Meta quiere pagar 2.000 millones de dólares por Manus, una plataforma de asistentes de IA. Sobre el papel, es un simple movimiento estratégico. En la práctica, se ha convertido en otra partida de ajedrez entre Estados Unidos y China.
Lo llamativo no es que haya fricción regulatoria, sino desde dónde llega: Washington está relativamente tranquilo; Pekín, no tanto.
De la polémica en EE.UU. al salto a Singapur
Manus no nació en Singapur, sino en Pekín.
Cuando Benchmark lideró una ronda de financiación para Manus a principios de 2025, el ruido político en Washington fue inmediato:
- El senador John Cornyn criticó la inversión públicamente en X.
- El Departamento del Tesoro de EE.UU. abrió indagaciones relacionadas con las nuevas normas que restringen la inversión estadounidense en empresas chinas de IA.
La presión fue tan fuerte que Manus acabó trasladando su base de Pekín a Singapur. Un profesor chino describió ese movimiento en WeChat como un proceso de "step-by-step disentanglement from China".
Ese cambio de jurisdicción ha calmado a los reguladores estadounidenses. Según el Financial Times, ahora consideran legítima la adquisición de Manus por parte de Meta, a pesar de las dudas iniciales sobre la inversión de Benchmark en una empresa con raíces chinas.
Pekín apunta al "Singapore washing"
En China el ambiente es muy distinto.
Funcionarios chinos están revisando si el acuerdo de Meta vulnera los controles de exportación de tecnología del país. La pregunta clave: ¿debió Manus solicitar una licencia de exportación cuando trasladó a su equipo central y su tecnología de China a Singapur?
Ese tipo de movimiento se ha vuelto tan común entre startups chinas que ya tiene apodo propio: "Singapore washing". Es decir, mover equipos y propiedad intelectual a Singapur para esquivar la supervisión doméstica y facilitar ventas a compradores occidentales.
Un artículo reciente del Wall Street Journal sugería que China tenía "pocas herramientas para influir en la operación dada la presencia de Manus en Singapur". La reacción actual de los reguladores sugiere que esa lectura fue prematura.
La preocupación en Pekín es estratégica: si el acuerdo con Meta se cierra sin problemas, podría animar a más startups chinas de IA a mudarse físicamente al extranjero para esquivar los controles internos. Winston Ma, profesor en la New York University School of Law y socio en Dragon Capital, dijo al Journal que, si el acuerdo se completa, "It creates a new path for the young AI startups in China."
Riesgo penal y el precedente de TikTok
China ya ha utilizado los controles de exportación como arma política.
Durante el primer mandato de Donald Trump, cuando la Casa Blanca amenazó con prohibir TikTok en EE.UU., Pekín reaccionó incluyendo los algoritmos de recomendación en su lista de tecnologías sujetas a control de exportación. Ese movimiento complicó cualquier venta forzada de las operaciones estadounidenses de TikTok.
Ahora podría repetirse una versión de esa jugada. El mismo profesor chino que hablaba en WeChat del "desenganche" de Manus advirtió también de que los fundadores podrían enfrentarse a responsabilidad penal si exportaron tecnología restringida sin autorización.
Si los reguladores concluyen que Manus necesitaba una licencia antes de mudarse a Singapur, pueden, como mínimo, ralentizar o condicionar la compra de Meta y, en el peor de los casos, poner a los fundadores bajo enorme presión legal.
Por qué algunos en Washington ven una victoria silenciosa
Mientras Pekín busca palancas para ganar influencia, algunos analistas en EE.UU. presentan el acuerdo como una validación de las restricciones a la inversión en IA china.
El razonamiento: si talento y proyectos de IA nacidos en China terminan reubicándose en lugares como Singapur y vendiéndose a compradores estadounidenses, el ecosistema de IA de EE.UU. sigue siendo el destino más atractivo.
Un experto dijo al Financial Times que el acuerdo demuestra que "the US AI ecosystem is currently more attractive".
Lo que está en juego para Meta y para las startups hispanas
Meta quiere integrar el software de agentes de IA de Manus en sus productos, desde mensajería hasta herramientas de productividad. De momento, es demasiado pronto para saber si la revisión china alterará ese calendario.
Pero el mensaje para cualquier startup, también en el mundo hispanohablante, es claro: si trabajáis con talento, datos o capital conectados con China, cada gran salida hacia un comprador estadounidense puede convertirse en un asunto geopolítico.
El caso Manus demuestra que el "Singapore washing" ya no es necesariamente una escapatoria limpia, sino un posible foco de conflicto regulatorio entre las dos mayores potencias tecnológicas del planeta.



