Titular e introducción
Mientras debatimos sobre la regulación de la IA y los centros de datos en Bruselas, Madrid o Ciudad de México, una parte clave de la solución climática se está montando en pueblos de India, Nepal o Costa de Marfil. El startup indio Varaha acaba de levantar capital para escalar proyectos de eliminación de carbono en el Sur Global y vender esos créditos a gigantes como Google, Microsoft o Lufthansa. Más allá del titular, su modelo plantea preguntas incómodas: ¿quién limpia realmente la huella de la economía digital y en qué condiciones?
La noticia en breve
Según informa TechCrunch, Varaha, un startup de tecnología climática con sede en India, ha recaudado 20 millones de dólares como primer tramo de una Serie B que podría llegar a 45 millones. La ronda está liderada por WestBridge Capital, en su primera apuesta por climate tech, con participación de los inversores existentes RTP Global y Omnivore.
Fundada en 2022, Varaha desarrolla proyectos de eliminación de CO₂ en Asia y África a través de cuatro vías principales: agricultura regenerativa, agroforestería, biochar y meteorización acelerada de rocas. La empresa afirma haber eliminado más de 2 millones de toneladas de CO₂ en 14 proyectos activos y haber generado unos 150.000 créditos de eliminación verificados en registros internacionales como Puro.earth, Verra o Gold Standard.
Varaha trabaja sobre todo con pequeños agricultores en India, Nepal, Bangladés, Bután y Costa de Marfil, cubriendo alrededor de 1,7 millones de acres y más de 170.000 agricultores. El año fiscal pasado facturó unos 4,76 millones de dólares por créditos entregados y espera llegar a unos 22 millones manteniendo rentabilidad neta. Entre sus clientes figuran Google, Microsoft, Lufthansa, Swiss Re y Capgemini. El nuevo capital se destinará a expandirse por el sur y sudeste asiático y a un programa de socios industriales para proyectos de biochar.
Por qué importa
Varaha encarna una idea potente: que la infraestructura climática del siglo XXI se montará allí donde el coste por tonelada removida sea menor, no necesariamente donde se generan las emisiones. Es el mismo patrón que vimos en la manufactura o el software, ahora aplicado a la eliminación de carbono.
Ganadores y perdedores.
- Ganadores: grandes emisores con consumo eléctrico disparado por la nube y la IA – tanto en Europa como en Norteamérica – que necesitan eliminaciones verificadas sin pagar los precios de tecnologías ultra caras. Y pequeños agricultores del Sur Global, que añaden una capa de ingresos sobre tierras ya trabajadas.
- Perdedores potenciales: desarrolladores de proyectos de eliminación en mercados caros (EE. UU., Europa) con estructuras de coste pesadas y poca diferenciación tecnológica. Si Varaha demuestra que puede cumplir los mismos estándares de verificación a una fracción del coste, muchos modelos de negocio basados en “primas verdes” quedarán en entredicho.
Problema que resuelve, problema que crea.
Por el lado positivo, Varaha ayuda a cerrar una brecha evidente: las tecnologías de eliminación más sofisticadas – captura directa del aire, almacenamiento geológico, etc. – avanzan despacio y son muy intensivas en capital. Escalar prácticas agrícolas y biochar es mucho más rápido, especialmente en países con cadenas de suministro agrarias profundas.
Pero, al mismo tiempo, abre un debate de justicia climática. ¿Estamos convirtiendo al Sur Global en una “fábrica de créditos” para que el Norte pueda seguir alimentando su boom de IA? ¿Qué pasa con los derechos sobre la tierra, la distribución de ingresos, la gobernanza local? Si estas preguntas no se abordan de forma transparente, veremos una repetición de los conflictos asociados al Mecanismo de Desarrollo Limpio y a ciertos proyectos REDD+ en América Latina.
Impacto competitivo.
Para startups de eliminación de carbono en Europa y América Latina, el mensaje es claro: la ejecución en campo y la eficiencia operativa pesan tanto como la innovación tecnológica. Las empresas que no puedan justificar un precio mucho más alto por tonelada – ya sea por mayor permanencia, co‑beneficios sociales o control regulatorio – se verán presionadas por actores como Varaha.
El cuadro más amplio
Varaha se inscribe en una serie de tendencias que están redefiniendo el mercado voluntario de carbono.
1. De la compensación a la eliminación real.
Tras años de polémicas sobre créditos inflados en proyectos forestales, los compradores institucionales exigen cada vez más remociones físicas en lugar de simples “emisiones evitadas”. Biochar y meteorización de rocas responden a esta demanda: son más duraderos y, en teoría, más medibles, lo que encaja con los criterios de integridad que impulsan organismos como el Integrity Council for the Voluntary Carbon Market.
2. MRV como infraestructura digital.
Medir, reportar y verificar (MRV) ya no es solo enviar consultores con GPS y hojas de cálculo. Es una capa tecnológica con satélites, sensores, aplicaciones móviles para agricultores y modelos de IA. Aquí América Latina y España podrían jugar, por cierto, un papel interesante: hay talento en analítica geoespacial y agrotech que podría integrarse con plataformas del estilo Varaha.
3. La factura climática de la IA.
Cada nuevo modelo de lenguaje, cada despliegue masivo de inferencia en la nube, aumenta la demanda eléctrica y, por tanto, las emisiones asociadas. Los mismos gigantes que impulsan esta ola – Google, Microsoft y otros – aparecen como compradores de remociones. Para ellos, externalizar parte de la solución a India o África no es solo RSC, sino gestión de costes. Varaha se coloca exactamente en ese punto de dolor.
Históricamente, la industria ha trasladado manufactura a China, servicios a India y ahora parte del “trabajo climático” a campos del Sur Global. La diferencia es que aquí no estamos hablando de camisetas o código, sino de la capacidad de los ecosistemas para absorber carbono durante décadas.
El ángulo europeo e hispanohablante
Para empresas europeas y españolas, Varaha es relevante por el contexto regulatorio. La Directiva de Reporte de Sostenibilidad (CSRD), la taxonomía verde y las futuras normas sobre declaraciones ambientales están elevando el listón: los créditos de baja calidad ya no valen para presumir de “cero neto”. Se necesitan remociones robustas, con buena trazabilidad y estándares reconocidos.
Ahí Varaha ofrece una propuesta tentadora: créditos generados en países de renta media o baja, pero validados por registros aceptados en Europa, a un coste inferior al que tendría un proyecto similar en el continente. Para sectores con pocas alternativas – aviación, seguros, parte de la industria pesada – es difícil resistirse.
Al mismo tiempo, la futura normativa europea sobre “green claims” y la presión de consumidores en España, México, Chile o Colombia complicarán los mensajes de “producto neutro en carbono” basados exclusivamente en proyectos lejanos. Las empresas tendrán que mostrar reducciones reales en su cadena de valor y usar remociones como complemento, no como sustituto.
En el mundo hispanohablante hay, además, una dimensión competitiva: América Latina también es Sur Global. Países como Brasil, Perú, Colombia o México tienen potencial enorme en agricultura regenerativa, biochar y soluciones basadas en bosques. Si plataformas como Varaha ganan escala y confianza de los compradores, pueden convertirse tanto en rivales como en socios para desarrolladores latinoamericanos.
Mirando hacia adelante
Si Varaha ejecuta bien su estrategia, podemos anticipar varios movimientos en los próximos años.
1. Menos artesanos, más plataformas.
El mercado tenderá hacia unas pocas plataformas globales que integran diferentes rutas de eliminación, múltiples países y un stack de MRV común. El programa industrial de Varaha para biochar apunta a un modelo de “marca blanca climática”: ellos ponen metodología, datos y acceso a compradores; los socios locales, la biomasa y la infraestructura.
2. Mayor escrutinio al “carbono del Sur”.
ONG y comunidades locales en Asia, África y América Latina exigirán más transparencia en la distribución de ingresos, derechos sobre la tierra y efectos colaterales. Los reguladores europeos – y también los latinoamericanos – empezarán a mirar no solo el PDF del registro, sino cómo se toman decisiones sobre prácticas agrícolas, uso de agua o biodiversidad.
3. Integración en la estrategia corporativa, no en filantropía.
Como señala el propio CEO de Varaha, los créditos de carbono ya son un coste operativo. Eso implica procesos de compra más sofisticados: comparativas entre tecnologías, cláusulas por riesgo regulatorio, exigencia de garantías de permanencia. Si Varaha consigue mantener precios bajos con alto estándar de verificación, marcará una referencia de mercado que condicionará a todos.
Quedan incógnitas importantes: ¿qué pasa si un cambio político en un país clave altera el marco de los proyectos? ¿Cómo se gestionan las eventuales fugas de carbono (por ejemplo, cambios de uso de suelo vecinos)? ¿Aceptarán los gobiernos del Sur Global que una parte significativa de su “capital natural” se empaquete y exporte en forma de créditos?
Conclusión
Varaha es una señal temprana de que la eliminación de carbono podría seguir el mismo camino que la manufactura o el software: diseño y demanda en el Norte, ejecución a gran escala en el Sur. Para empresas europeas e hispanoamericanas, abre una vía para cumplir objetivos climáticos a menor coste, pero también un espejo incómodo sobre quién asume los riesgos y el trabajo en terreno. La cuestión de fondo es si vamos a construir una nueva cadena de valor climática más justa y transparente, o si repetiremos, ahora con créditos de carbono, las asimetrías de siempre.



