La ofensiva mediática de Tether: cuando un stablecoin actúa como banco central en la sombra

1 de febrero de 2026
5 min de lectura
El CEO de Tether Paolo Ardoino hablando en un escenario con gráficos de monedas digitales al fondo

La ofensiva mediática de Tether: cuando un stablecoin actúa como banco central en la sombra

Que Paolo Ardoino aparezca la misma semana en Fortune, Bloomberg, Reuters y TechCrunch no es casualidad. El CEO de Tether está aprovechando un momento clave: su empresa ya no es solo un token polémico usado en exchanges cripto, sino una pieza crítica de la circulación global de dólares y, cada vez más, un inversor agresivo en oro, IA e infraestructuras. Para los mercados hispanohablantes –de Madrid a Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá– esto importa mucho más de lo que parece: Tether es, de facto, la cuenta en dólares de millones de personas fuera del sistema bancario tradicional.


La noticia en breve

Según TechCrunch, Tether ha lanzado esta semana USAT, un nuevo stablecoin regulado en EE. UU. y emitido a través de Anchorage Digital Bank. El objetivo es claro: ajustarse a las nuevas normas federales estadounidenses y competir frontalmente con USDC, el token de Circle, en el propio mercado norteamericano.

Mientras tanto, Fidelity ha presentado su propio stablecoin, sumándose a JPMorgan y PayPal en una carrera creciente por emitir dólares tokenizados. El token clásico de Tether, USDT, no cumple con las nuevas exigencias de EE. UU., pero sigue siendo el líder global con unos 187.000 millones de dólares en circulación y más de 500 millones de usuarios.

TechCrunch detalla que Tether colabora con cientos de agencias de seguridad en más de 60 países, ha congelado miles de millones en tokens ligados sobre todo a estafas y hackeos, y dispone de más de 30.000 millones de dólares en reservas excedentarias gestionadas por Cantor Fitzgerald. Además, la compañía invierte masivamente en oro físico, la empresa alemana de robótica e IA Neura, la red social Rumble, satélites, centros de datos, agricultura y una plataforma de IA descentralizada llamada Qvac, lo que ha llevado a algunos medios a compararla con un fondo soberano… sin Estado detrás.


Por qué importa

La ofensiva mediática de Ardoino no va solo de limpiar reputación; va de fijar el relato antes de que lo hagan los reguladores. Tether se ha convertido en uno de los principales emisores de «dólares sintéticos» del mundo, sin ser banco, sin seguro de depósitos y sin rendir cuentas a un parlamento. En países como Argentina, Venezuela o Turquía, USDT es muchas veces la única forma práctica de ahorrar en dólares. Eso convierte a Tether en sistémico, le guste o no a Washington, Bruselas o los bancos centrales latinoamericanos.

El gran beneficiado es el propio Tether. Con USAT, emitido desde un banco regulado y acompañado de una narrativa de cooperación con el FBI, el Servicio Secreto y la oficina de sanciones, Tether lanza un mensaje muy claro a EE. UU.: «Somos útiles para el poder del dólar, no nos excluyas». Si los legisladores aceptan ese papel, Tether puede consolidarse como la tubería privada por la que circulan dólares hacia el Sur global, mientras mantiene el extremadamente rentable negocio offshore de USDT.

Los perdedores son variados. Los pequeños emisores de stablecoins tienen cada vez menos espacio frente a gigantes como Tether, Circle, Fidelity o JPMorgan. La banca tradicional ve cómo una parte de los depósitos –sobre todo los vinculados a comercio internacional, remesas y cripto– se escapa hacia tokens que se mueven 24/7 sin sucursales ni SWIFT. Y Circle, presentado durante años como la alternativa «respetable» a Tether, de pronto compite contra Wall Street por un lado y contra un Tether que deja de ser paria por otro.

Para los bancos centrales de América Latina, el problema es aún más delicado: cada vez más ciudadanos usan un «dólar digital» emitido por una entidad privada en el extranjero, fuera del control local. Es dolarización, pero sin la Reserva Federal al otro lado, sino una empresa con incentivos puramente comerciales.


El panorama más amplio

Tres tendencias ayudan a situar este movimiento.

Primero, la institucionalización de los stablecoins. Lo que nació como experimento cripto hoy es un producto estratégico para grandes instituciones: JPMorgan, PayPal, Fidelity, Circle… y Tether. En paralelo, los bancos centrales preparan monedas digitales oficiales. El resultado es un sistema monetario híbrido donde conviven monedas emitidas por Estados y por corporaciones, con zonas grises en medio.

Segundo, la oleada regulatoria. La UE ya ha aprobado MiCA; EE. UU. debate leyes como el CLARITY Act, que prohibiría pagar intereses sobre saldos en stablecoins; Reino Unido, Hong Kong, Singapur y otros centros financieros definen sus propias reglas. En ese mapa, Tether intenta no quedar ni totalmente expulsado ni totalmente domesticado: USAT para encajar en EE. UU., USDT para seguir dominando en mercados menos regulados.

Tercero, la expansión hacia la infraestructura y la IA. Los millones que Tether destina a oro, Neura, Rumble, satélites, centros de datos y Qvac no son caprichos desconectados. Configuran un proyecto más ambicioso: controlar no solo el dinero que se mueve por la red, sino también parte de la computación, de las comunicaciones y de la capa de contenido. Qvac, una IA pensada para ejecutarse localmente en smartphones en África o América Latina, financiada y conectada vía USDT, encaja perfectamente en esa visión.

Históricamente hemos visto algo parecido con conglomerados en economías emergentes o con las grandes plataformas de Silicon Valley, que se convirtieron de facto en servicios públicos digitales. La diferencia es que Tether no tiene un «regulador de origen» tan claro: opera entre jurisdicciones y se apoya en agujeros de coordinación internacional. Eso lo hace resistente a la presión, pero también muy difícil de rescatar o reconducir si algo sale mal.


El ángulo europeo e hispano

Para Europa, Tether es un dilema. Por un lado, buena parte de la liquidez global en cripto –a la que acceden exchanges en España, Francia, Alemania o Estonia– se articula alrededor de pares con USDT. Incluso si un usuario de Barcelona solo opera en euros, el precio y la profundidad de mercado que ve dependen fuertemente de lo que ocurra en los mercados de USDT.

Por otro lado, la UE quiere reducir la dependencia de dólares privados. MiCA impone requisitos muy estrictos a los stablecoins «significativos» y prevé límites de uso para tokens ligados a monedas de fuera de la zona euro cuando se utilicen como medio de pago dentro del bloque. El mensaje político es claro: menos dominancia del «cripto-dólar», más espacio para el euro (incluido un futuro euro digital).

En España, la CNMV y el Banco de España ya han endurecido el tono frente a la publicidad cripto y los riesgos de los stablecoins. En América Latina la realidad es distinta: en países con alta inflación, Tether es percibido menos como un activo especulativo y más como una tabla de salvación frente a monedas que se devalúan año tras año. La tensión es evidente: Bruselas quiere frenar el dominio del dólar tokenizado, mientras millones de usuarios latinoamericanos dependen cada vez más de USDT para proteger sus ahorros.

Para empresas hispanohablantes –desde fintechs madrileñas hasta startups de Bogotá o Montevideo– la cuestión práctica es cómo seguir accediendo a la enorme liquidez de USDT sin chocar con MiCA, regulaciones locales de valores, normas de protección de datos y futuras leyes sobre IA.


Mirando hacia adelante

En los próximos 2–3 años, varias piezas se moverán a la vez.

  • Marco legal en EE. UU.: si el Congreso aprueba una ley clara sobre stablecoins, Tether tendrá que decidir hasta qué punto convierte USAT en su cara «oficial» y deja USDT como producto para mercados de mayor riesgo regulatorio.
  • Aplicación de MiCA en la UE: cuando la ESMA y la EBA empiecen a designar tokens «significativos» y a autorizar emisores, veremos si USDT se enfrenta a límites fuertes para usuarios europeos. Eso afectará también a exchanges que atienden a clientes en España.
  • Estabilidad financiera: hasta ahora, Tether ha sobrevivido a corridas bancarias, a la caída de Terra, a la volatilidad de 2023 y a críticas de agencias de rating. El verdadero test llegará si se combina una bajada brusca de tipos de interés con correcciones en los mercados de bonos y oro, donde Tether concentra buena parte de sus reservas.
  • Estrategia de IA e infraestructura: Qvac y las inversiones en Neura, satélites y centros de datos definirán si Tether se convierte en algo cercano a un «Estado plataforma» para regiones enteras o si se dispersa en demasiados frentes. Para Europa y América Latina, eso marcará si la próxima generación de servicios de IA y pagos se construye sobre infraestructuras públicas/abiertas o sobre rails controlados por un único actor privado.

La conclusión

La ofensiva mediática de Tether es la confesión de que el juego ha cambiado: de ser un instrumento polémico en exchanges cripto, ha pasado a operar como una especie de banco central en la sombra para cientos de millones de usuarios. Ahora la pelota está en el campo de los reguladores en Washington, Bruselas y las capitales latinoamericanas: ¿integrar y supervisar de forma estricta a actores como Tether, o empujar a los usuarios hacia alternativas –quizá menos eficientes– pero bajo mayor control público? Y, como usuarios, ¿estamos dispuestos a que la «cuenta en dólares de internet» dependa de una sola empresa cuyo principal deber es con sus accionistas, no con nosotros?

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