Titular e introducción
Cuando un país anuncia 8 exaflops de cómputo en IA, no está hablando solo de servidores: está hablando de poder. El acuerdo entre G42, grupo tecnológico de Abu Dabi, y la estadounidense Cerebras para desplegar un superordenador de IA en India es exactamente eso: un movimiento geopolítico disfrazado de proyecto de infraestructura. India acelera su ambición de “IA soberana”, el Golfo se consolida como intermediario tecnológico y un rival de Nvidia consigue un caso de uso de escaparate. En este análisis veremos quién gana, quién pierde y qué significa para Europa y para el mundo hispanohablante.
La noticia en breve
Según informa TechCrunch desde la India AI Impact Summit 2026 en Nueva Delhi, la empresa tecnológica G42, con sede en Abu Dabi, ha firmado una alianza con la fabricante de chips estadounidense Cerebras para desplegar en India un nuevo sistema de supercomputación de IA con hasta 8 exaflops de capacidad.
El sistema se alojará físicamente en India y cumplirá con las normas locales de residencia de datos, seguridad y cumplimiento. Está pensado para dar servicio a instituciones educativas, organismos públicos y pequeñas y medianas empresas.
En el proyecto participan también la Mohamed bin Zayed University of Artificial Intelligence (MBZUAI) de Abu Dabi y el Centre for Development of Advanced Computing (C‑DAC) de India. TechCrunch recuerda que MBZUAI y G42 lanzaron previamente Nanda 87B, un modelo de lenguaje para hindi e inglés construido sobre Meta Llama 3.1 70B.
El anuncio se produce en un contexto de grandes compromisos de infraestructura: los conglomerados indios Adani y Reliance han prometido más de 200.000 millones de dólares para capacidad de centros de datos, OpenAI colabora con el Grupo Tata para asegurar cómputo a gran escala, y gigantes estadounidenses como Amazon, Google y Microsoft han comprometido alrededor de 70.000 millones de dólares para expandir infraestructura de nube e IA en el país, según TechCrunch.
Por qué importa
Este proyecto es un ejemplo claro de cómo el cómputo se ha convertido en política industrial y exterior.
Para India, los 8 exaflops son una palanca de soberanía. Entrenar modelos punteros –especialmente multilingües, adaptados a la enorme diversidad lingüística india– exige una potencia que no se consigue con unas cuantas GPU en la nube. Si esa capacidad está controlada por proveedores extranjeros, el país queda expuesto a restricciones de exportación, cambios regulatorios e incluso tensiones diplomáticas. Un sistema potente en suelo indio, bajo leyes indias, reduce esa vulnerabilidad.
Para G42, India es la expansión natural de una estrategia que ya hemos visto en Emiratos: ofrecer “infraestructura de IA soberana” llave en mano a países que no quieren depender exclusivamente de los hiperescaladores estadounidenses. G42 aporta capital, experiencia en construir grandes clústeres y ahora también una referencia de escala en una de las grandes economías del mundo.
Para Cerebras, el acuerdo es un golpe de efecto frente a Nvidia. Sus chips de escala de oblea han generado mucho interés técnico pero pocas implantaciones a nivel nacional. Si este sistema funciona bien, la empresa podrá decir a otros gobiernos: “no todo tiene que ser Nvidia, hay alternativas viables para proyectos de país”.
Los que salen perdiendo son, sobre todo, los proveedores locales más pequeños y las nubes regionales que no pueden acceder a hardware similar. Y a nivel global, cada movimiento de este tipo refuerza la lógica de bloques: un ecosistema alineado con EE. UU., otro con China y ahora un eje Golfo–India cada vez más visible.
La foto de fondo
Este anuncio encaja en varias tendencias que llevan tiempo gestándose.
1. La carrera por el cómputo como infraestructura crítica. Estados Unidos limita la exportación de GPUs avanzadas a China. La UE habla de autonomía estratégica y financia proyectos de supercomputación. Los países del Golfo usan el dinero del petróleo para construir fondos y centros de datos de IA. India, por su parte, decide atraer toda la capacidad posible con incentivos fiscales, capital local (Adani, Reliance, Tata) y un mensaje claro: quiere ser productor de modelos, no solo consumidor.
2. Apertura a nuevos actores de hardware. Nvidia domina gracias a su combinación de chips y ecosistema software. Pero la escasez y los precios abren espacio a alternativas como Cerebras. Los proyectos nacionales son clave porque legitiman arquitecturas distintas: si un país del tamaño de India apuesta por ellas, otros gobiernos las verán con otros ojos.
3. Nacionalismo de IA 2.0. El primer ciclo fue el de las estrategias: documentos, marcos éticos, “hojas de ruta”. El segundo es físico: megavatios, hectáreas de centros de datos y exaflops. Emiratos lanzó el modelo Falcon y desarrolló G42; Arabia Saudí invierte miles de millones; y ahora, con India, aparece un entramado donde capital del Golfo, IP de Silicon Valley y datos asiáticos conforman un nuevo polo de poder.
Para la industria global de IA, esto apunta a un futuro menos binario (EE. UU. vs. China) y más multipolar, con alianzas regionales definidas por quién controla qué infraestructuras.
El ángulo europeo e hispano
Desde Europa, lo más llamativo de esta historia es quién no aparece: la propia UE.
Mientras Bruselas saca adelante el Reglamento de IA, refuerza el GDPR y aplica el DSA y el DMA, otros actores firman acuerdos que ponen exaflops reales a disposición de investigadores y empresas. Europa corre el riesgo de especializarse en normas mientras otros se especializan en hardware y plataformas.
Para las empresas españolas y latinoamericanas, el movimiento indio es relevante por varias razones:
- India se perfila como socio ideal para construir modelos multilingües para mercados emergentes, algo especialmente interesante para compañías de servicios financieros, educación online o salud digital con presencia en América Latina.
- Sin embargo, el cumplimiento de GDPR (para empresas que manejan datos de ciudadanos europeos) limita mucho el envío de datos personales a centros fuera del Espacio Económico Europeo, por muy atractivos que sean en coste o capacidad.
En el mundo hispanohablante, donde muchos proyectos de IA se entrenan hoy en nubes estadounidenses, India podría convertirse en tercer polo de cómputo: competitivo en precio, con gran talento técnico y, si se gestiona bien, con una oferta interesante de modelos abiertos y servicios.
Europa, por su parte, necesita decidir si quiere construir sus propios clústeres de referencia –apoyándose en iniciativas como EuroHPC y centros en Barcelona, Jülich o Bologna– o si acepta que parte de su ecosistema acabe entrenando en infraestructuras ubicadas en India o el Golfo para todo lo que no esté atado a datos personales.
Lo que viene
El impacto real de estos 8 exaflops se jugará en varias dimensiones muy concretas.
1. Modelo de acceso. ¿Quién tendrá prioridad? Si la capacidad se reserva de facto para ministerios y grandes grupos, la promesa de apoyar a universidades y pymes quedará en papel mojado. En cambio, si se crean programas claros para startups, investigadores y empresas regionales, el sistema puede convertirse en auténtico motor de ecosistema.
2. Qué se construye encima. El precedente de Nanda 87B sugiere que G42 y MBZUAI son pragmáticos y cómodos trabajando sobre modelos de base abiertos. Con esta infraestructura, India podría:
- impulsar modelos para decenas de lenguas indias, más allá de hindi e inglés,
- crear modelos específicos para agricultura, derecho, salud pública o educación,
- y desarrollar herramientas de evaluación y seguridad alineadas con su contexto cultural y normativo.
Si, por el contrario, la mayor parte del tiempo de cómputo se destina a pequeños ajustes de modelos anglófonos genéricos, el potencial soberano se quedará corto.
3. Oportunidades de colaboración. Universidades y startups de España y América Latina podrían beneficiarse vía convenios de investigación conjunta, proyectos en datos sintéticos o no personales y programas de intercambio de talento. Lo interesante será ver si India y G42 abren el sistema a este tipo de cooperación internacional o si lo mantienen como activo principalmente doméstico.
En los próximos dos o tres años conviene observar: nuevos acuerdos similares de G42 en África, Sudeste Asiático o incluso Europa del Este; la respuesta de Nvidia y de los grandes hyperscalers –quizá con ofertas “nacionales” empaquetadas–; y si la UE logra traducir sus ambiciones de soberanía digital en centros de cómputo que puedan competir, al menos, en nichos estratégicos.
En resumen
El superordenador de 8 exaflops que G42 y Cerebras desplegarán en India simboliza un giro claro: la potencia de cálculo es ya una herramienta de poder geopolítico, no solo un servicio en la nube. India gana autonomía y peso negociador; el Golfo consolida su rol como broker tecnológico; Cerebras se refuerza frente a Nvidia. Europa y el mundo hispano deben decidir si quieren ser meros clientes de estas nuevas potencias de cómputo o socios con voz propia. ¿Dónde queremos que se entrene la próxima generación de modelos que utilizaremos cada día?



