1. Titular e introducción
En 2020, gran parte de Silicon Valley prometió que iba a cambiar quién podía acceder al capital. Cinco años después, muchas de aquellas promesas suenan a campaña de marketing de temporada. La última señal llega desde Andreessen Horowitz (a16z): Kofi Ampadu, el socio que dirigía el programa Talent x Opportunity (TxO) para fundadores infrarrepresentados, deja la firma tras la pausa indefinida del programa.
No es solo un movimiento de recursos humanos. Es un termómetro de hasta qué punto los grandes fondos están dispuestos a sostener estructuras pensadas para apoyar a quienes no encajan en el molde típico del emprendedor de Silicon Valley. En este análisis veremos qué implica la salida de Ampadu para a16z, para el ecosistema global y para los emprendedores en Europa y América Latina.
2. La noticia en breve
Según informa TechCrunch, Kofi Ampadu envió un correo interno al equipo de a16z en el que anunciaba su salida del fondo. Ampadu lideraba Talent x Opportunity (TxO), un programa y vehículo de inversión lanzado en 2020 para respaldar a emprendedores que no tenían acceso a las redes tradicionales de la industria tecnológica.
TechCrunch recuerda que a16z decidió pausar TxO en noviembre de 2025 y despidió a la mayoría del personal asignado al programa. TxO se estructuraba a través de un donor‑advised fund, una figura filantrópica utilizada para canalizar capital hacia startups, y combinaba inversión con acceso a redes y apoyo operativo. En 2024 añadió además un programa de subvenciones para organizaciones sin ánimo de lucro que ayudan a fundadores diversos. Su última cohorte se celebró en marzo de 2025.
Tras la pausa, Ampadu pasó a trabajar en Speedrun, el acelerador más reciente de a16z. De acuerdo con TechCrunch, su salida probablemente marca el final práctico de la etapa TxO, en un contexto donde muchas grandes tecnológicas están revisando o reduciendo sus compromisos públicos con la diversidad, la equidad y la inclusión.
3. Por qué importa
Visto superficialmente, se trata de un socio que se va de un fondo. Pero en realidad estamos ante un síntoma de algo más profundo: la poca resistencia que tienen, dentro de las grandes gestoras, los experimentos pensados para cambiar de verdad el origen social, racial o geográfico de los fundadores financiados.
TxO representaba una apuesta ambiciosa: buscar talento fuera de las universidades de élite, de los ex‑big tech y de las recomendaciones de siempre. Era un intento explícito de cambiar el embudo de entrada del venture. Que el responsable de ese programa salga poco después de su paralización envía un mensaje nítido: la inclusión, en muchos fondos, sigue siendo un proyecto lateral, no el corazón de la tesis de inversión.
¿Quién gana? A corto plazo, a16z simplifica su historia y su asignación de recursos. Puede concentrarse en sus grandes fondos temáticos, en apuestas como la IA o el gaming, y en aceleradores como Speedrun. ¿Quién pierde? Precisamente las personas que TxO intentaba apoyar: fundadores con talento pero sin conexiones, que ahora ven cómo desaparece uno de los pocos mecanismos diseñados para ellos desde una gran marca de Silicon Valley.
Para los LPs y las corporaciones, TxO era también un experimento sobre si los donor‑advised funds podían ser una vía estable para financiar startups con componente social dentro de una plataforma de primer nivel. El hecho de que un caso tan visible se apague en silencio invita a pensar que, al menos en este ciclo, la respuesta es tibia.
4. El panorama más amplio
Para entender el movimiento hay que volver a 2020. Tras las protestas por el asesinato de George Floyd, se produjo una auténtica ola de compromisos: fondos específicos para fundadores negros o latinos, aceleradoras para «underestimated founders», promesas de miles de millones en créditos y compras a empresas lideradas por minorías. El venture se presentó como parte de la solución.
A partir de 2023, la marea empezó a bajar. En Estados Unidos, las inversiones etiquetadas como ESG sufrieron un fuerte desgaste político. Hubo demandas contra programas explícitamente dirigidos a determinados grupos raciales, y varios estados emprendieron cruzadas contra las políticas de diversidad en universidades y organismos públicos. En paralelo, la ola de despidos en tech se llevó por delante muchos equipos de DEI, casi siempre sin grandes titulares.
En ese contexto, la pausa de TxO y ahora la salida de Ampadu encajan perfectamente: cuando el entorno se complica, lo primero que se cuestiona son los vehículos que no encajan de forma obvia en la narrativa de «maximizar retorno». Es mucho más cómodo volver al discurso genérico de «invertimos en los mejores emprendedores» que mantener estructuras específicas que obligan a cambiar cómo se origina dealflow.
En comparación, otros fondos de primer nivel nunca llegaron tan lejos como a16z: se limitaron a contrataciones simbólicas, a escribir grandes cheques a iniciativas externas o a firmar manifiestos. Pero el destino parece similar: el foco se está desplazando de programas estructurados a una diversidad «integrada» pero, en la práctica, poco medible.
5. La mirada europea y latinoamericana
Para los ecosistemas de España, Europa y América Latina, esta historia no es ajena. Silicon Valley sigue marcando el tono de las conversaciones con LPs, fondos de fondos y corporaciones de todo el mundo. Si los grandes del valle envían la señal de que los programas específicos para fundadores diversos son prescindibles, muchos actores locales tendrán menos incentivos (y menos argumentos) para lanzar los suyos.
Europa ya arrastra un problema serio de concentración: la mayor parte del capital se queda entre Londres, Berlín y París, y fluye hacia un perfil de emprendedor bastante homogéneo. Las estadísticas de los últimos años muestran que los equipos formados solo por mujeres o mixtos apenas captan una fracción pequeña del total del VC europeo. Para fundadores negros o de ciertos orígenes migrantes, los porcentajes son todavía más reducidos.
En España y en América Latina, donde el mercado de capital riesgo es más joven y dependiente de inversores internacionales, el efecto demostración es aún más fuerte. Muchos fondos locales vendieron a sus LPs, en la ola post‑2020, la idea de que atender a segmentos desatendidos era una oportunidad de diferenciación. Si esa tesis pierde brillo en Estados Unidos, costará más convencer a quienes ponen el dinero de que merece la pena insistir.
Al mismo tiempo, la UE presume de un marco regulatorio (DSA, DMA, agenda de igualdad) que apunta hacia ecosistemas más justos. Pero gran parte de ese impulso viene de lo público; los grandes fondos privados europeos rara vez han montado algo comparable a TxO. El riesgo es que el discurso se quede en Bruselas, mientras en el terreno vuelven a mandar los viejos filtros informales.
6. Lo que viene ahora
¿Qué cabe esperar en los próximos años?
En los grandes fondos, es probable que veamos menos iniciativas con marca propia tipo TxO y más intentos de «diluir» la diversidad dentro de los productos existentes: scouts, plataformas de talento, programas de venture studio. Es una forma de reducir la exposición política y reputacional: si no hay un programa visible, tampoco hay un «fracaso visible» que cerrar.
Para los fundadores que no encajan en el perfil estándar, el aprendizaje es claro: no se puede construir una estrategia de financiación confiando en que un gran fondo estadounidense mantendrá un programa especial para ellos. La prioridad debería ser:
- identificar fondos especializados (a menudo más pequeños) para mujeres, comunidades afrodescendientes, latinas, migrantes, etc.;
- aprovechar mejor las herramientas públicas en Europa y LatAm: bancos de desarrollo, fondos de coinversión, programas de la UE;
- tejer redes transatlánticas: hay oportunidades en conectar capital europeo con talento latinoamericano y viceversa, fuera del radar de Silicon Valley.
Un punto clave será ver qué hace Ampadu a continuación. Si lanza su propio fondo o plataforma, puede convertirse en referencia para un modelo post‑TxO: estructuras más ligeras, gestionadas por equipos diversos, con LPs que realmente creen en esa tesis. También habrá que observar si aceleradoras como Speedrun incorporan, aunque sea de forma discreta, aprendizajes de TxO o si se limitan a competir por los mismos perfiles de siempre.
7. Conclusión
La salida de Kofi Ampadu de a16z y la congelación de TxO no son una anécdota: evidencian hasta qué punto los compromisos de diversidad de muchos fondos estaban condicionados por el clima político y de mercado. Para los ecosistemas de habla hispana, la lección es incómoda pero útil: no podemos depender de la buena voluntad cíclica de los mega‑fondos. La pregunta es si sabremos construir, desde Europa y América Latina, vehículos propios que traten la inclusión como una tesis central de inversión y no como un apéndice decorativo.



