Meta apuesta 6 gigavatios por AMD: cuando el proveedor de chips se convierte en socio

24 de febrero de 2026
5 min de lectura
Pasillo de un centro de datos con servidores equipados con chips de IA de AMD

Titular e introducción

Meta ya no se limita a comprar chips: ahora compra también una parte de quien se los fabrica. Con un acuerdo multimillonario para adquirir 6 gigavatios de potencia de cómputo en chips de AMD y la posibilidad de llegar a poseer hasta el 10 % de la empresa, el dueño de Facebook e Instagram está convirtiendo la infraestructura de IA en un activo financiero más. No es un simple pedido de GPU, sino un modelo de cómo los gigantes de la nube pretenden financiar la carrera por la IA cuando incluso sus balances empiezan a quedarse cortos. En este análisis veremos qué gana realmente Meta, qué renuncia a cambio AMD y qué implicaciones tiene esto para Nvidia, para Europa y para los mercados hispanohablantes.

La noticia en breve

Según informa Ars Technica citando al Financial Times, Meta ha firmado un contrato de varios miles de millones de dólares con AMD para adquirir chips de IA personalizados con una capacidad total de 6 gigavatios. La directora ejecutiva de AMD, Lisa Su, habría explicado a los inversores que cada gigavatio de cómputo en este acuerdo se traduce en ingresos de varios miles de millones de dólares.

Como parte del pacto, AMD ha concedido a Meta un warrant ligado al rendimiento de las compras. Este instrumento da a Meta el derecho a adquirir hasta 160 millones de acciones de AMD en varias fases a un precio simbólico, conforme vaya realizando pedidos adicionales de procesadores. Si ejerciera todo el paquete, Meta podría llegar a poseer alrededor del 10 % de la compañía. El warrant vence en febrero de 2031 y está sujeto a que la acción de AMD alcance distintos umbrales, con un nivel final situado en 600 dólares.

Ars Technica señala que Meta recibirá el primer bloque de acciones en la segunda mitad del año, cuando AMD entregue el primer gigavatio de chips. Tras conocerse el acuerdo, las acciones de AMD subieron alrededor de un 14 % en la preapertura del mercado.

Por qué importa

Este movimiento tiene que ver menos con GPUs concretas y más con poder: económico, tecnológico y energético.

En primer lugar, Meta pasa de ser un cliente muy grande a convertirse en accionista estratégico de un proveedor clave. Eso actúa como seguro frente al encarecimiento de la capacidad de cómputo: si las márgenes y la valoración de AMD se disparan gracias a la IA, Meta recupera parte de lo que gasta en hardware a través de la revalorización de sus acciones.

En segundo lugar, AMD consigue lo que cualquier aspirante a destronar a Nvidia desearía: un cliente ancla, atado por varios años, con un interés directo en que la empresa vaya bien. La estructura del warrant incentiva a Meta a seguir apostando por la hoja de ruta de AMD y a apoyar, de forma directa o indirecta, la confianza del mercado en la acción para alcanzar los precios objetivo. Es una relación comercial convertida en alianza financiera.

En tercer lugar, es un golpe sutil contra el poder de negociación de Nvidia. Meta está diciendo en voz alta que su futuro de IA será multilateral: Nvidia para determinados usos, AMD para muchas cargas de inferencia y chips propios donde tenga sentido. Cuanto más crezca AMD de la mano de acuerdos de este tipo, menos capacidad tendrá Nvidia para imponer precios y plazos.

¿Quién pierde? Los actores más pequeños: nubes regionales, startups de IA, universidades y empresas de tamaño medio que no pueden comprometer decenas de miles de millones a varios años vista. Cuando un puñado de gigantes reserva por adelantado grandes porciones de la producción mundial de aceleradores y además se sienta en el accionariado de los fabricantes, el resto del mercado se ve abocado a pagar más y esperar más.

Además, la creciente “financiarización” del cómputo —acciones a cambio de chips, garantías de compra para conseguir créditos, préstamos para construir centros de datos— introduce un riesgo sistémico nuevo: si se frena la demanda de IA o falla uno de los eslabones, muchos actores podrían verse atrapados a la vez.

El contexto más amplio

El acuerdo Meta–AMD encaja en una tendencia clara: la infraestructura de IA se financia cada vez de forma más sofisticada y menos convencional. Ars Technica recuerda que AMD ya ayudó al constructor de centros de datos Crusoe a conseguir un préstamo de 300 millones de dólares, prometiendo hacerse cargo de los chips si Crusoe no encontraba clientes. Y el propio AMD firmó en octubre un pacto similar con OpenAI, que también podría llegar a un 10 % del capital mediante warrants.

El paralelismo más claro es con la aviación. Las grandes aerolíneas firman mega‑pedidos con Boeing o Airbus a 10 o 15 años, en ocasiones acompañados de financiación, acuerdos de mantenimiento o incluso participación accionarial. A cambio, obtienen prioridad en las líneas de producción y mejores precios. En el nuevo mapa de la IA, los hyperscalers son las aerolíneas, las GPUs son los aviones y AMD y Nvidia compiten por asegurarse una cartera de clientes cautivos.

Las cifras energéticas añaden otra capa. Los chips encargados por Meta demandarán unos 6 gigavatios de potencia; el artículo señala que equivale al consumo anual de unos 5 millones de hogares estadounidenses. La IA ya no es solo un problema de regulación de datos o sesgos algorítmicos: es un factor de primer orden en planificación eléctrica y política climática.

En términos competitivos, este movimiento consolida a AMD como la única alternativa realmente escalable a Nvidia en aceleradores de alto rendimiento. Intel sigue luchando por despegar en este segmento, y las startups de hardware, por interesantes que sean, rara vez pueden ofrecer seguridad de suministro a petición de un gigante como Meta.

¿La consecuencia? La infraestructura crítica de IA —chips, centros de datos, capital— se concentra aún más en un puñado de empresas estadounidenses, fuertemente interconectadas entre sí. Para reguladores y países que aspiran a cierta soberanía digital, eso reduce el margen de maniobra.

El ángulo europeo e hispano

Para Europa (y para los países latinoamericanos que dependen en gran medida de nubes externas), el mensaje es incómodo: la base material de la IA se decide lejos de Bruselas, Madrid, Ciudad de México o Buenos Aires.

En la UE, el Reglamento de IA, el DSA y el DMA marcan reglas de juego para plataformas y modelos, pero no cambian que los chips de referencia y los grandes centros de datos estén dominados por proveedores de EE. UU. El Chips Act europeo busca reactivar parte de la cadena de valor de semiconductores, pero acuerdos como el de Meta y AMD muestran hasta qué punto el músculo financiero y la demanda anticipada están concentrados en Silicon Valley.

Desde el punto de vista energético, la comparación con 5 millones de hogares debería hacer sonar alarmas también en Europa y América Latina. Países como España, Irlanda u Holanda ya han debatido poner freno a nuevos centros de datos por su impacto en la red y en los objetivos climáticos. En América Latina, con redes menos robustas en muchos casos, el despliegue masivo de IA corre el riesgo de tensionar aún más sistemas eléctricos frágiles.

En cuanto a competencia, la posibilidad de que una plataforma designada como “gatekeeper” por el DMA —caso de Meta en la UE— llegue a poseer un 10 % de un proveedor esencial plantea interrogantes: ¿tratará AMD con la misma agresividad comercial a clouds europeos o latinoamericanos que podrían rivalizar con los servicios de IA de Meta? ¿Deberían vigilarse más de cerca estas participaciones cruzadas para evitar distorsiones?

Para el ecosistema hispanohablante, con actores como Telefónica, Telefónica Tech, Nubank, Kio Networks u OVHcloud España, la lectura es clara: o se construyen alianzas fuertes —entre telcos, clouds regionales, sector público y startups— para negociar capacidad de cómputo en bloque, o cada actor negociará en posición de debilidad frente a hyperscalers ya apalancados en fabricantes como AMD.

Mirando hacia adelante

Es razonable esperar que este modelo se replique. Si Meta puede transformar parte de su CAPEX en exposición accionarial, Microsoft, Google o Amazon difícilmente se quedarán de brazos cruzados. En los próximos 12–24 meses podríamos ver más acuerdos de “chips por acciones” o “capacidad por opciones”, con Nvidia, AMD u otros aspirantes.

Habrá que observar también cuándo deciden intervenir los reguladores. Si los balances de hyperscalers y fabricantes de chips empiezan a estar fuertemente entrelazados, un frenazo en la demanda de IA podría transformarse en un problema de estabilidad financiera y de competencia. Es un terreno nuevo para las autoridades de competencia de la UE, de América Latina y de Estados Unidos.

Para Meta, el riesgo principal es tecnológico. Apostar fuerte por la hoja de ruta de AMD en inferencia es razonable hoy; pero la arquitectura de modelos, los marcos de software y hasta las propias regulaciones pueden girar hacia otros tipos de hardware (ASICs más especializados, arquitecturas europeas soberanas, etc.). Si eso ocurre, la optimización financiera del warrant podría chocar con la necesidad de flexibilidad técnica.

Para Europa y el mundo hispanohablante, la oportunidad está en especializarse: nubes soberanas para sectores regulados, cómputo de baja latencia cercano a la industria, aceleradores abiertos tipo RISC‑V para investigación pública. Pero eso exige pasar de la mera regulación a la política industrial activa: contratos de compra a largo plazo de capacidad de cómputo, centros de datos compartidos y, en algunos casos, participación accionarial pública en infraestructuras críticas.

En resumen

El acuerdo de Meta con AMD convierte la potencia de cómputo para IA en un instrumento financiero, atando a un hyperscaler y a un fabricante de chips mediante miles de millones en CAPEX y hasta un 10 % de participación accionarial. Refuerza a AMD como alternativa real a Nvidia, pero concentra aún más poder y consumo energético en un pequeño núcleo de actores estadounidenses. La pregunta para Europa y el mundo hispanohablante es si van a limitarse a regular este nuevo “rail” de la economía digital, o si están dispuestos a invertir y compartir la propiedad de la infraestructura que definirá su competitividad en IA.

Comentarios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Publicaciones relacionadas

Mantente informado

Recibe las últimas noticias de IA y tecnología en tu correo.