Del gurú al riesgo reputacional: lo que el caso Peter Attia revela sobre el negocio de la longevidad

4 de febrero de 2026
5 min de lectura
Ilustración de una barra de proteína y gráficos médicos que representan startups de longevidad bajo escrutinio

1. Titular e introducción

La industria de la longevidad se ha construido alrededor de unos pocos gurús capaces de vendernos no solo productos, sino años extra de vida saludable. Uno de los más influyentes, el médico Peter Attia, acaba de comprobar cuán frágil es ese modelo: las startups en las que era cara visible lo están borrando de escena tras aparecer repetidamente en los nuevos documentos relacionados con Jeffrey Epstein.

No es solo un escándalo personal. Es un aviso para todo el ecosistema de salud preventiva, desde Silicon Valley hasta Madrid, Ciudad de México o Buenos Aires. Aquí analizamos quién gana, quién pierde y qué cambia para los usuarios hispanohablantes cuando un gurú de la longevidad pasa a ser un pasivo.

2. La noticia en breve

Según informa TechCrunch, el fundador de la empresa neoyorquina David Protein anunció en X que Peter Attia ha dejado su puesto de director científico y ya no participa en la compañía. Esta decisión llegó poco después de que The New York Times publicara que el nombre de Attia aparece en más de 1.700 documentos y correos electrónicos incluidos en el último paquete de archivos judiciales vinculados al condenado por delitos sexuales Jeffrey Epstein.

TechCrunch recuerda que Attia era inversor temprano en David Protein y formaba parte del equipo ejecutivo. La empresa, creada en 2023, levantó en mayo de 2025 una ronda Serie A de 75 millones de dólares liderada por Greenoaks, con la participación de Valor Equity Partners, y se ha hecho popular por una barra de proteína con muchas proteínas y muy pocas calorías.

El mismo medio señala que Biograph, un startup de salud preventiva y longevidad de suscripción elevada que Attia habría cofundado, ha eliminado su nombre de la web: páginas que antes lo citaban como cofundador ahora han sido modificadas o dan error. La compañía se ha negado a aclarar cuál es hoy su relación con el médico.

3. Por qué importa

Attia no es un influencer más. Es uno de los arquitectos del relato moderno de la longevidad: un mix de análisis avanzados, gadgets, suplementos y cambios radicales de estilo de vida, empaquetado en libros superventas y un pódcast de enorme audiencia. Para muchos inversores, si Attia aparecía en el cap table o en la web, el proyecto pasaba automáticamente a otra liga.

Ese efecto halo se ha roto. Cuando una marca depende tanto de la reputación de una sola persona, cualquier duda sobre su criterio ético amenaza al negocio completo, aunque no haya acusaciones de delito directo. El problema aquí no es solo con quién habló Attia hace años, sino que mantuviera esa relación a pesar de una condena pública y muy conocida. Eso choca con la imagen de referente moral que exige decirle a la gente cómo vivir más y mejor.

Las consecuencias van más allá de dos startups concretas. El sector de la longevidad ya sufre críticas por vender promesas difíciles de verificar al consumidor medio. Si uno de sus referentes aparece ligado a una red de poder tan tóxica como la de Epstein, muchos usuarios se preguntarán qué más no les han contado estos gurús.

Quienes pueden salir beneficiados son los proyectos que han apostado por un enfoque más institucional: clínicas universitarias, hospitales, consorcios científicos. No son tan fotogénicos como el médico estrella delante del micrófono, pero ofrecen algo que el mercado empieza a valorar más: estructuras que no se derrumban cuando un nombre propio se ve comprometido.

4. El contexto amplio

El caso encaja en una dinámica ya conocida: las marcas construidas alrededor de personas son potentísimas… hasta que dejan de serlo. Lo vimos cuando plataformas cripto y proyectos dudosos se blindaron con deportistas y famosos, solo para ver cómo esos mismos rostros terminaban en los tribunales. Lo vimos cuando gigantes del deporte rompieron contratos multimillonarios con artistas convertidos en problema reputacional.

La diferencia es que ahora hablamos de salud. Los startups de longevidad han aplicado la lógica del influencer a un terreno donde la asimetría de información es brutal: el paciente común no puede evaluar por sí mismo si un protocolo es sensato o no. Confía en el médico‑gurú que le traduce la ciencia a un relato inspirador.

Eso genera una enorme dependencia. Si esa figura cae, se derrumba la narrativa entera. Y los mecanismos clásicos de control –comités éticos, supervisión independiente, separación clara entre marketing y contenido científico– suelen ser débiles en empresas jóvenes muy centradas en el fundador.

Mientras tanto, el mercado de la longevidad se dispara: desde Silicon Valley hasta centros de salud de lujo en Dubái, Lisboa o Ciudad de México, la combinación de chequeos avanzados, fármacos off‑label y coaching personalizado mueve ya miles de millones. El caso Attia llega justo cuando muchos fondos estaban mirando este nicho como „la próxima gran ola“ tras la IA.

La lección es evidente: no basta con revisar el Excel y las credenciales académicas. En sectores tan sensibles, la diligencia debida reputacional tiene que estar al mismo nivel que la financiera.

5. El ángulo europeo e hispano

Para Europa y el mundo hispanohablante la historia tiene matices propios. Por un lado, buena parte del contenido de referencia sobre longevidad llega en inglés desde Estados Unidos. Attia tiene audiencia fiel en España y Latinoamérica; muchas clínicas privadas y centros de „medicina funcional“ en Madrid, Barcelona, Santiago o Monterrey recomiendan su libro y su pódcast.

Pero el marco regulatorio es muy distinto. En la Unión Europea, las alegaciones sobre beneficios para la salud en alimentos están estrictamente controladas por la EFSA. Servicios de análisis avanzados y scoring de riesgo como los de Biograph se topan además con el GDPR, la normativa de productos sanitarios y, en breve, con el futuro Reglamento de IA. En países como España, además, los colegios médicos miran con desconfianza a quienes mezclan consulta privada, negocio digital y marketing agresivo.

En América Latina, el contraste es otro: marcos regulatorios más heterogéneos y, en muchos casos, sistemas sanitarios públicos tensionados abren la puerta a ofertas de medicina VIP para una minoría. Los gurús globales, Attia incluido, han sido una poderosa herramienta de marketing para estas clínicas. El escándalo puede acelerar el debate sobre hasta qué punto se está importando un modelo de salud para ricos sin suficientes garantías.

Para emprendedores hispanos el mensaje es claro: subirte a la ola de un gran nombre anglosajón puede dar tracción rápida, pero también te ata a sus sombras. Construir credibilidad local, con evidencia y equipos sólidos, quizá sea más lento, pero a la larga es menos frágil.

6. Lo que viene ahora

En el corto plazo veremos movimientos previsibles. David Protein intentará recentrar el discurso en sus productos y en un „equipo científico“ menos personalista. Biograph, si no ha roto ya formalmente con Attia, probablemente lo hará de manera discreta, sin comunicados grandilocuentes.

Lo interesante ocurrirá entre bastidores. Los fondos que han invertido en salud preventiva revisarán sus participaciones: ¿en cuántas depende la captación de clientes de la agenda de conferencias y del pódcast de una sola persona? Es razonable esperar más cláusulas de moralidad en los contratos y más investigación reputacional previa.

Las cadenas de televisión y los grandes medios que han fichado a médicos estrella también tendrán que decidir si mantenerlos en pantalla. La línea entre experto independiente y emprendedor con intereses cruzados ya era difusa; casos como este aumentan la presión para aclararla.

Para los usuarios, el mejor movimiento quizá sea diversificar sus fuentes de información. Escuchar a Attia o a cualquier otro no es el problema; convertir uno o dos pódcasts en „la verdad“ sí lo es. Un ecosistema donde el peso está más repartido entre instituciones, sociedades científicas y equipos, y menos en gurús individuales, será más resistente a futuras sorpresas.

7. Conclusión

El caso Peter Attia no solo destapa la biografía complicada de un médico influyente; pone en cuestión un modelo de negocio que concentró demasiada confianza, dinero y poder simbólico en unas pocas figuras. Las startups de longevidad y sus inversores deben decidir si siguen apostando por el carisma como motor principal o si dan el salto –menos glamuroso, pero más sano– hacia modelos apoyados en evidencia y estructuras.

Si vas a poner tus datos médicos, tu alimentación y tus hábitos de por vida en manos de alguien, ¿prefieres que todo dependa de un gurú… o de un sistema capaz de soportar que cualquier nombre propio caiga sin arrastrarlo todo?

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