Gemini se convierte en productor musical: la apuesta de Google que sacude a artistas y plataformas

19 de febrero de 2026
5 min de lectura
Primer plano de un smartphone con la app Gemini de Google generando una pista musical con IA.

1. Titular e introducción

El móvil ya no solo reproduce música: ahora también la compone. Al integrar generación musical en la app de Gemini, Google lleva la música con IA del terreno experimental al mainstream, justo al lado de Gmail, Maps y YouTube. Para el mundo hispanohablante —de Madrid a Ciudad de México y Buenos Aires— esto significa nuevas herramientas creativas, pero también un choque frontal con los modelos de negocio de músicos, sellos y plataformas. En este análisis veremos qué ha lanzado realmente Google, quién gana, quién pierde y qué papel puede jugar Europa frente a Silicon Valley.


2. La noticia en breve

Según cuenta TechCrunch, Google ha añadido funciones experimentales de generación de música a la app de Gemini, basadas en el nuevo modelo Lyria 3 de DeepMind. El usuario escribe el tipo de canción que quiere —género, estado de ánimo, pequeña historia— y el sistema genera un tema de unos 30 segundos con letra y voz. Además, se crea una portada mediante la herramienta Nano Banana. También es posible subir una foto o un vídeo para que la IA componga una pieza que encaje con el ambiente del archivo.

Google afirma que Lyria 3 produce música más realista y compleja que las versiones anteriores y permite ajustar estilo, tipo de voz y tempo. El mismo modelo se pone a disposición de creadores de YouTube a través de la función Dream Track, que hasta ahora solo estaba disponible en Estados Unidos y que ahora se amplía a nivel global.

La compañía insiste en que la función está pensada para expresión original y no para copiar a artistas concretos; asegura utilizar filtros para evitar similitudes excesivas. Todas las canciones generadas incluyen una marca de agua SynthID que las identifica como contenido de IA, y Gemini puede analizar audios subidos para indicar si proceden del modelo. La función se lanza en beta para mayores de 18 años, inicialmente en varios idiomas, entre ellos inglés, alemán, español, francés, hindi, japonés, coreano y portugués.


3. Por qué importa

Google está convirtiendo a Gemini en una fábrica integral de contenido: texto, imagen, vídeo corto y ahora música, todo desde un mismo prompt. Esto es especialmente relevante porque su gran plataforma cultural sigue siendo YouTube, donde se cruzan música, gaming, podcasts y vídeo corto.

Beneficiados a corto plazo:

  • Creadores de YouTube y TikTok, que obtienen una fuente inagotable de música de fondo, intros y jingles hecha a medida, sin pagar bibliotecas de stock ni negociar licencias.
  • Usuarios casuales, que podrán tratar las canciones como si fueran memes: escribes una idea absurda, compartes el resultado en redes.
  • Google, que refuerza al mismo tiempo Gemini y YouTube, y recopila datos valiosos sobre gustos musicales reales, no solo sobre lo que se escucha, sino sobre lo que la gente quiere crear.

Quienes quedan en posición delicada:

  • Músicos de producción y compositores de “batalla”, los que ponen banda sonora a anuncios locales, vídeos corporativos o canales pequeños. Es justo el tipo de trabajo que una IA puede automatizar primero.
  • Bibliotecas de música de stock, cuyo valor diferencial —mucha música barata y libre de problemas legales— se erosiona si Gemini ofrece algo parecido, personalizado y dentro del propio flujo de trabajo.
  • Sellos e editoriales, que ya discuten con plataformas como YouTube y Spotify sobre cómo monetizar la música con IA y, al mismo tiempo, demandan a empresas de IA por el uso de su catálogo para entrenamiento.

El cambio clave es de escala: cuando la música con IA deja de ser un sitio web especializado y pasa a vivir dentro del asistente que tienes en el móvil, el volumen de temas sintéticos explota. Y con él, la urgencia de aclarar reglas de entrenamiento, atribución y reparto de ingresos.


4. El contexto más amplio

Esta jugada de Google encaja en varias tendencias tecnológicas y culturales.

Primero, la creatividad basada en prompts. Ya nos hemos acostumbrado a pedirle a un modelo que escriba textos o genere imágenes. La música era el último bastión. Al meter Lyria 3 dentro de Gemini y YouTube, Google nos dice: componer banda sonora debería ser tan sencillo como mandar un mensaje de voz.

Segundo, la guerra de plataformas por el ecosistema de creadores. Meta integra IA en Instagram y Reels; startups especializadas como Suno o Udio han demostrado que hay público para la música generada; y OpenAI busca alianzas con herramientas creativas. Google tiene un arma distinta: la distribución. YouTube es el mayor buscador musical del planeta y un canal clave para el reggaetón, el pop latino o el trap español. Si la creación, edición y publicación de canciones se hace sin salir de Google, las alternativas europeas y latinoamericanas quedan en posición muy secundaria.

Tercero, la obsesión regulatoria por la procedencia del contenido. Con SynthID, Google intenta adelantarse a leyes que exigen marcar el contenido generado por IA. El detalle interesante es que Gemini no solo incrusta la marca de agua, sino que también puede detectarla cuando se sube un audio. Eso abre la puerta a sistemas automáticos de detección de fraude, paneles de transparencia y, potencialmente, a cumplir con requisitos del futuro Reglamento de IA de la UE.

No es la primera vez que la tecnología sacude la música: los samples, el MP3, el home studio y el streaming ya cambiaron la industria y el sonido. La diferencia ahora es que la batalla legal sobre derechos de entrenamiento empieza antes de que el público general se acostumbre del todo a la nueva herramienta. Lyria 3 y Gemini se convierten así en laboratorio en tiempo real de hasta dónde tolerarán gobiernos y artistas la automatización creativa.


5. La visión europea y del mundo hispanohablante

Desde Europa, la combinación Gemini + Lyria se cruza directamente con la Ley de Servicios Digitales (DSA), la Ley de Mercados Digitales (DMA) y el futuro Reglamento de IA. Google no es solo un proveedor de modelos, sino también una “plataforma muy grande” a ojos de Bruselas, lo que implica obligaciones extra de transparencia, auditoría de riesgos y trazabilidad de contenido.

En materia de derechos, la UE ya vivió una guerra dura con la Directiva de Copyright y el famoso artículo 17. Sociedades de gestión como SGAE en España, SACM en México o SADAIC en Argentina —junto con sus homólogas europeas GEMA, SACEM, PRS— difícilmente aceptarán que sus catálogos sirvan de entrenamiento a modelos globales sin contraprestación clara.

Para creadores en España y Latinoamérica, hay también una dimensión cultural: la música en español ha ganado peso global gracias a las plataformas. Si ahora esas mismas plataformas ofrecen clones estilísticos generados por IA “al estilo de…”, la identidad sonora de escenas locales —desde el flamenco urbano hasta el corrido tumbado— puede diluirse en plantillas genéricas.

Europa dispone de actores tecnológicos propios, como Deezer, que ya ha lanzado herramientas para marcar y filtrar música de IA con el fin de combatir streams fraudulentos. Pero ninguno tiene el alcance de YouTube. La cuestión es si la regulación europea será capaz de imponer condiciones a Google que luego beneficien también a los artistas latinoamericanos cuyos catálogos pasan por sellos y distribuidoras europeas.


6. Mirando hacia adelante

¿Qué podemos esperar en los próximos 12–24 meses?

  1. Adopción masiva entre creadores de vídeo corto. YouTubers, streamers y tiktokers hispanohablantes usarán Gemini para reducir costes y tiempos. Muchos priorizarán rapidez sobre calidad absoluta, sobre todo en shorts, reels y anuncios rápidos.

  2. Negociaciones intensas sobre datos de entrenamiento. Sellos y editoriales en Europa y América Latina exigirán saber qué catálogos se han usado para entrenar Lyria 3 y qué mecanismos existen para excluir obras o negociar licencias específicas. Algunas disputas terminarán en acuerdos confidenciales; otras, en tribunales europeos o estadounidenses.

  3. Debate regulatorio sobre etiquetado y recomendaciones. Si YouTube se llena de música sintética barata, los reguladores europeos preguntarán si los usuarios la reconocen como tal y si los algoritmos están priorizando estos temas frente a la música humana. Con la DSA y el Reglamento de IA, Bruselas tiene herramientas para exigir explicaciones.

En paralelo, es razonable esperar una integración cada vez mayor entre Gemini, Android y YouTube: imaginar que se pueda tararear una melodía al móvil, dejar que Gemini la arregle y subirla a YouTube en dos toques no es ciencia ficción. El riesgo es claro: cuando producir música cuesta casi cero, el valor percibido de cada canción —y el de quienes viven de componerla— puede caer en picado.


7. Conclusión

La nueva función musical de Gemini convierte a Google en uno de los actores más influyentes de la era de la música con IA. Es una gran noticia para creadores que necesitan audio rápido y barato, y una amenaza seria para compositores, bibliotecas y reguladores que intentan mantener a flote un ecosistema musical diverso y sostenible. Si tu teléfono puede escribir una canción en segundos, la pregunta clave para el mundo hispanohablante no es si la IA va a cambiar la música, sino quién escribirá las reglas del juego.

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