India quiere ser la zona franca del cómputo de IA: ¿y Europa qué hace?

1 de febrero de 2026
5 min de lectura
Ilustración de centros de datos de IA en India compitiendo con infraestructura en Europa y Latinoamérica

Titular e introducción

La carrera por la inteligencia artificial ya no va solo de modelos gigantes y rondas de financiación, sino de algo mucho más físico: tierra barata, megavatios y GPU. En ese tablero, India acaba de lanzar una jugada agresiva: promete hasta 2047 cero impuestos sobre los ingresos de servicios cloud y de IA que se exporten desde centros de datos ubicados en su territorio.

No es un incentivo más, es una invitación a convertir el país en la "zona franca" del cómputo de IA. Mientras Europa se centra en regular y muchos países latinoamericanos aún intentan subirse al tren, Nueva Delhi pone sobre la mesa una oferta difícil de ignorar. Veamos qué implica, quién gana y qué riesgos abre para el resto del mundo.

La noticia en breve

Según informa TechCrunch, el nuevo presupuesto federal de India introduce una exención fiscal hasta 2047 para proveedores cloud extranjeros. Los ingresos por servicios vendidos a clientes fuera de India, siempre que se ejecuten desde centros de datos en el país, quedarían exentos de impuestos indios.

La venta a clientes indios seguirá gravada y deberá canalizarse a través de empresas revendedoras locales. Además, se fija un margen "coste más 15 %" como puerto seguro para operadores de centros de datos indios que presten servicios a entidades vinculadas en el extranjero, aportando seguridad en materia de precios de transferencia.

Esta oferta llega en un contexto de fuertes compromisos de inversión: Google ha anunciado 15.000 millones de dólares para un hub de IA y más infraestructura, Microsoft planea 17.500 millones hasta 2029 y Amazon eleva su apuesta total en India hasta unos 75.000 millones. Actores locales como Digital Connexion y el grupo Adani preparan campus de varios gigavatios orientados a IA.

El mismo presupuesto refuerza incentivos para semiconductores, componentes electrónicos, minerales críticos y comercio electrónico transfronterizo, con la ambición de convertir a India en un nodo clave de la cadena tecnológica global.

Por qué importa

India no está subvencionando una app ni una startup concreta, sino la capa física de la inteligencia artificial. En un mundo en el que el cuello de botella son las GPU y la energía, controlar el lugar donde se concentran los grandes clusters de cómputo equivale a ganar mucha influencia económica y geopolítica.

Los ganadores obvios:

  • Los grandes clouds estadounidenses (AWS, Google Cloud, Azure) reciben una especie de "free trade zone" para workloads de IA: pueden facturar desde India a todo el mundo con una carga fiscal mínima.
  • Los conglomerados indios de infraestructuras (telecos, energía, inmobiliario) obtienen visibilidad a muy largo plazo para justificar inversiones en terrenos, líneas de alta tensión y generación eléctrica dedicada.

Los perdedores potenciales:

  • Proveedores locales pequeños y medianos que podrían quedarse relegados a ser meros revendedores o integradores, sin acceso al grueso de los márgenes de infraestructura.
  • Otros países que compiten por centros de datos, desde europeos hasta latinoamericanos, porque resulta políticamente complicado igualar una promesa de "cero impuestos hasta 2047".

Hay, además, efectos colaterales. Los centros de datos de IA consumen enormes cantidades de electricidad y agua. India ya padece problemas de estabilidad de red y estrés hídrico; si el despliegue va más rápido que las inversiones en renovables y gestión ambiental, el modelo puede volverse insostenible.

Aun así, desde la lógica de la política industrial la jugada es clara: India renuncia a parte de su recaudación futura a cambio de atraer talento, capital, datos y relevancia estratégica en la era de la IA.

El contexto más amplio

La decisión india encaja en una tendencia más amplia: la nacionalización del cómputo de IA.

Estados Unidos impulsa la producción de chips y superordenadores con el CHIPS and Science Act. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos están construyendo granjas de GPU financiadas con petróleo para atraer a los principales laboratorios de modelos. Corea del Sur, Japón y Singapur desarrollan sus propios planes nacionales de infraestructura.

Europa, mientras tanto, ha liderado el capítulo regulatorio (RGPD, DSA, DMA, futuro Reglamento de IA) y ha avanzado con el EU Chips Act y proyectos IPCEI, pero sufre cuellos de botella en energía, permisos y oposición local a nuevos centros de datos. En España y Latinoamérica, el debate apenas empieza: hay hubs emergentes en Madrid, Querétaro, Santiago o São Paulo, pero ninguno con una oferta tan agresiva como la india.

Históricamente, las vacaciones fiscales centradas en la exportación ayudaron a países como Irlanda o varias economías del sudeste asiático a convertirse en plataformas manufactureras y de servicios. La novedad ahora es que la "fábrica" es un cluster de chips de alto consumo energético.

Además, esta estrategia choca de frente con el esfuerzo de la OCDE por establecer un impuesto mínimo global del 15 %. La letra pequeña de cómo se asignan beneficios en cadenas digitales complejas sigue abierta; India está aprovechando esa ambigüedad para competir con el arma fiscal.

El horizonte temporal elegido –hasta 2047, centenario de la independencia– envía una señal de estabilidad que muchos gobiernos occidentales no pueden igualar, acostumbrados a cambiar de rumbo con cada ciclo electoral.

El ángulo europeo e hispanohablante

Para Europa, la pregunta incómoda es: ¿quiere ser un centro de cómputo de primer nivel o se conforma con ser un mercado regulado que consume IA producida en otros sitios?

El Viejo Continente ya arrastra varios handicaps:

  • Precios de la energía relativamente altos y trámites lentos para nuevas infraestructuras.
  • Legislación de protección de datos muy estricta, que complica transferencias internacionales.
  • Un ecosistema cloud fragmentado en el que actores como OVHcloud, Deutsche Telekom o Telefónica Tech compiten con gigantes mucho más capitalizados.

La oferta india no significa automáticamente que los datos personales de ciudadanos europeos o latinoamericanos vayan a mudarse a Bangalore: RGPD, equivalencias de protección y acuerdos como el Data Privacy Framework siguen marcando límites claros.

Pero mucho del entrenamiento de modelos no usa datos personales o puede hacerse con datasets sintéticos. Ese tipo de trabajos son extremadamente sensibles al precio de cómputo. Es fácil imaginar startups españolas, mexicanas, argentinas o chilenas entrenando sus modelos más pesados en clusters indios, mientras ejecutan la inferencia sensible cerca del usuario.

Para el mundo hispanohablante, esto abre tanto oportunidades como riesgos:

  • Oportunidad de acceder a cómputo de alto nivel a un coste menor, algo crítico para ecosistemas emergentes como el latinoamericano.
  • Riesgo de que países como España, México, Colombia o Chile queden relegados al consumo de IA, sin desarrollar su propia capacidad de infraestructura.

Europa tendrá que decidir si responde con incentivos propios, si se diferencia apostando por centros de datos verdes y soberanía digital, o si abraza modelos híbridos donde el cómputo pesado se realice en terceros países bajo fuertes garantías contractuales y técnicas.

Mirando hacia adelante

De aquí a 5‑10 años, podemos anticipar varios movimientos:

  1. Consolidación de algunos "superhubs" de cómputo. India tiene muchas papeletas para convertirse en uno de ellos, junto con ciertos estados de EE. UU., los países del Golfo y quizá los nórdicos.

  2. Arquitecturas multirregión por defecto. Las empresas que desarrollen IA a escala global repartirán cargas: entrenarán donde sea más barato y ejecutarán donde se lo exijan la regulación y la latencia. Esto exigirá nuevas capacidades legales, técnicas y de gobernanza de datos.

  3. Más fricción entre clima e industria. Europa y América Latina, vulnerables al cambio climático, mirarán con lupa la huella de carbono del cómputo que consumen. Si India alimenta sus centros con carbón, es plausible que veamos requisitos de transparencia y huella de carbono en contratos y regulación.

  4. Posibles giros políticos. Prometer hasta 2047 es fácil; mantenerlo si cambian las mayorías, menos. No sería extraño que, ante presiones fiscales o sociales, India matizara el régimen. Los grandes proveedores ya lo saben y diversificarán su despliegue.

Para startups y empresas hispanohablantes, la lección es clara: hay que aprender a jugar en varios campos a la vez. Aprovechar el cómputo barato donde esté disponible, pero sin perder de vista cumplimiento normativo, seguridad y construcción de propiedad intelectual propia. Quien domine ese equilibrio tendrá ventaja frente a quienes sigan pensando solo en "la nube" como algo homogéneo.

La conclusión

India se ha ofrecido al mundo como zona franca del cómputo de IA durante más de dos décadas. Eso reconfigurará, al menos en parte, dónde se ubican los grandes clusters y quién dicta los precios del entrenamiento de modelos. Europa –y, por extensión, los países hispanohablantes que miran hacia Bruselas como referencia regulatoria– debe decidir si quiere competir, diferenciarse o asociarse. La cuestión de fondo es incómoda pero inevitable: ¿dónde queremos que vivan físicamente los sistemas que van a dar forma a nuestra economía digital?

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