Merriam‑Webster eligió “slop” como palabra del año. Y, apenas unas semanas después, Satya Nadella ha decidido ponerle freno al chiste.
En una entrada en su blog personal, el CEO de Microsoft pide que dejemos de tratar a la inteligencia artificial como basura digital y empecemos a verla como “bicycles for the mind”, bicicletas para la mente.
Escribe:
“A new concept that evolves ‘bicycles for the mind’ such that we always think of AI as a scaffolding for human potential vs a substitute.”
Y remata:
“We need to get beyond the arguments of slop vs sophistication and develop a new equilibrium in terms of our ‘theory of the mind’ that accounts for humans being equipped with these new cognitive amplifier tools as we relate to each other.”
Traducido: Nadella quiere que dejemos atrás el debate entre “slop” y “sofisticación” y que hablemos de la IA como andamiaje del potencial humano, no como sustituto de personas.
El problema es que gran parte del negocio de la IA se ha construido justo sobre lo contrario.
La IA que se vende a golpe de despidos
Si revisas el marketing de muchos agentes de IA, el argumento estrella es cuántos puestos de trabajo puedes “ahorrar” con su producto. Las presentaciones prometen “automatización total”, no “mejores herramientas para tu equipo”.
Al mismo tiempo, algunas de las voces más influyentes del sector suenan a ciencia ficción distópica. En mayo, Dario Amodei, CEO de Anthropic, advirtió que la IA podría eliminar la mitad de los empleos de oficina de entrada y llevar el desempleo al 10–20 % en los próximos cinco años. En 60 Minutes dobló la apuesta.
Son cifras especulativas, sí. Pero alimentan una narrativa que choca de frente con el discurso de Nadella: la IA como máquina de despedir gente.
Lo que dicen, con matices, los datos
Sobre el terreno en 2026 la realidad es más gris.
La mayoría de las herramientas de IA no sustituyen hoy puestos completos. Se usan dentro de los trabajos, con humanos revisando errores y alucinaciones.
Uno de los estudios más citados es Project Iceberg, del MIT, que intenta medir el impacto económico de la IA en el empleo. Su estimación actual: la IA puede realizar alrededor del 11,7 % del trabajo humano remunerado.
Muchos titulares simplifican eso como “la IA puede reemplazar casi el 12 % de los empleos”. Pero Iceberg, en realidad, mide qué porción de las tareas de un empleo se puede delegar a la IA, y luego calcula los salarios asociados a esas tareas.
Los ejemplos importan: papeleo automatizado para enfermeras, código generado por IA. No son profesiones enteras que desaparecen, sino trozos de trabajo dentro de ellas.
Eso no quiere decir que no haya sectores sufriendo. El boletín Blood in the Machine cita a diseñadores gráficos corporativos y blogueros de marketing como dos perfiles donde la demanda ya se ha desplomado. Y los recién graduados en programación, sobre todo juniors, se están encontrando con tasas de desempleo altas.
A la vez, pasa algo curioso: cuanto más talento previo tienes, más te potencia la IA. Artistas, escritores y programadores con mucha experiencia suelen producir mejor trabajo cuando incorporan estas herramientas. La creatividad humana, al menos en la gama alta, sigue sin clonarse.
Los trabajos más expuestos… que mejor van
Si ampliamos el zoom y miramos el mercado laboral completo, el cuadro se vuelve todavía más irónico.
En su informe económico para 2026, la gestora Vanguard analizó unas 100 ocupaciones “altamente expuestas” a la automatización con IA. Su conclusión: esos empleos van por delante del resto del mercado tanto en crecimiento del número de puestos como en subidas salariales reales.
O sea: los trabajadores más cerca de la IA no están desapareciendo. A medida que dominan las herramientas, se vuelven más valiosos, no prescindibles.
Es exactamente la película que quiere proyectar Nadella cuando habla de “cognitive amplifier tools”, herramientas que amplifican la mente.
La contradicción incómoda de Microsoft
Hay, sin embargo, un elefante en la habitación: Microsoft es uno de los ejemplos más visibles de “apuesto por la IA mientras despido gente”.
En 2025, la compañía recortó más de 15.000 puestos y, al mismo tiempo, cerró su año fiscal (hasta junio) con récord de ingresos y beneficios. La IA fue uno de los motivos estrella en la narrativa hacia inversores.
En un memo público sobre los despidos, Nadella no dijo que la eficiencia interna con IA hubiera generado directamente esos recortes. Pero sí defendió que Microsoft debía “reimaginar nuestra misión para una nueva era” y señaló la “AI transformation” como uno de los tres grandes objetivos del grupo, junto con la seguridad y la calidad.
No fue el único. Según datos de la firma Challenger, Gray & Christmas, citados por CNBC, la tecnología de IA se mencionó como causa de casi 55.000 despidos en EE. UU. en 2025. Entre los grandes responsables: Amazon, Salesforce, Microsoft y otros gigantes que compiten por liderar la ola de la IA.
El informe de Vanguard matiza la historia: buena parte de esos recortes tuvo más que ver con prácticas empresariales de siempre –dejar de invertir en áreas que se frenan y volcar recursos en las que crecen, como la propia IA– que con robots sustituyendo de forma directa a personas concretas.
Pero ese matiz nunca corre tan rápido como un titular de “la IA me quitó el trabajo”.
¿Puede la industria dejar atrás el “slop”?
Nadella quiere cambiar el marco mental. Menos “slop vs sofisticación” y más humanos equipados con “cognitive amplifier tools”.
Su apuesta es clara: si pensamos la IA como infraestructura de potencial humano –más cerca de una hoja de cálculo que de un cyborg–, la regularemos de otra manera, la implantaremos distinto en las empresas y formaremos mejor a la gente.
El problema es que los incentivos económicos siguen tirando al lado opuesto. Es más fácil vender un agente de IA que promete recortar plantilla que uno que “solo” mejora la productividad. Y a los mercados les encanta escuchar “eficiencia con IA” en la misma frase que “plan de despidos”.
Mientras tanto, el “slop” sigue triunfando en lo cultural. Los feeds están llenos de memes y vídeos cortos generados por IA, muchas veces absurdos, siempre adictivos. Para millones de usuarios, esa sopa caótica es el uso más visible —y quizá el más divertido— de la IA hoy.
Para el ecosistema hispanohablante —de unicornios fintech en México a startups de IA en Barcelona o Buenos Aires— la lección es bastante directa: la decisión no es si la IA llega, sino cómo la adoptas. ¿Como excusa para recortar sueldos o como bicicleta que hace que tu equipo pedalee más lejos?
Nadella, al menos en su blog, ya ha elegido bando.



