Utah acaba de cruzar una línea que muchas personas en sanidad veían venir, pero no tan rápido.
El estado ha puesto en marcha un programa piloto en el que una inteligencia artificial puede renovar recetas de medicamentos sin supervisión directa de un médico humano. Para organizaciones de defensa del paciente, es un experimento “peligroso”.
El laboratorio regulatorio de Utah y Doctronic
El proyecto se encuadra en el llamado “regulatory sandbox” del estado, un entorno de pruebas que permite a empresas ofrecer servicios “innovadores” mientras se relajan temporalmente ciertas normas estatales.
El socio elegido es Doctronic, una startup de telemedicina que gira en torno a un chatbot, presentado como “AI doctor”.
Hoy, Doctronic ofrece este recorrido básico:
- El paciente chatea gratis con el médico de IA.
- Si quiere seguir adelante, paga 39 dólares por una cita virtual con un médico con licencia en su estado.
- Para llegar al humano, primero tiene que pasar sí o sí por el bot.
En un preprint no revisado por pares, basado en 500 casos de telemedicina en su plataforma, la empresa asegura que:
- El diagnóstico de la IA coincidió con el de un clínico en el 81 % de los casos.
- El plan de tratamiento fue “consistente” con el del médico en el 99 %.
Son cifras llamativas, pero todavía no han pasado por el filtro de una revista científica.
Qué cambia para los pacientes de Utah
En Utah, el chatbot da ahora un paso más: puede renovar recetas por su cuenta.
Así funcionará el piloto:
- El paciente inicia sesión y verifica que reside en Utah.
- La IA accede a su historial de recetas.
- Muestra una lista de medicamentos aptos para renovación.
- El paciente pide la renovación y la IA puede aprobarla, a cambio de una tarifa de servicio de 4 dólares.
Según Politico, el sistema solo podrá renovar recetas de 190 medicamentos frecuentes para enfermedades crónicas.
Quedan fuera algunos grupos clave:
- Analgésicos
- Medicación para el TDAH
- Fármacos inyectables
No es, por tanto, una barra libre de prescripciones, sino un experimento acotado a un conjunto concreto de tratamientos de uso crónico.
Revisión humana limitada… y luego nada
Utah y Doctronic han establecido una fase de supervisión inicial.
Para cada clase de fármaco, las primeras 250 renovaciones pasarán por revisión de médicos reales. A partir de ahí, el chatbot tendrá vía libre para decidir solo.
Adam Oskowitz, cofundador de Doctronic y profesor en la University of California, San Francisco, explicó a Politico que la IA está diseñada para pecar por exceso de prudencia y escalar a un médico cualquier caso dudoso.
Desde el lado regulador, Margaret Woolley Busse, directora ejecutiva del Utah Department of Commerce, defendió el enfoque: “Utah’s approach to regulatory mitigation strikes a vital balance between fostering innovation and ensuring consumer safety”, afirmó en un comunicado.
La apuesta de Utah es clara: usar el sandbox para estirar los límites de la IA en salud, pero con algunas barandillas… al menos al principio.
¿Dónde entra la FDA?
Otra gran incógnita es el papel de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).
Por un lado, la renovación de recetas forma parte del ejercicio de la medicina, que en Estados Unidos se regula principalmente a nivel estatal.
Por otro, la FDA ha señalado que tiene autoridad sobre los dispositivos médicos que diagnostican, tratan o previenen enfermedades, lo que incluye software.
La pregunta incómoda: ¿en qué momento un bot que decide qué medicación puede seguir tomando un paciente se convierte en un dispositivo médico regulado y no solo en una herramienta dentro de un experimento estatal?
De momento, no está claro si la FDA intervendrá en el caso de Utah.
“Un primer paso peligroso”
Las organizaciones de vigilancia no quieren esperar a averiguarlo.
En una declaración, Robert Steinbrook, director del grupo de investigación en salud de la organización Public Citizen, arremetió contra el modelo de Doctronic y la falta de supervisión federal.
“AI should not be autonomously refilling prescriptions, nor identifying itself as an ‘AI doctor’”, afirmó.
Y añadió: “Although the thoughtful application of AI can help to improve aspects of medical care, the Utah pilot program is a dangerous first step toward more autonomous medical practice. The FDA and other federal regulatory agencies cannot look the other way when AI applications undermine the essential human clinician role in prescribing and renewing medications.”
Ahí está la fractura principal: ¿es esta IA una forma sensata de reducir fricción y costes para quienes dependen de medicación crónica, o el inicio de un deslizamiento hacia una práctica médica cada vez más autónoma y menos humana?
Utah ya se ha decantado. El resto del país —y sus reguladores— mirarán de cerca qué ocurre cuando un “AI doctor” empiece a firmar renovaciones de recetas, una tras otra, por 4 dólares el clic.



