OpenClaw se suma a OpenAI: la próxima batalla no es el chat, son los agentes personales

15 de febrero de 2026
5 min de lectura
Ilustración de un icono de asistente de IA conectado al logo de OpenAI en un portátil

Introducción: de proyecto viral a pieza estratégica

Un desarrollador austríaco crea un asistente de IA que no solo conversa, sino que reserva vuelos, gestiona calendarios y se mueve en una red de otros bots. Se vuelve viral, recibe presión de un competidor por el nombre… y termina dentro de OpenAI, con su creador encargado de impulsar la “próxima generación de agentes personales”.

Más que una anécdota, es un síntoma de hacia dónde se mueve la industria: de modelos a plataformas de agentes, de experimentos indie a ecosistemas controlados por unos pocos gigantes, y de promesas vagas a sistemas que realmente tocan nuestra vida diaria.


La noticia en breve

Según informa TechCrunch, Peter Steinberger, desarrollador austríaco y creador del asistente de IA OpenClaw, se ha incorporado a OpenAI. OpenClaw —antes conocido como Clawdbot y luego Moltbot— ganó popularidad en las últimas semanas al presentarse como “la IA que realmente hace cosas”: desde gestionar la agenda y reservar vuelos hasta participar en una red social de asistentes de IA.

Los cambios de nombre se produjeron tras una amenaza legal de Anthropic, que consideró que la marca inicial se parecía demasiado a su modelo Claude. En una entrada de blog, Steinberger comentó que, aunque podría haber convertido OpenClaw en una gran empresa, no es eso lo que le motiva; su objetivo es “cambiar el mundo”, y cree que asociarse con OpenAI es la vía más rápida para lograr impacto global.

El CEO de OpenAI, Sam Altman, indicó en X que Steinberger liderará el desarrollo de “la próxima generación de agentes personales”. OpenClaw, por su parte, pasará a una fundación como proyecto de código abierto, que OpenAI afirma que seguirá apoyando.


Por qué importa: empieza la guerra por tu agente de confianza

Detrás de este fichaje hay varias lecturas clave.

1. OpenAI apuesta por los agentes que actúan, no solo por los chatbots que responden.

La primera ola de la IA generativa fue conversacional: chats, resúmenes, imágenes. OpenClaw representa la siguiente etapa: agentes capaces de ejecutar acciones concretas en tu nombre, con acceso a calendario, correo, servicios de viaje y redes sociales. Dar a un indie como Steinberger la responsabilidad de “la próxima generación de agentes personales” es una forma de decir: esto ya no es un experimento, es el producto central.

2. La creatividad indie vuelve a ser absorbida por las grandes plataformas.

OpenClaw demostró que hay hambre de asistentes con criterio propio, que no obligan al usuario a “ingenierizar prompts”, sino que simplemente resuelven tareas. OpenAI ha preferido incorporar a su creador antes que competir frontalmente con él. Es la clásica jugada de la era móvil: convertir un posible núcleo de ecosistema alternativo en talento interno.

El coste lo pagan otros emprendedores: cualquier startup que intente construir un agente parecido tendrá que enfrentarse no solo al poder de los modelos de OpenAI, sino a un equipo cuya única misión es convertir esos modelos en el asistente por defecto de millones de personas.

3. El código abierto se convierte en herramienta política y estratégica.

Anunciar que OpenClaw vivirá en una fundación como proyecto open source suena bien para la comunidad. Pero también es un movimiento inteligente para OpenAI:

  • Ofrece una cara “abierta” ante reguladores cada vez más inquietos en EE. UU. y la UE.
  • Crea un laboratorio de ideas e integraciones del que puede alimentarse su plataforma comercial.
  • Reduce el riesgo reputacional: si algo sale mal en el ecosistema OpenClaw, se puede presentar como un experimento comunitario.

La pregunta clave será si la fundación tendrá vida real —gobernanza independiente, comunidad activa— o si se quedará en un repositorio nostálgico mientras la innovación se concentra dentro de OpenAI.


La foto grande: de apps a agentes como nueva capa de plataforma

El movimiento encaja con una tendencia clara: la IA deja de ser una función dentro de aplicaciones y se convierte en la capa que orquesta cómo usamos todas las aplicaciones.

Los grandes modelos ya saben llamar APIs, ejecutar herramientas y conectarse a servicios externos. Lo difícil es transformar esa capacidad bruta en experiencias confiables para gente que no quiere pensar en modelos, sino en resultados. Ahí es donde entra el tipo de producto que representaba OpenClaw: una especie de concierge digital que toma decisiones razonables con un mínimo de fricción.

Históricamente, esto recuerda a la época dorada de las apps móviles. Aplicaciones pequeñas y brillantes eran compradas o “acquihired” por Apple, Google, Facebook o Twitter. Algunas sobrevivieron; muchas desaparecieron. En todos los casos, el talento y las ideas pasaron a nutrir a la plataforma dominante.

Ahora la plataforma no es iOS o Android, sino un agente de IA que puede vivir por encima del sistema operativo. Quien controle ese agente podrá intermediar búsquedas, compras, trabajo y ocio. No es casual que Anthropic se tomara tan en serio la similitud de nombres con Claude: lo que está en juego es quién se convierte en “el” nombre genérico para tu agente.

Para Google, Meta, Anthropic, xAI y compañía, el fichaje de un creador de agentes virales por parte de OpenAI es un recordatorio de que la batalla ya no está solo en la calidad del modelo, sino en la calidad del agente que lo envuelve.


Ángulo europeo e hispanohablante: datos, talento y oportunidad

Desde Europa y el mundo hispanohablante, esta historia toca varios nervios.

Primero, el talento. Un desarrollador europeo que crea algo globalmente interesante termina trabajando para un gigante estadounidense. Es una narrativa familiar para España, América Latina y buena parte del continente: fundadores de Barcelona, Madrid, Ciudad de México, Buenos Aires o São Paulo que venden pronto o se integran en empresas de Silicon Valley.

La posible fundación en torno a OpenClaw abre, al menos en teoría, otra vía: que exista un estándar abierto de agentes personales, potencialmente con fuerte presencia europea, que sirva como base sobre la que puedan construir startups en Madrid o Bogotá sin quedar totalmente atadas a un único proveedor de modelo.

Segundo, la regulación. Un agente personal necesita tocar datos muy sensibles: agendas, historiales de viaje, correos, quizá cuentas bancarias. En Europa esto choca de lleno con el RGPD, la futura Ley de IA de la UE y marcos como el DMA y el DSA. En América Latina, donde muchos países se inspiran en el modelo europeo, este debate también llegará.

Preguntas obvias:

  • ¿Cómo se gestiona el consentimiento cuando un agente combina datos de distintas plataformas y empresas?
  • ¿Qué pasa si un agente reserva mal un vuelo o transfiere dinero al destinatario equivocado? ¿Quién responde?
  • ¿Se permitirá que un gran actor como OpenAI incruste su agente de forma privilegiada en ecosistemas móviles o de escritorio sin ofrecer alternativas reales?

Europa, con su cultura de privacidad y regulación proactiva, podría terminar definiendo lo que significa un agente “de confianza”. Eso afectará no solo a usuarios europeos, sino a cualquier empresa de IA que quiera operar globalmente.


Mirando hacia adelante: qué observar en los próximos meses

El fichaje de Steinberger no cambiará mañana tu calendario de Google, pero sí da pistas de lo que viene en 12–24 meses.

Probablemente veremos a OpenAI:

  • Lanzar experiencias de agente más cerradas y orientadas a tareas, no solo chat genérico.
  • Profundizar integraciones con correo, calendario, herramientas de trabajo y comercio electrónico.
  • Empujar agentes persistentes, que “te conocen” y acumulan contexto a lo largo del tiempo.

Para usuarios y empresas de habla hispana, hay varios puntos a vigilar:

  • Gobernanza de la fundación OpenClaw: ¿tendrá voz real la comunidad europea y latinoamericana, o será un brazo encubierto de la estrategia de producto de OpenAI?
  • Neutralidad tecnológica: ¿seguirá siendo fácil usar OpenClaw con modelos de distintos proveedores, incluidos actores europeos y latinoamericanos, o se optimizará todo en torno a OpenAI?
  • Regulación y adopción sectorial: sectores como banca, salud o administración pública en España, México, Chile o Colombia adoptarán agentes solo si encajan con sus marcos legales y culturales.

Para las startups de la región, hay dos caminos claros:

  • Construir sobre los grandes agentes (de OpenAI u otros) y aportar capas de nicho: verticales como turismo, educación o gobierno digital.
  • O construir alrededor: herramientas, frameworks y agentes abiertos que permitan cambiar fácilmente de motor de IA, reduciendo el riesgo de dependencia.

Lo menos sostenible será ofrecer “otro chatbot más” sin una propuesta clara de acción y responsabilidad.


En resumen

Que el creador de OpenClaw se incorpore a OpenAI mientras su proyecto pasa a una fundación open source es una jugada muy inteligente en la carrera por los agentes personales. Refuerza la capacidad de producto de OpenAI, reduce el riesgo de que un competidor indie se escape y ofrece un relato de apertura útil ante reguladores y desarrolladores.

Para los usuarios, la promesa es atractiva: asistentes que realmente hacen cosas. Pero el precio puede ser una concentración aún mayor de poder en pocas manos. La gran pregunta que se abre para Europa y el mundo hispanohablante es sencilla y incómoda: ¿quién controlará de verdad al agente que controlará tu vida digital?

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