SandboxAQ, el ambicioso spin-off cuántico de Alphabet, ya no solo presume de inversores estrella y rondas millonarias. Ahora también está en el centro de una batalla legal cargada de acusaciones de sexo, dinero y poder en Silicon Valley.
La empresa, que aplica inteligencia artificial a tecnologías cuánticas y de seguridad, respondió el viernes con dureza a una demanda laboral presentada en diciembre por Robert Bender, su antiguo jefe de gabinete. Bender trabajó directamente con el CEO Jack Hidary entre agosto de 2024 y julio de 2025.
Según la demanda, obtenida por TechCrunch, Bender alega despido improcedente después de haber denunciado internamente dos tipos de conductas supuestamente irregulares:
- que Hidary habría utilizado recursos de la compañía y dinero de inversionistas para “solicitar, transportar y entretener a acompañantes femeninas”, incluyendo, según un mensaje de texto adjunto, prostitutas;
- que SandboxAQ habría presentado cifras de ingresos diferentes al consejo de administración y a potenciales inversores, permitiendo a Hidary vender decenas de millones de dólares en acciones a un precio inflado.
SandboxAQ niega todo y contraataca, pintando a Bender como un mentiroso reincidente que estaría usando los tribunales como herramienta de presión.
“La demanda es una completa fabricación”
En su escrito de respuesta, los abogados de SandboxAQ califican a Bender de “serial liar” y afirman que su demanda “asserts false claims for improper and extortionate purposes” (plantea afirmaciones falsas con fines impropios y extorsivos).
Orin Snyder, socio de la poderosa firma Gibson Dunn y abogado de la compañía, declaró a TechCrunch: “This case is a complete fabrication. We look forward to debunking these baseless allegations and exposing the lawsuit — as detailed in our answer — for what it is — an opportunistic and extortionate abuse of the judicial process.”
Sobre el frente financiero, la defensa de SandboxAQ sostiene que:
- “The Company did not make fraudulent disclosures to investors regarding its tender offer or otherwise.”
- “The CEO did not misuse corporate assets.”
- “Plaintiff invented these inflammatory allegations to manufacture statutory claims and to insulate himself from the consequences of his own misconduct.”
Bender, por su parte, asegura en la demanda que solo acudió a los tribunales después de que su despido fuera seguido por una supuesta campaña “de tierra quemada” para destruir su reputación.
Nadie, ni juez ni jurado, ha validado aún ninguna de las versiones. El caso está en fases iniciales.
Redacciones inusuales sobre supuestos encuentros sexuales
Un detalle clave de la demanda ha llamado especialmente la atención en los círculos legales del Valle: las partes censuradas.
Los abogados de Bender explican en otro documento que los fragmentos tachados “describen encuentros sexuales y el estado físico de personas que no son parte del litigio, observados por el demandante durante viajes de negocios”. Es decir, las escenas más explícitas afectan a terceros que no están siendo demandados.
Lo extraño es quién pidió la censura. Normalmente son los demandados quienes presionan para ocultar detalles sensibles; esta vez ha sido el propio demandante.
Como señala TechCrunch, hay distintas lecturas posibles: desde la voluntad de proteger a personas ajenas al conflicto hasta una maniobra de presión, insinuando que podrían salir a la luz detalles más dañinos si no hay un acuerdo satisfactorio. En este caso concreto, el medio no pudo aclarar cuáles son las motivaciones reales.
Lo que sí se conoce, por las partes no redactadas, es que Bender acusa a Hidary de usar recursos corporativos y fondos de inversores para financiar relaciones personales, incluyendo vuelos de mujeres en viajes supuestamente de negocios. SandboxAQ rechaza tajantemente estas acusaciones.
Cuentas y promesas: el otro frente del conflicto
El segundo gran bloque de la demanda gira en torno a los números de SandboxAQ.
Bender sostiene que las cifras de ingresos presentadas al consejo de administración eran aproximadamente un 50 % inferiores a las mostradas a inversores potenciales, y que Hidary vendió decenas de millones de dólares en acciones en una operación secundaria aprovechando esas cifras supuestamente infladas.
La empresa insiste en que “no realizó comunicaciones fraudulentas a los inversores en relación con su oferta de recompra ni en ningún otro contexto” y que no hubo mal uso de activos corporativos.
Muchas de estas afirmaciones recuerdan a un reportaje de investigación publicado por The Information en julio. Según fuentes anónimas citadas entonces, Hidary habría usado recursos de la empresa para volar en jets corporativos con mujeres con las que salía, y los ingresos reales de SandboxAQ estarían muy por debajo de las propias proyecciones de la compañía.
Bender menciona ese artículo en su demanda, pero niega haber sido fuente. SandboxAQ responde acusándolo de lo contrario y de mentir sobre su papel. De nuevo, será el proceso judicial el que tenga que aclarar quién dice la verdad.
Un ‘moonshot’ con nombres muy grandes en el cap table
Más allá del morbo, el caso importa porque afecta a una de las apuestas más llamativas que han salido del laboratorio de Google en los últimos años.
SandboxAQ nació como proyecto interno de Alphabet centrado en combinar IA y tecnologías cuánticas, y se escindió como empresa independiente en marzo de 2022 con Hidary como CEO.
En poco tiempo atrajo a pesos pesados de la tecnología y las finanzas:
- Eric Schmidt, ex CEO de Google y expresidente de Alphabet, invirtió y se convirtió en presidente del consejo de SandboxAQ.
- También han invertido el CEO de Salesforce, Marc Benioff; el inversor Jim Breyer; y Ray Dalio, fundador del hedge fund Bridgewater.
En abril de 2025, SandboxAQ cerró una ronda Serie E de más de 450 millones de dólares con Dalio, Horizon Kinetics, BNP Paribas, Google y Nvidia, entre otros, y anunció además una venta secundaria de 90 millones de dólares. La empresa afirma haber recaudado 1.000 millones de dólares en total y, según estimaciones de PitchBook, tendría una valoración de 5.750 millones.
Para un ecosistema hispanohablante cada vez más conectado con el capital global, el caso ilustra algo que en Silicon Valley se conoce bien: cuando hay miles de millones, datos sensibles y figuras de alto perfil en juego, los conflictos laborales dejan de ser un asunto privado.
Normalmente, las cláusulas de arbitraje en los contratos de empleados mantienen este tipo de disputas fuera del foco público. Aquí, sin embargo, el choque se está ventilando en los tribunales ordinarios, convirtiendo el “trapo sucio” interno en material de dominio público.
Lo que viene ahora
Bender pide indemnizaciones por despido improcedente y por el daño que, según él, la empresa habría causado a su reputación. SandboxAQ busca que se desestimen las reclamaciones y que el tribunal deje claro que las acusaciones son falsas.
Si no hay acuerdo extrajudicial, un jurado tendrá que decidir qué parte resulta más creíble y qué peso tienen las pruebas adicionales que puedan aparecer, desde los detalles tras las redacciones hasta la documentación financiera.
Mientras tanto, SandboxAQ se juega algo más que titulares incómodos: en un sector donde la confianza de los inversores es tan crítica como la tecnología, el veredicto social puede llegar mucho antes que el judicial.



