Cuando los creadores buscan marcas y la India busca centros de datos: quién gana en la nueva economía de la atención

21 de febrero de 2026
5 min de lectura
Ilustración de un estudio de creador que se fusiona con un gran centro de datos de IA

1. Titular e introducción

El sueño de vivir solo de los anuncios en YouTube se está desmoronando justo cuando los países compiten por construir la mayor infraestructura de IA. Esa es la línea invisible que une dos historias que TechCrunch puso en la misma mesa: los creadores huyen del modelo puramente publicitario y la India quiere ser potencia mundial en inteligencia artificial. En este artículo analizamos por qué el modelo de negocio de los creadores se agota, por qué el “método MrBeast” solo es realista para una élite y cómo las ambiciones de IA de la India pueden cambiar dónde se crea y dónde se queda el valor digital, tanto para Europa como para el mundo hispanohablante.


2. La noticia en breve

Según el podcast Equity de TechCrunch, la economía de los creadores está cambiando más rápido que el mercado publicitario que la sostuvo durante la última década. Los presentadores Kirsten Korosec, Anthony Ha y Rebecca Bellan señalan que los ingresos por anuncios en plataformas como YouTube y TikTok ya no bastan para la mayoría.

Tal y como recoge TechCrunch, muchos creadores líderes reaccionan lanzando líneas de productos físicos, comprando startups y construyendo verdaderos imperios empresariales en torno a su audiencia. El episodio destaca el caso de MrBeast: su empresa adquirió la fintech Step y su marca de chocolate ya factura más que su brazo mediático.

En la misma entrega, Equity analiza también las ambiciones de la India en IA, mencionando la India AI Impact Summit 2026 y noticias relacionadas, como el acuerdo de OpenAI con Tata para disponer de capacidad de centros de datos en el país. Para TechCrunch, ambos temas forman parte de un cambio más amplio en cómo se genera y se captura valor en tecnología.


3. Por qué importa

Aquí se están moviendo dos placas tectónicas a la vez.

En el lado de los creadores, los ganadores son claros: el 1 % superior que tiene la escala suficiente para transformar audiencia en marcas de consumo, aplicaciones, servicios financieros o incluso adquisiciones. Ellos dejan de depender del algoritmo y pasan a controlar activos de mayor margen: producto propio, propiedad intelectual y distribución. Startups como Step también ganan: conectarse al universo de un megacreador les da usuarios y relevancia cultural al instante.

Los perdedores son más silenciosos. Creadores medianos, cuya renta depende sobre todo de AdSense o del revenue-share de plataformas, sufren la volatilidad extrema de CPM a la baja y cambios de algoritmo. Asumen un riesgo similar al de una startup, pero con un upside mucho más limitado. Las plataformas, mientras tanto, se benefician del desequilibrio: cuanto más desesperados están los creadores, más contenido producen por prácticamente el mismo pastel publicitario.

En el lado de la IA, la India quiere dejar de ser solo “el país de los programadores” para convertirse en un nodo soberano de cómputo y datos. Acuerdos como el de OpenAI con Tata para 100 MW de capacidad de centros de datos –mencionado en TechCrunch– sugieren que la materia prima crítica de la IA hoy no son las apps, sino la electricidad, la refrigeración y la proximidad al talento.

En conjunto, estas historias apuntan a un reordenamiento profundo: la atención y el cómputo, más que la publicidad y las apps, se convierten en los principales vectores de poder.


4. El cuadro general

No es la primera vez que vemos esta película, aunque el reparto haya cambiado. En la primera era de YouTube, las “multi-channel networks” prometían profesionalizar a los creadores y en su mayoría fracasaron porque controlaban las ventas de anuncios pero no la IP ni la distribución real. La oleada actual es diferente: ahora son los propios creadores quienes se convierten en holdings.

Más allá de MrBeast, el patrón es claro: marcas que nacen como medios, usan la audiencia como producto mínimo viable y luego se expanden a FMCG, fintech, software o eventos. Es la lógica de Kylie Cosmetics adaptada a una generación para la que el feed de TikTok pesa más que cualquier cadena de TV.

La IA acelera esa transformación. Las herramientas generativas reducen el coste de producción, permitiendo que un solo creador con un equipo pequeño produzca al ritmo de un medio tradicional. Pero esa misma eficiencia inunda las plataformas de contenido, presiona los CPM y hace inviable depender solo de la publicidad. La respuesta racional es acercarse a la transacción y poseer el producto.

Las ambiciones de IA de la India encajan en una tendencia distinta pero paralela: la geopolítica del cómputo. Estados Unidos y China mandan en chips; la Unión Europea apuesta por la regulación y la “IA confiable”; la India intenta ser el gran mercado con talento técnico y, cada vez más, el lugar donde físicamente se ejecutan los modelos. La India AI Impact Summit 2026, citada por TechCrunch, es un mensaje claro: la India quiere estar presente cuando se definan las reglas sobre modelos fundacionales, flujos de datos y comercio de IA.

En ambos mundos, quienes poseen la infraestructura –la distribución en el caso de los creadores, los centros de datos en el caso de la IA– son quienes imponen las condiciones.


5. El ángulo europeo e iberoamericano

Para los creadores europeos, la crisis del modelo publicitario se suma a la complejidad regulatoria. El RGPD, la directiva de ePrivacy y el Digital Services Act hacen que la publicidad hipersegmentada sea más difícil y arriesgada legalmente. Las plataformas reaccionan restringiendo aún más el acceso a datos y la medición, lo que complica tanto las campañas de marcas como los ingresos de los creadores.

Resultado: muchos creadores en España, Alemania o Francia están llegando a la misma conclusión que describe TechCrunch: no basta con tener un canal, hay que tener un negocio. Lo vemos en el auge de newsletters de pago, comunidades privadas, formación online y productos propios, desde podcasters que lanzan libros y cursos hasta streamers que venden su propia línea de hardware o ropa.

En América Latina, donde el poder adquisitivo medio es menor y el mercado publicitario está menos desarrollado, esta transición es aún más dura. Pero también abre una ventana: productos y servicios digitales pensados desde el inicio para audiencias hispanohablantes globales –no solo locales– pueden aprovechar la diáspora y la conexión cultural con España y Europa.

En cuanto a la IA, la UE está centrada en el cumplimiento normativo (AI Act, DSA), mientras la India prioriza atraer inversión y centros de datos, como muestra el proyecto con Tata y OpenAI mencionado en TechCrunch. Para startups hispanas y latinoamericanas esto significa que el desarrollo puede anclarse en ecosistemas regulados (UE, por ejemplo) mientras el escalado de cómputo se desplaza a hubs más baratos y flexibles como la India a través de la nube.

La pregunta estratégica es si Europa y América Latina quieren limitarse a exportar talento y consumir servicios, o también jugar en la liga de la infraestructura.


6. Mirando hacia adelante

Es poco probable que el modelo MrBeast se vuelva masivo, pero su lógica se difundirá por todo el ecosistema. En los próximos tres a cinco años, es razonable esperar que:

  • Las herramientas para creadores pasen del “crece tu audiencia” al “opera tu empresa”. El SaaS interesante no será otro panel de analítica, sino el backoffice que gestione inventario, impuestos, soporte y logística para marcas de creadores.
  • Los creadores medianos se agrupen. Veremos más marcas colectivas –varios creadores bajo un mismo paraguas de producto– en lugar de veinte bebidas energéticas diferentes.
  • La élite pida equity en vez de posts patrocinados puntuales. En vez de cobrar por mención, los grandes pedirán acciones, revenue share o incluso control de las startups que ayudan a escalar.

En el eje India–IA, conviene estar atentos a tres indicadores:

  1. Precio y latencia del cómputo. Si ejecutar modelos en centros de datos indios vía nubes globales resulta mucho más barato, gran parte del cómputo de IA –incluido el de startups europeas y latinoamericanas– puede migrar silenciosamente allí.
  2. Flujos de talento. Que los expertos indios en IA se queden, regresen del exterior o emigren a Estados Unidos/Europa marcará si la India es un simple “gran servidor” o un verdadero polo de innovación.
  3. Brecha regulatoria. Si la India mantiene un marco de IA más laxo que la UE, podría convertirse en terreno de pruebas para modelos y usos más agresivos, mientras Europa se reserva para lo “apto para producción”.

La incógnita central es si tanto la economía de los creadores como el ecosistema de IA de la India conseguirán ampliar la base de beneficiarios, o si la mayor parte del valor seguirá concentrándose en una minoría muy pequeña.


7. Conclusión

El mito de que basta con subir vídeos y cobrar anuncios, igual que la fantasía de que el valor de la IA estará solo en unas cuantas apps, se está desvaneciendo. La realidad es más dura: o posees infraestructura y productos, o dependes de quien los posee. La discusión que abre TechCrunch sobre los imperios de creadores y las ambiciones de IA de la India no es solo una curiosidad de la semana; es una alerta para creadores, fundadores y reguladores. La pregunta que queda en el aire es sencilla y incómoda: en tu rincón de la economía digital, ¿estás construyendo las vías… o simplemente viajando en el tren?

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