Blackstone apuesta por la IA india: qué revela el caso Neysa sobre el nuevo mapa del cómputo

16 de febrero de 2026
5 min de lectura
Centro de datos moderno con filas de servidores y luces azules de GPU

1. Titular e introducción

La decisión de Blackstone de comprometer hasta 1.200 millones de dólares en Neysa, una startup india de infraestructura de IA, no es solo otro mega‑round. Es una señal clara de que la nueva batalla estratégica ya no es solo por datos o talento, sino por cómputo bruto: GPUs, energía y centros de datos. Mientras buena parte del mundo hispanohablante sigue dependiendo casi por completo de nubes estadounidenses, India está moviendo ficha para no alquilar su futuro digital. En este análisis veremos qué significa la jugada de Neysa, cómo encaja en la carrera global por la IA y qué lecciones deja para Europa y América Latina.

2. La noticia en breve

Según informó TechCrunch, Neysa, una startup de infraestructura de IA con sede en Mumbai y fundada en 2023, ha cerrado un importante acuerdo de financiación liderado por la firma de capital privado estadounidense Blackstone. El paquete contempla hasta 600 millones de dólares en capital primario aportado por Blackstone y co‑inversores como Teachers’ Venture Growth, TVS Capital, 360 ONE Assets y Nexus Venture Partners, lo que otorga a Blackstone una participación mayoritaria. Además, Neysa planea levantar unos 600 millones de dólares adicionales en deuda, para llegar potencialmente a 1.200 millones.

Neysa ofrece infraestructura centrada en GPU para que empresas, organismos públicos e investigadores puedan entrenar, ajustar y desplegar modelos de IA dentro de la India. Actualmente opera alrededor de 1.200 GPUs y aspira a superar las 20.000 a medida que crece la demanda. Un directivo de Blackstone declaró a TechCrunch que en la India habría hoy menos de 60.000 GPUs instaladas, cifra que podría multiplicarse hasta más de dos millones en los próximos años. La mayor parte del capital se destinará a grandes clusters de GPU, con una fracción menor dedicada a desarrollo de software y plataformas de gestión.

3. Por qué importa

Este movimiento importa porque combina tres elementos: soberanía tecnológica, cambio de modelo en la nube y reequilibrio geopolítico.

En términos de soberanía, India está enviando un mensaje nítido: los datos estratégicos y el cómputo crítico deben residir en casa, aunque el dinero venga de fuera. Frente a la tentación de apoyarse exclusivamente en AWS, Azure o Google Cloud, Nueva Delhi impulsa una alternativa doméstica alineada con sus prioridades de política industrial y seguridad. Para sectores regulados como banca, salud o administración pública, disponer de un proveedor local especializado en IA reduce tensiones regulatorias y políticas.

En el plano del modelo de negocio, Neysa se sitúa en la categoría de las llamadas «neo‑clouds»: proveedores muy enfocados en cargas de trabajo de IA, con grandes reservas de GPU, despliegues rápidos y un nivel de acompañamiento que los hiperescaladores rara vez ofrecen a la mayoría de clientes. Si logran ejecutar su plan, Neysa no solo venderá hardware, sino un paquete de servicios, soporte y cumplimiento normativo hecho a medida del mercado indio.

Geopolíticamente, el mensaje es igual de potente. La capacidad de cómputo se está convirtiendo en un activo estratégico comparable a los semiconductores o la energía. Estados Unidos y China ya compiten por controlar la cadena de valor; Europa intenta ponerse al día. La entrada de Blackstone en Neysa indica que también el «Sur Global» puede convertirse en polo relevante de infraestructura de IA, no solo en mercado de consumo o proveedor de talento.

4. El panorama más amplio

El caso Neysa encaja en una tendencia global clara: la nube 1.0, dominada por unos pocos hiperescaladores generalistas, está dando paso a un paisaje más fragmentado donde coexisten nubes globales, infraestructuras soberanas y proveedores especializados en IA.

En Estados Unidos, empresas con abundante inventario de GPUs han aprovechado la escasez para posicionarse como alternativa a los grandes. Ofrecen clusters Nvidia a gran escala, menos tiempos de espera y modelos de facturación flexibles. Plataformas de centros de datos tradicionales buscan reetiquetarse como «AI‑ready», y los grandes fondos de infraestructura tratan el cómputo como el nuevo «real estate» digital.

Blackstone lleva tiempo construyendo esta tesis con inversiones en grandes plataformas de data centers y en proveedores de infraestructura de IA en distintos continentes. Neysa extiende esa lógica a un mercado donde la relación entre PIB y GPUs instaladas es particularmente baja. El potencial de crecimiento es inmenso, pero también el riesgo de sobreinversión si la demanda de IA empresarial no despega al ritmo previsto.

Históricamente ya vivimos ciclos parecidos: el despliegue masivo de cables submarinos, la explosión de centros de datos neutrales, luego la primera ola cloud. En todos esos casos, las predicciones de «exceso de capacidad» se diluyeron con el tiempo. La diferencia ahora es la dependencia extrema de pocos fabricantes de chips y de una arquitectura (GPU) que, aunque dominante hoy, podría verse desafiada por otros aceleradores en el futuro.

Para los hiperescaladores, la aparición de actores como Neysa supone un recordatorio incómodo: no tienen garantizado el monopolio de las cargas de trabajo de IA más valiosas. A la vez, pueden aprovechar la situación asociándose con estos neo‑proveedores o incluso adquiriéndolos para reforzar su oferta en regiones concretas. Para los clientes, más competencia suele traducirse en mejores precios y contratos menos rígidos.

5. La perspectiva europea e iberoamericana

Desde Europa, el caso Neysa debería verse como un espejo. La UE lleva años hablando de autonomía estratégica, pero sigue apoyando gran parte de sus necesidades de cómputo en nubes foráneas. Hay esfuerzos relevantes –desde proyectos como Gaia‑X hasta nubes soberanas nacionales y programas de supercomputación–, pero pocas apuestas tan concentradas y agresivas como la de Neysa.

Para España y otros países de la UE, el reto es parecido: ¿cómo combinar un marco regulatorio exigente (GDPR, futura Ley de IA europea, DSA, DMA) con la necesidad de escalar rápidamente la infraestructura? Frente al modelo indio –capital extranjero con infraestructura físicamente localizada y alineada con prioridades nacionales–, Europa tiende a preocuparse más por la propiedad de los activos que por la velocidad de despliegue.

En América Latina, la lección quizá sea aún más clara. Regiones como México, Brasil, Chile, Colombia o Argentina están empezando a definir estrategias de IA, pero la mayoría del cómputo sigue en manos de hiperescaladores. Existen centros de datos locales y proyectos de nube regional, pero casi ningún equivalente a Neysa con una narrativa fuerte de «infraestructura de IA para el país». El riesgo es repetir el patrón de la nube 1.0: quedarse como usuarios finales sin desarrollar músculo propio.

Para el mundo hispanohablante en su conjunto, Neysa plantea una pregunta incómoda: ¿estamos dispuestos a que nuestra base de cómputo para IA esté íntegramente externalizada o queremos al menos algunos anclajes locales, aunque sea mediante alianzas con capital internacional?

6. Mirando hacia adelante

A corto y medio plazo, es razonable esperar más operaciones similares: fondos globales buscando «Neysas» en distintas geografías, gobiernos encantados de atraer capital para proyectos que suenan a soberanía digital y proveedores locales compitiendo por convertirse en la plataforma de referencia.

El gran filtro será la ejecución. Construir un centro de datos lleno de GPUs es, en cierto sentido, la parte fácil. Lo difícil es asegurar suministro continuo de hardware en un mercado tenso, firmar contratos a largo plazo con clientes ancla, y sobre todo desarrollar una capa de software y servicios que diferencie la oferta frente a un simple hosting de GPU.

Para Europa y América Latina, habrá que observar tres cosas. Primero, qué actores locales logran cerrar acuerdos significativos de financiación para infraestructuras de IA. Segundo, cómo se articula la compatibilidad entre nubes especializadas y las exigencias normativas (en especial protección de datos y regulación de IA). Y tercero, si los gobiernos se limitan a regular o también cofinancian y participan estratégicamente en este tipo de plataformas.

Un riesgo evidente es la concentración: que unas pocas entidades, respaldadas por megafondos, controlen grandes porciones de la capacidad de cómputo en cada región. Una oportunidad igual de clara es la de diversificar: que empresas, startups y administraciones dispongan de alternativas reales a los hiperescaladores, con más margen de negociación y mayor alineación local.

7. Conclusión

La apuesta de Blackstone por Neysa confirma que la infraestructura de IA es el nuevo campo de batalla estratégico: quien controla el cómputo, marca los límites de lo posible. India ha decidido que no quiere depender en exclusiva de la nube extranjera y está dispuesta a usar capital global para construir músculo propio. El mundo hispanohablante debe decidir si seguirá siendo solo cliente de esta nueva ola o si aspira a tener, al menos en parte, sus propios cimientos de cómputo.

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