Titular e introducción
Mientras el mundo habla del déficit de GPUs, el verdadero cuello de botella de la IA empieza a estar en otro sitio: en los enlaces ópticos que conectan esos chips. Tres exingenieros de SpaceX acaban de levantar una ronda importante para atacar precisamente esa capa olvidada. Su startup, Mesh Optical Technologies, quiere fabricar en masa transceptores ópticos en Estados Unidos y reducir la dependencia de una cadena de suministro dominada por China.
No es solo otra historia de “ex‑SpaceX recauda millones”. Es una señal de que la próxima fase de la carrera de la IA se decidirá en la eficiencia energética, las interconexiones y la geopolítica, no solo en el tamaño de los modelos. Y eso tiene implicaciones directas para Europa y para los mercados hispanohablantes.
La noticia en breve
Según informa TechCrunch, Mesh Optical Technologies, con sede en Los Ángeles, ha cerrado una ronda Serie A de 50 millones de dólares liderada por Thrive Capital. La compañía fue fundada por tres veteranos de SpaceX –Travis Brashears (CEO), Cameron Ramos (presidente) y Serena Grown‑Haeberli (VP de producto)– que trabajaron anteriormente en los enlaces láser que mantienen conectada la constelación de satélites Starlink.
Mesh se centra en fabricar transceptores ópticos: módulos que convierten señales de luz en fibras o enlaces láser en señales eléctricas para servidores y aceleradores. Estos componentes son clave para unir grandes clústeres de GPUs usados en el entrenamiento e inferencia de modelos de IA. TechCrunch recuerda que un proveedor estadounidense ya establecido, AOI, consiguió el año pasado un contrato de unos 4.000 millones de dólares para suministrar este tipo de hardware a los centros de datos de AWS.
El plan de Mesh es alcanzar una producción de alrededor de 1.000 unidades diarias en el plazo de un año, con la vista puesta en contratos de gran volumen a partir de 2027‑2028. Los fundadores y sus inversores subrayan que quieren una cadena de suministro fuera de China y apostar por fabricación altamente automatizada en EE. UU. El diseño actual de sus módulos elimina además un componente habitual pero muy derrochador en energía, lo que podría reducir el consumo de los clústeres de GPUs en varios puntos porcentuales.
Por qué importa
Durante el último año, casi toda la conversación sobre infraestructura de IA se ha centrado en la escasez de GPUs. Pero, en los grandes despliegues, el límite real del sistema se está desplazando de la potencia de cálculo a la interconexión: ancho de banda, latencia y energía por bit. Los transceptores ópticos se encuentran exactamente en ese punto crítico.
Cada GPU en un clúster de entrenamiento de última generación necesita varios módulos ópticos. TechCrunch recoge el cálculo de los fundadores: un clúster de un millón de GPUs puede requerir varios millones de transceptores. Aunque NVIDIA, AMD y compañía consigan suministrar todos los chips deseados, la capacidad de entrenar modelos gigantes seguirá condicionada por la velocidad y eficiencia con la que esos chips se comunican.
Ahí es donde Mesh intenta diferenciarse. Si sus diseños realmente reducen el consumo de un clúster en un 3–5 %, a escala de un hiperescalador eso es enorme. Hablamos de centros de datos con cientos de megavatios de potencia contratada. Unos pocos puntos porcentuales pueden marcar la diferencia entre un proyecto viable o inviable ante reguladores, comunidades locales y operadores de red.
Los principales beneficiados serían:
- Hiperescaladores y laboratorios de IA, que ganan rendimiento por vatio y alternativas en un segmento de la cadena con poca diversidad de proveedores.
- Gobiernos de EE. UU., que pueden exhibir infraestructura crítica de IA fabricada fuera de China.
Los potenciales perjudicados:
- Fabricantes actuales de módulos ópticos, sobre todo proveedores chinos que hoy dominan el volumen.
- Clientes de la nube, que podrían ver precios algo más altos si las cadenas “seguras” occidentales resultan más caras.
La idea de fondo es clara: estamos viendo política industrial disfrazada de startup de deep tech. El reto tecnológico es real, pero el momento elegido está marcado por el miedo de los gobiernos a depender de rivales geopolíticos para piezas críticas de la IA.
El panorama más amplio
Mesh encaja en varias tendencias recientes del sector de la IA y de los centros de datos.
Primero, la competencia se está desplazando hacia la capa de red. Tras la fiebre de las GPUs llegaron los chips personalizados (TPU, Trainium, etc.). Ahora la batalla se traslada a los switches, al routing y a la óptica avanzada: co‑packaged optics, módulos de muy alta velocidad, topologías específicas para entrenamiento distribuido. El rendimiento de los grandes modelos de lenguaje depende cada vez más de tratar miles de aceleradores como si fueran un único ordenador lógico. Eso es, esencialmente, un problema de interconexión.
Segundo, vemos una migración de las radiofrecuencias a la fotónica. Dentro de los centros de datos, el cobre pierde rápidamente la batalla más allá de unos pocos metros. Entre centros, los enlaces láser de espacio libre –como los que conocen bien los fundadores de Mesh por Starlink– empiezan a complementar a los cables submarinos y las microondas.
Tercero, Mesh es parte de la ola de relocalización y “friend‑shoring”. El CHIPS Act de EE. UU. se ha centrado en semiconductores, pero los reguladores han descubierto que el eslabón más crítico de la cadena de IA no siempre es el chip, sino los módulos que lo rodean: óptica, empaquetado avanzado, electrónica de potencia, con mucho know‑how concentrado en China.
Hay paralelismos históricos. A principios de los 2000, empresas como Ciena o Alcatel transformaron las redes de telecomunicaciones con DWDM, multiplicando la capacidad de cada fibra. Hoy estamos en una encrucijada equivalente dentro del centro de datos: construimos superordenadores a base de piezas “commodity”, y la red óptica que los une marca el límite de velocidad.
Frente a gigantes como Broadcom, Marvell o las divisiones de fotónica de Intel y Cisco, Mesh es minúscula. Pero precisamente por eso resulta interesante para el ecosistema. Si una nueva generación de startups aplica el enfoque “SpaceX” –iteración rápida de hardware, integración estrecha entre diseño y fábrica– a la fotónica de alto volumen, la curva de costes de la óptica de gama alta podría empezar a parecerse más a la de los cohetes reutilizables que a la de las viejas telcos.
La perspectiva europea e hispana
Desde Europa y desde los mercados hispanohablantes, la narrativa de Mesh plantea una mezcla de amenaza y oportunidad.
La UE lleva años hablando de soberanía digital y de datos: GAIA‑X, los proyectos IPCEI, el Reglamento de Servicios Digitales (DSA), el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) y ahora la futura Ley de IA. Sin embargo, la infraestructura física sobre la que se ejecutarán los modelos europeos sigue dependiendo de chips estadounidenses y componentes ensamblados en Asia.
Paradójicamente, Europa es muy fuerte en fotónica: centros como imec, Fraunhofer o CEA‑Leti; empresas como Nokia, Ericsson, STMicroelectronics, Infineon, AMS‑Osram; clústeres ópticos en Alemania, Países Bajos, Francia o los países nórdicos. España y varios países latinoamericanos también cuentan con un tejido emergente en comunicaciones ópticas y centros de datos (Madrid, Querétaro, Santiago, São Paulo). Pero buena parte de este know‑how no está todavía volcado en los requisitos extremos de la IA a hiperescala.
Si startups estadounidenses comienzan a posicionar la óptica como cuestión de seguridad nacional, Europa y América Latina tienen tres opciones realistas:
- desarrollar campeones locales en interconexión óptica para IA, aprovechando el impulso del EU Chips Act y los programas de digitalización en la región;
- integrarse en la cadena de suministro de actores como Mesh como socios de fabricación o diseño;
- o resignarse a una doble dependencia: de nubes estadounidenses y de su nueva cadena “no china”.
La regulación europea –DSA, DMA, GDPR y la futura Ley de IA– empujará además hacia infraestructuras más eficientes y transparentes, con mayor escrutinio sobre consumo energético y huella de carbono. En España, por ejemplo, los debates sobre el impacto de los centros de datos en la red eléctrica de Madrid o Aragón ya son intensos. En América Latina, la presión vendrá de la capacidad de red y de la estabilidad de las infraestructuras.
En este contexto, un módulo capaz de ahorrar unos puntos de consumo puede convertirse en un argumento de venta tanto para cumplir objetivos climáticos como para ganar licencias y permisos. La pregunta es si los actores europeos e hispanos participarán en esa ola de innovación o se limitarán a comprarla hecha.
Mirando hacia adelante
El futuro de Mesh Optical dependerá de varias incógnitas clave.
¿Podrán ejecutar una fabricación totalmente automatizada a escala? La “lights‑out manufacturing” en fotónica es compleja, y buena parte del conocimiento práctico reside hoy en China. Si Mesh logra replicarla en EE. UU. para 2027‑2028, se convertirá en caso de estudio para la reindustrialización occidental.
¿Cuánto valora el mercado la resiliencia geopolítica? Los hiperescaladores son extremadamente agresivos en costes. Los ahorros energéticos y la diversificación de proveedores tendrán que ser significativos para justificar un posible sobreprecio.
¿Cómo evolucionarán las arquitecturas de clúster de IA? Si las co‑packaged optics y nuevas topologías se imponen rápido, la ventana para los módulos “clásicos” podría ser más corta de lo que parece. La experiencia de los fundadores en ciclos rápidos de hardware será aquí un activo.
¿Qué harán los reguladores? Las restricciones a la exportación de hardware crítico para IA se están endureciendo. Los transceptores ópticos podrían quedar bajo el mismo paraguas que las GPUs de gama alta, lo que a la vez protegería a Mesh en Occidente y complicaría su expansión global.
En los próximos 12–24 meses conviene vigilar:
- nuevas rondas de financiación en startups de redes y fotónica ligadas a IA;
- un cambio de discurso en los proveedores de nube, de “tenemos X GPUs” a “tenemos Y TB/s y Z % menos consumo por token”;
- cómo la UE y los gobiernos latinoamericanos incluyen la capa óptica en sus estrategias de chips e infraestructura digital.
Para empresas en España y América Latina que están planificando inversiones en IA, la lección práctica es clara: la óptica ya no es un commodity. Es una palanca estratégica de coste, rendimiento y soberanía.
Conclusión
Mesh Optical Technologies es una empresa pequeña con una tesis grande: el futuro de la IA no se jugará solo en los modelos, sino en quién controla la fibra y los láseres que unen las GPUs. Su ronda de 50 millones de dólares, descrita por TechCrunch, es una apuesta a que la fotónica, la eficiencia energética y la geopolítica marcarán el próximo cuello de botella. La cuestión para Europa y para el mundo hispanohablante es si veremos los enlaces ópticos como un simple componente de catálogo o como parte crítica de nuestra autonomía tecnológica.



