Amazon frena a Blue Jay: lecciones incómodas para la robótica de almacenes impulsada por IA

19 de febrero de 2026
5 min de lectura
Interior de un almacén de Amazon con robots moviendo paquetes entre estanterías

Amazon frena a Blue Jay: lecciones incómodas para la robótica de almacenes impulsada por IA

Amazon ha puesto en pausa su robot Blue Jay menos de seis meses después de presentarlo en público. No es solo un ajuste interno: es un baño de realidad para una industria convencida de que la combinación “IA + robótica” ya lo puede todo. Si el operador logístico más avanzado del planeta, con más de un millón de robots en sus centros, no logra llevar a escala su último prototipo estrella, ¿qué pueden esperar retailers, 3PL y startups que intentan seguirle el ritmo? En este artículo analizamos qué hay detrás del frenazo y qué significa para Europa y el mundo hispanohablante.


La noticia en breve

Según informa TechCrunch, citando una exclusiva inicial de Business Insider, Amazon ha detenido el proyecto Blue Jay tras apenas unos meses de pruebas. Blue Jay era un robot multibrazo diseñado para clasificar y mover paquetes en centros de entrega en el mismo día, presentado en octubre de 2025.

El sistema se estaba probando en una instalación en Carolina del Sur. Amazon destacó en su día que el desarrollo había llevado aproximadamente un año, un plazo inusualmente corto que atribuyó a los avances en inteligencia artificial.

Ahora la compañía describe Blue Jay como un prototipo, algo que no quedaba del todo claro en su nota de prensa original. La empresa asegura que reutilizará la tecnología base en otros proyectos de “manipulación robótica” y que el personal del programa ha sido reubicado en otros equipos. Amazon insiste en que no da marcha atrás en automatización: recuerda el lanzamiento reciente del robot Vulcan y el hito de más de un millón de robots operando en sus almacenes desde la compra de Kiva Systems en 2012.


Por qué importa

Blue Jay es un recordatorio incómodo: que la IA acelere el desarrollo no significa que convierta un prototipo en un sistema industrial listo para operar a gran escala.

En teoría, el robot tenía todo para ser portada: varios brazos, planificación de movimiento guiada por IA, ciclo de desarrollo exprés. En la práctica, que Amazon haya decidido pararlo tan rápido sugiere que al menos uno de los pilares fallaba: la economía frente al trabajo humano, la fiabilidad en un entorno de entregas ultrarrápidas o la seguridad/ergonomía conviviendo con personas.

Los que salen reforzados son los jugadores pragmáticos. Amazon está diciendo con hechos que ya no basta con un vídeo espectacular. Los sistemas tienen que sobrevivir a picos de demanda, a una diversidad brutal de cajas y bolsas, y a una tasa de error muy baja. Eso beneficia a empresas enfocadas en problemas muy concretos –depalletizado, sistemas goods‑to‑person, manipulación de cajas estándar– donde el retorno de inversión se puede medir con claridad.

Los que pierden son quienes venden el relato de que la robótica de manipulación “generalista” está prácticamente resuelta gracias a la última ola de IA. Si Amazon, con control total de datos, procesos y hardware, considera que su propio manipulador estrella no está maduro, los retailers y operadores logísticos serán muchísimo más exigentes con los proveedores externos.

También hay un componente de credibilidad. Que Amazon hable ahora de “prototipo” cuando el anuncio sonó a lanzamiento real hará que inversores y socios miren con lupa futuras promesas de automatización hasta ver despliegues sostenidos en el tiempo.

Y, sobre todo, esto rompe el guion simplista de “los robots van a quitar todos los trabajos de almacén en pocos años”. La realidad es mucho más lenta, cara y llena de callejones sin salida.


El contexto más amplio

La historia de Blue Jay encaja en una pauta que se repite: sistemas de IA muy ambiciosos brillan en demos y ferias, pero sufren al intentar escalar en el mundo real.

Lo hemos visto con los coches autónomos. Tras una década de promesas, muchos programas se han recortado o cancelado cuando la regulación, los casos extremos y la economía del negocio chocaron con las expectativas. La robótica de almacenes atraviesa ahora su propia fase de aterrizaje. Los “frutos bajos” –cintas, lanzaderas, robots móviles que mueven estanterías– ya están explotados. Lo que queda, la manipulación flexible de objetos variados, es uno de los problemas más duros de toda la robótica.

Desde la compra de Kiva Systems, Amazon ha ido sumando capas: primero robots móviles que acercan estanterías a personas, después sistemas de clasificación más complejos y robots como Proteus, pensados para convivir con operarios. Vulcan, presentado el año pasado, apunta a una estrategia de automatización muy localizada, “dentro del compartimento”. Visto así, Blue Jay parece un salto más ambicioso hacia la manipulación generalista que quizá ha llegado un poco pronto.

Sus rivales viven algo parecido. Ocado, AutoStore y otros han invertido mucho dinero en picking robotizado y han descubierto, a base de golpes, cómo cambian las prestaciones de los modelos de IA cuando varía el packaging, el surtido o la iluminación. Muchos han acabado en soluciones híbridas: los robots preparan la situación ideal y las personas resuelven el 20 % de casos imposibles.

La tendencia de fondo es clara: automatización modular que complementa al trabajador humano, en vez de sistemas monolíticos que pretenden sustituir todo el flujo de golpe. La retirada de Blue Jay refuerza esa realidad. No significa que la IA no vaya a entrar en la manipulación, sino que lo hará más por la puerta trasera –mejores pinzas, visión artificial más robusta– que como un “robot todoterreno” que lo hace todo.


El ángulo europeo e hispanohablante

En Europa, esta decisión llega en pleno debate sobre IA, empleo y soberanía industrial.

Amazon tiene una presencia logística enorme en Alemania, Francia, Italia, España, Polonia o Chequia. En países como Alemania y Francia, los comités de empresa y los sindicatos llevan años batallando contra automatizaciones percibidas como opacas o peligrosas para el empleo. El hecho de que incluso Amazon recule con un robot emblemático será munición para quienes defienden que, en almacenes complejos, las personas siguen siendo insustituibles.

Los reguladores lo leerán de otra manera. Con la inminente entrada en vigor del Reglamento Europeo de IA (AI Act), muchos sistemas de IA en el trabajo se considerarán de “alto riesgo” y tendrán que cumplir requisitos estrictos de transparencia, gestión de riesgos y supervisión humana. Un robot como Blue Jay, que interacciona directamente con trabajadores y puede influir en la carga de trabajo o la seguridad, encaja de lleno en esa categoría. El frenazo da a Amazon margen para ajustar sus futuras soluciones a este nuevo marco.

También se abre una oportunidad para proveedores europeos y latinoamericanos. Empresas como Swisslog, Dematic (con fuerte presencia en Europa), Ocado Technology, AutoStore, junto a una nueva ola de startups en Berlín, Barcelona, Ciudad de México o São Paulo, pueden diferenciarse con un mensaje de “seguridad + cumplimiento normativo + integración abierta”. En mercados tan sensibles a la privacidad y a la regulación como el europeo, esto pesa tanto como el puro rendimiento técnico.

Para operadores en España y América Latina, el mensaje es parecido: no hace falta lanzarse al último robot “mágico” de turno. A menudo será más rentable invertir primero en sistemas goods‑to‑person probados, en mejores WMS y en rediseñar procesos con datos, que apostar todo a una robótica de manipulación que aún está verde.


Mirando hacia adelante

Blue Jay difícilmente será el final de la robótica ambiciosa en Amazon; más bien marca el inicio de una etapa menos ingenua.

Es razonable esperar que las tecnologías desarrolladas –pinzas más hábiles, sensores de fuerza, visión artificial basada en IA– reaparezcan integradas en otros robots, sin logo propio. Vulcan y sus sucesores irán incorporando piezas de Blue Jay allí donde sumen valor en tareas muy específicas.

En comunicación, Amazon probablemente también cambiará el tono. En vez de grandes anuncios basados en prototipos, es probable que veamos más mensajes tipo “esto ya está funcionando en X centros de Y países”. Es el enfoque clásico de la automatización industrial: menos humo y más casos reales, aunque sean menos espectaculares.

De cara a los próximos 12–24 meses, merece la pena observar:

  • Cómo evoluciona la contratación en Amazon Robotics: ¿más perfiles de investigación o más ingenieros de campo?
  • Qué tipo de automatización aparece en los nuevos centros europeos y latinoamericanos.
  • Los primeros casos de aplicación del AI Act y de legislaciones nacionales de trabajo a sistemas de IA en almacenes.

Quedan cuestiones abiertas: ¿cuánta supervisión humana exigirán los reguladores para robots impulsados por IA en el puesto de trabajo? ¿Qué grado de transparencia tendrán los empleados sobre cómo estos sistemas afectan a sus objetivos de productividad y a su seguridad? ¿Y cómo influirán las condiciones macroeconómicas –tipos de interés altos, presión sobre márgenes– en la velocidad de adopción de automatización arriesgada?


En resumen

Que Amazon congele Blue Jay tan pronto no significa que renuncie a la robótica; significa que incluso el líder mundial choca con los límites actuales de la manipulación impulsada por IA. La decisión refuerza la apuesta por automatizaciones incrementales y centradas en las personas, y debilita el discurso de que los “robots generalistas de almacén” están a la vuelta de la esquina. Para Europa y el mundo hispanohablante, abre una ventana: para adaptar la regulación, para que proveedores locales se posicionen y para que los trabajadores reclamen voz en cómo entra la IA en sus almacenes. La cuestión es si sabremos aprovecharla.

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