Cuando el problema de la IA ya no son las GPU, sino los kilovatios
Durante dos años el relato fue claro: quien controlara las GPU controlaría la revolución de la IA generativa. La inversión de Google en Redwood Materials sugiere otra realidad incómoda: el siguiente cuello de botella no serán los chips, sino la electricidad capaz de alimentarlos de forma estable y limpia.
En este análisis veremos por qué Google y Nvidia se están metiendo en el negocio del reciclaje y la segunda vida de baterías, cómo esto puede redefinir la infraestructura de centros de datos, qué implicaciones tiene para Europa y los mercados hispanohablantes y por qué los sistemas de almacenamiento se están convirtiendo en la “nueva autopista” de la economía de la IA.
La noticia en pocas líneas
Según informa TechCrunch, Redwood Materials ha ampliado su ronda de financiación Serie E hasta los 425 millones de dólares. La ronda, anunciada inicialmente en octubre y liderada por el fondo Eclipse, ha incorporado ahora a nuevos inversores estratégicos, entre ellos Google. El brazo de capital riesgo de Nvidia, NVentures, ya participaba en la ronda junto con inversores existentes como Capricorn y Goldman Sachs.
TechCrunch señala, citando a una fuente cercana, que la valoración post‑money de Redwood supera los 6.000 millones de dólares. Con este cierre, la compañía acumula alrededor de 4.900 millones de dólares levantados desde su fundación. Creada por el ex director de tecnología de Tesla, JB Straubel, Redwood empezó como empresa de reciclaje de baterías de vehículos eléctricos y electrónica de consumo, recuperando materiales como litio y níquel para venderlos de nuevo a fabricantes de celdas.
En los últimos meses, Redwood ha lanzado la unidad “Redwood Energy”, dedicada a dar una segunda vida a los paquetes de baterías de EV como sistemas de almacenamiento estacionario. Estos pueden configurarse como microredes capaces de suministrar energía a centros de datos de IA y grandes instalaciones industriales. Según TechCrunch, Redwood ya procesa más del 70 % de los paquetes de baterías desechados en Norteamérica y aspira a desplegar 20 GWh de almacenamiento a escala de red para 2028.
Por qué esto importa
Esta ronda no es simplemente “más dinero para clima y sostenibilidad”. Es una señal clara de cómo piensan los gigantes tecnológicos sobre el riesgo sistémico de la IA.
El crecimiento de la demanda de cómputo para modelos de última generación está chocando con redes eléctricas diseñadas para otra época. Más allá de las emisiones, el problema es físico: capacidad de conexión, estabilidad del sistema y velocidad para construir nueva infraestructura. En ese contexto, la inversión en Redwood es, para Google y Nvidia, una forma de comprarse opciones.
Con baterías de segunda vida colocadas junto a los centros de datos, un operador puede:
- Romper límites de red: añadir racks de servidores en lugares donde el punto de conexión oficial ya está al máximo.
- Suavizar la factura: aprovechar horas baratas de electricidad y evitar picos que disparan el coste de entrenar modelos.
- Mejorar su perfil climático: almacenar excedentes de renovables y reducir el uso de diésel en generadores de respaldo.
Para Redwood, el movimiento significa pasar de un negocio empujado por regulaciones (reciclar porque la ley obliga) a uno impulsado por demanda directa: ser proveedor crítico de capacidad energética para los nuevos “templos” de la economía digital.
Los que pueden salir perdiendo son, al menos en parte, las eléctricas y operadores de red que daban por sentado que los hiperescaladores serían clientes cautivos. Si una parte creciente de la flexibilidad se gestiona detrás del contador, la lógica tradicional de planificación de redes y tarifas va a quedar obsoleta más rápido de lo previsto.
El contexto más amplio: IA, almacenamiento y cadenas circulares
El giro de Redwood encaja en tres tendencias que se refuerzan mutuamente.
1. La IA reescribe las curvas de demanda eléctrica.
En Europa, Estados Unidos y también en algunos países latinoamericanos, los operadores de red están revisando al alza sus previsiones de consumo por parte de centros de datos. La IA generativa convierte lo que era una carga relativamente predecible en un consumo más intenso y concentrado. Construir nuevas líneas de transmisión y generación lleva años; desplegar grandes sistemas de baterías puede hacerse en plazos mucho más cortos.
2. La “segunda vida” de las baterías por fin sale del laboratorio.
Durante años, la idea de reutilizar baterías de vehículos para almacenamiento estacionario se quedó en pilotos y notas de prensa. El desafío era estandarizar algo tan heterogéneo como miles de baterías usadas. Redwood parte con ventaja: ya gestiona el flujo de esos paquetes, dispone de procesos industriales de desmontaje y prueba, y ahora tiene capital para convertir ese flujo en productos repetibles y financiables.
3. La economía circular deja de ser solo cumplimiento normativo.
Redwood empezó cerrando el círculo de materiales; ahora añade el círculo del hardware. La misma empresa puede participar en la fabricación de cátodos, en el reciclaje al final de la vida útil y en ese “entre acto” donde la batería deja de ser móvil pero sigue siendo útil como reserva de energía. En un mundo con regulaciones estrictas de reporte ESG y políticas de “cero neto”, esa trazabilidad se convierte en argumento comercial, no solo en obligación.
En cuanto a competencia, Redwood entra en el terreno de Tesla (Megapack), de fabricantes chinos como CATL y BYD y de un ejército de desarrolladores de proyectos de almacenamiento. Su factor diferencial potencial es la materia prima: controlar un porcentaje tan alto de las baterías fuera de uso le da acceso prioritario a un recurso que otros tendrán que comprar a precio de mercado.
La mirada europea y latinoamericana
Para Europa, la jugada de Redwood toca varios nervios a la vez: transición energética, soberanía industrial y ambiciones en IA.
La UE quiere electrificar transporte y calefacción, aumentar la cuota de renovables y, al mismo tiempo, convertirse en polo de computación avanzada. Eso significa más demanda de electricidad justo cuando se cierran centrales térmicas y nucleares. El nuevo Reglamento de Baterías de la UE exige altos niveles de reciclaje y contenido reciclado, mientras el Pacto Verde y la reforma del mercado eléctrico empujan hacia sistemas más flexibles y limpios. La segunda vida de las baterías entra perfectamente en esta ecuación.
En el plano industrial, Europa ya cuenta con actores potentes en baterías y reciclaje (Northvolt, Umicore, Verkor, proyectos en España y Alemania), pero escasean las propuestas que unan de forma explícita esos activos con los grandes centros de datos. Ahí hay una oportunidad clara para operadores europeos que no quieran depender de soluciones importadas.
Para los mercados hispanohablantes de América Latina, el ángulo es distinto pero igual de estratégico. Países como Chile, Argentina y Bolivia concentran buena parte del “triángulo del litio”; México y Brasil están atrayendo fábricas de vehículos eléctricos y baterías. La pregunta es si la región seguirá exportando solo materias primas y celdas, o si aprovechará el auge de la IA y del almacenamiento para desarrollar cadenas de valor completas, incluyendo reciclaje y segunda vida.
Lo que viene
¿Qué podemos esperar a partir de ahora, a raíz de la entrada de Google en el capital de Redwood?
Más alianzas cruzadas. Veremos acuerdos entre operadores de centros de datos, utilities, fabricantes de baterías y fondos de infraestructura, tanto en Europa como en América. El modelo Redwood puede reproducirse con actores locales si hay voluntad política y capital paciente.
Debate regulatorio intenso. En la UE, el Reglamento de Baterías, la Taxonomía Verde y el futuro Acta de Industria de Cero Neto condicionarán cómo se clasifican y financian estos activos. En América Latina, las normas sobre residuos peligrosos y concesiones eléctricas serán claves para que la segunda vida despeque o se estanque.
Búsqueda de modelos de negocio sostenibles. ¿Vender sistemas “llave en mano”? ¿Operar microredes y cobrar por kilovatio‑hora? ¿Ofrecer flexibilidad al mercado mayorista? La opción elegida determinará qué tipo de inversores entran y qué tan estable es el flujo de ingresos.
Competencia por el talento y la narrativa. Para muchos ingenieros y emprendedores, el cruce entre IA y energía será el nuevo territorio atractivo. Y las empresas que sepan contar bien esta historia —como solución climática y de soberanía digital— tendrán ventaja para captar talento y apoyo político.
A corto plazo, probablemente veremos unos cuantos proyectos emblemáticos: campus de IA con grandes campos solares, turbinas eólicas cercanas y baterías de segunda vida como “colchón”. Hacia finales de la década, un centro de datos importante sin almacenamiento significativo en sitio empezará a verse como una anomalía.
En resumen
La inversión de Google convierte a Redwood en algo más que un reciclador con buena prensa: lo coloca en el corazón mismo de la batalla por la infraestructura de la IA. El mensaje es transparente: si la IA es el nuevo motor económico, la electricidad limpia y gestionable es el nuevo embudo por el que todo debe pasar, y las baterías de segunda vida son una manera rápida de ensancharlo. La cuestión para Europa y el mundo hispanohablante es si queremos ser solo clientes de esta nueva infraestructura o también propietarios y diseñadores de la misma.



