los perdedores: quienes esperaban que xAI se consolidara como un tercer polo fuerte y relativamente independiente en el ecosistema global de IA.

El panorama más amplio

Lo que está pasando en xAI encaja con un patrón conocido de Musk: entra en una empresa (o la crea), aplica una terapia de choque, centraliza la toma de decisiones y reconstruye alrededor de un círculo de extrema confianza. Lo vimos en Twitter/X con despidos masivos, vértigo de cambios de producto y conflictos públicos con reguladores; y, de forma diferente, en Tesla con reestructuraciones agresivas ante hitos clave.

Pero la IA de frontera no es una red social ni una fábrica de coches. El entrenamiento de modelos de última generación se parece más a un programa científico de varios años que a un sprint de producto. Necesita continuidad, equipos que acumulen aprendizajes finos sobre datos, infraestructuras que se iteran con cuidado y una cultura donde la estabilidad no sea una excepción.

Mientras tanto, la industria se mueve en otra dirección:

  • OpenAI está cada vez más entrelazada con Microsoft, que aporta capital y computación a cambio de una parte sustancial del valor económico.
  • Anthropic reparte sus alianzas entre Amazon, Google y otros, precisamente para evitar quedar bajo el control de un solo gigante.
  • Google DeepMind se apoya en grupos de investigación con más de una década de recorrido y en una infraestructura que sobrevivió a varios reordenamientos internos de Google.

Incluso los laboratorios supuestamente independientes acaban atados a los hiperescaladores porque entrenar frontier models cuesta miles de millones de dólares en GPUs, talento y datos.

Musk intenta otra vía: financiar xAI desde la valoración y el flujo de caja de SpaceX, una empresa de cohetes y satélites con activos de datos únicos (Starlink) y una narrativa potente de integración vertical. Sobre el papel, hay sinergias: operaciones espaciales más autónomas, redes de satélites que se optimizan solas, inferencia en el borde de la constelación.

El éxodo de cofundadores, sin embargo, sugiere un choque entre esa visión de “mover el mundo a golpe de voluntad” y la realidad lenta, iterativa y colegiada que exige la investigación puntera en IA. Históricamente, cuando se ha descabezado a fundadores en grandes tecnológicas —Apple en los 80, Uber tras 2017— ha sido porque los consejos querían frenar al líder, no porque ese líder quisiera quedarse solo.

En xAI parece ocurrir lo contrario: el líder permanece, la pluralidad desaparece. Y eso plantea una duda incómoda: ¿estamos ante una institución pensada para sobrevivir décadas o ante otro instrumento táctico dentro de la agenda política, empresarial y personal de Musk?

El ángulo europeo e hispanohablante

Para Europa y para el mundo hispanohablante —desde Madrid hasta Ciudad de México o Buenos Aires—, la cuestión clave no es si el chatbot de xAI en X es más o menos ingenioso, sino qué tipo de estructuras de poder hay detrás de las plataformas de IA que acabarán usando gobiernos y empresas.

El Reglamento de IA de la UE, la GDPR y la Ley de Servicios Digitales apuntan en la misma dirección: transparencia, evaluación de riesgos y responsabilidades claras cuando un sistema de IA afecta a derechos fundamentales. Un laboratorio absorbido por un conglomerado privado, dirigido de forma muy personalista, va a generar suspicacias si pretende vender sistemas de alto riesgo a bancos, aseguradoras, administraciones públicas o grandes telcos europeas y latinoamericanas.

En paralelo, han surgido actores europeos como Mistral (Francia) o Aleph Alpha (Alemania), y en el mundo hispano se mueven hubs de IA en Barcelona, Madrid, Ciudad de México o Santiago de Chile. Su promesa es ofrecer modelos potentes con mayor control sobre dónde se alojan los datos, cómo se gobiernan los sistemas y qué margen tienen los clientes para adaptar y auditar la tecnología.

Frente a eso, el mensaje implícito de xAI —todo bajo el paraguas Musk, desde satélites hasta red social y ahora laboratorio de frontera— puede resultar difícil de digerir para reguladores europeos y para empresas de la región acostumbradas a pensar en términos de soberanía digital y diversificación de proveedores.

Mirando hacia adelante

¿Qué cabe esperar ahora?

En el corto y medio plazo (12–18 meses), es razonable anticipar tres movimientos:

  1. Relanzamiento bajo la marca SpaceX. Veremos a Musk presentar xAI como la capa de inteligencia de todo su ecosistema: optimización de lanzamientos, gestión de Starlink, asistentes integrados en X, quizá herramientas para Tesla. Llegarán anuncios de nuevos superclusters de GPUs, de modelos más grandes, de integraciones estrechas entre datos de satélite y algoritmos de IA.

  2. Campaña agresiva de fichajes. Para compensar el relato del “laboratorio vacío”, Musk necesitará nombres que pesen en la comunidad de IA: ex‑Google, ex‑OpenAI, académicos reconocidos. La pregunta es cuántos de ellos estarán dispuestos a entrar en un entorno hipercentralizado y mediáticamente tóxico a cambio de recursos casi ilimitados.

  3. Más luz vía mercado de capitales. Si SpaceX avanza hacia una salida a bolsa o estructuras cuasi públicas, la documentación para inversores tendrá que detallar cuánto invierte en xAI, qué ingresos genera y qué riesgos regulatorios conlleva. Eso ayudará a evaluar si xAI es un negocio con patas propias o sobre todo un recurso estratégico para la narrativa de “imperio integrado” de Musk.

Quedan muchas incógnitas: ¿seguirá existiendo xAI como marca diferenciada o se diluirá en SpaceX y X? ¿Intentará vender de forma directa a gobiernos europeos y latinoamericanos, sometiéndose a sus regulaciones, o se quedará en un juego principalmente estadounidense? ¿Cómo reaccionarán Bruselas y las capitales latinoamericanas si la combinación de cohetes, satélites, redes sociales y modelos de IA de frontera se concentra en tan pocas manos?

En resumen

La salida de todos los cofundadores de xAI justo cuando la empresa se integra en SpaceX y se “reconstruye desde los cimientos” envía un mensaje claro: esto ya no es una startup convencional, sino una pieza más en la arquitectura de poder de Elon Musk. Eso puede traducirse en productos audaces e hiperintegrados… o en un laboratorio incapaz de retener el talento y la confianza necesarios para competir en la primera división de la IA. La pregunta para usted es sencilla: ¿pondría la infraestructura digital de su empresa o de su país en manos de un modelo de gobernanza así?

Comentarios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Publicaciones relacionadas

Mantente informado

Recibe las últimas noticias de IA y tecnología en tu correo.