Apple endurece las reglas en el hogar inteligente: nueva arquitectura o adiós a Home
El cambio ha llegado sin un gran espectáculo, pero con consecuencias muy reales: la antigua base de HomeKit ha desaparecido y la llamada «nueva arquitectura de Home» es ahora la única puerta de entrada al hogar inteligente de Apple. Oficialmente se trata de más rendimiento, estabilidad y compatibilidad con Matter. Extraoficialmente, también es una criba de dispositivos antiguos y un nuevo recordatorio de lo dependiente que puede volverse tu casa de la caja negra de Cupertino.
En este análisis veremos qué ha cambiado, quién gana y quién pierde, y qué significa todo esto para usuarios de España y de América Latina que han apostado por el ecosistema de Apple.
La noticia, en breve
Según recoge Ars Technica en un artículo de Andrew Cunningham, desde el 11 de febrero de 2026 la «nueva arquitectura de Home» de Apple es, en la práctica, obligatoria. Los usuarios que aún no se hayan migrado deberán hacerlo si quieren seguir utilizando la app Casa (Home). La arquitectura antigua de HomeKit deja de estar soportada.
La documentación de soporte de Apple indica que todos los dispositivos usados para controlar el hogar —iPhone, iPad, Mac, Apple TV, Apple Watch— deben funcionar como mínimo con iOS 16.2, iPadOS 16.2, macOS 13.1, tvOS 16.2 o watchOS 9.2. Los equipos que no puedan actualizarse a estas versiones perderán la capacidad de gestionar accesorios inteligentes mediante la app Casa.
La nueva arquitectura es requisito para funciones recientes como acceso de invitados, soporte para robots aspiradores e historial de actividad detallado. Y para todo lo que depende de un «home hub» —acceso remoto, notificaciones, incorporación de dispositivos Matter— ahora es obligatorio disponer de un HomePod (mini o grande) o un Apple TV moderno. Los iPad, que antes podían actuar como hub, ya no pueden desempeñar ese papel en el nuevo diseño.
Por qué importa
Detrás de este cambio aparentemente técnico hay una cuestión muy concreta: ¿seguirá funcionando tu casa como la diseñaste o Apple te está empujando, otra vez, a renovar hardware y hábitos?
Los beneficiados son quienes suelen tener equipos relativamente recientes y ya cuentan con un HomePod o un Apple TV actual. Para ellos, la nueva arquitectura ofrece una base más homogénea y moderna, sobre la que Apple puede desplegar nuevas funciones sin arrastrar tanta «herencia» del pasado. Un listón mínimo más alto suele traducirse en menos errores raros en instalaciones mixtas.
Entre los perjudicados encontramos a quienes utilizaban un iPad antiguo como cerebro del hogar —muy habitual en pisos compartidos o familias que reciclan dispositivos—, y a usuarios con iPhones o Macs que no pueden subir a las versiones de sistema exigidas. Sus aparatos siguen sirviendo para muchas cosas, pero ya no para controlar el hogar.
Hay un perdedor menos evidente: la narrativa de Matter como antídoto frente al encierro en un ecosistema. Matter prometía que daría igual la marca o la plataforma. Sin embargo, en el mundo Apple el soporte para Matter queda atado a una arquitectura concreta y a hubs específicos. Sí, podrás comprar una bombilla compatible con varias plataformas, pero la experiencia real seguirá filtrada por las decisiones estratégicas de cada gigante.
Desde la óptica de Apple, el calendario es lógico. La primera versión de la nueva arquitectura, lanzada con iOS 16.2 en 2022, tuvo tantos problemas que la compañía tuvo que detenerla y reintroducirla más adelante. En 2026 puede defender que el sistema está maduro y que mantener dos backends solo añade complejidad, errores y costes.
La duda es si Apple ha calibrado bien el impacto en quienes construyeron su hogar inteligente con la idea de «reutilizar lo que ya tengo» y no de comprar un HomePod solo para que las luces se enciendan a las ocho.
El panorama más amplio
Lo que está haciendo Apple encaja con una tendencia recurrente en la industria: las grandes plataformas aprovechan cambios profundos de arquitectura para limpiar lastre, elevar el nivel mínimo de hardware y reforzar su control sobre el ecosistema.
Google es un veterano en este tipo de maniobras: la transición de «Works with Nest» a «Works with Google Home», los cambios de APIs, las migraciones de cuentas… En cada una se han quedado por el camino integraciones, apps de terceros y dispositivos que aún funcionaban. Amazon tampoco es inocente: poco a poco deja fuera modelos antiguos de Echo o funcionalidades de Alexa construidas sobre infraestructuras viejas.
Apple, en cambio, había sido relativamente estable en el terreno del hogar inteligente. HomeKit se percibía como un sistema lento pero seguro, con énfasis en el control local y la seguridad. Por eso llama tanto la atención que el cambio actual no solo añada una nueva capa, sino que también quite capacidades —como el iPad‑hub— y empuje de facto a comprar un HomePod o un Apple TV si quieres una experiencia completa.
Todo esto ocurre, además, con Matter todavía a medio cocer. La promesa de «configura una vez, funciona en todas partes» está lejos de cumplirse: muchas funciones solo aparecen en determinadas apps o hubs. Al ligar Matter a la nueva arquitectura y a hubs concretos, Apple deja claro que quiere ser protagonista en este estándar, pero no renuncia a moldearlo a su favor.
Si miramos atrás, los grandes saltos de arquitectura casi nunca son neutrales. Cuando Sonos lanzó su plataforma S2, relegó a parte de sus altavoces a una especie de limbo «legacy»; la reacción fue dura, pero la empresa ganó margen para audio de alta resolución y funciones más complejas. Apple está intentando una jugada parecida en el hogar: asumir el enfado de hoy para tener más libertad de movimiento mañana.
La clave será si, dentro de un par de años, los usuarios sienten que su sistema es claramente más fiable y potente… o si lo único que recuerdan es que un iPad perfectamente útil dejó de servir como cerebro del salón.
El ángulo europeo e hispanohablante
En Europa este movimiento no se mira solo con gafas tecnológicas, sino también regulatorias. Bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA), Apple ya está identificado como «guardían de acceso» en varios servicios clave. Hoy Casa no está en el centro de la discusión como la App Store, pero el día que controlar calefacción, consumo eléctrico o servicios de salud dependa de plataformas como esta, Bruselas va a prestar mucha más atención.
El hecho de que solo HomePod y Apple TV puedan actuar como hub —dejando fuera al iPad de forma deliberada— se parece bastante a la vinculación de servicios a hardware propio, una práctica que la UE empieza a cuestionar en otros ámbitos. Si Apple Home termina siendo la capa de control de edificios, comunidades de vecinos o proyectos subvencionados de eficiencia energética, ese tipo de ataduras será políticamente delicado.
Al mismo tiempo, el enfoque de Apple en procesamiento local y cifrado fuerte encaja bien con la sensibilidad europea marcada por el RGPD. Una arquitectura unificada facilita aplicar principios de minimización de datos y seguridad consistente en cámaras, cerraduras y sensores.
Para fabricantes y startups de España y América Latina que trabajan con domótica —desde integradores de KNX hasta jóvenes empresas IoT en Madrid, Barcelona, Ciudad de México o São Paulo—, una plataforma Apple más previsible puede ser una oportunidad. Pero solo si Apple no convierte ciertas funciones «Matter+» en privilegio exclusivo de sus propios hubs, recreando la vieja historia: estándar abierto en el papel, jardín vallado en la práctica.
Mirando hacia adelante
En el corto plazo, el ruido vendrá del propio proceso de migración: usuarios que descubren que su viejo iPad ya no sirve como hub; hogares donde un único Mac o iPhone incapaz de actualizarse bloquea todo; instaladores que tienen que volver a visitar proyectos terminados hace años.
A 12–24 meses vista, sin embargo, Apple se ha hecho un favor: tiene una base más limpia sobre la que innovar. Es razonable esperar:
- Más soporte Matter para nuevas categorías, desde electrodomésticos hasta soluciones de energía.
- Automatizaciones más ricas, quizá con IA local que sugiera escenas o avise de patrones anómalos.
- Mayor integración con otros servicios de Apple, como llaves digitales en Wallet, datos de Salud y Fitness conectados a dispositivos del hogar o funciones de seguridad.
Regulatoriamente, merece la pena vigilar si la Comisión Europea o autoridades nacionales empiezan a preocuparse más por el grado de dependencia que generan los ecosistemas de hogar inteligente. Cuanto más crítico sea lo que pasa por Apple Home —climatización, seguridad, teleasistencia—, más presión habrá para garantizar interoperabilidad real.
Como usuario, tiene sentido actuar ya:
- Haz inventario de qué dispositivos Apple utilizas para controlar tu casa y comprueba si cumplen las versiones mínimas.
- Decide si quieres —y puedes— asumir un HomePod o un Apple TV como cerebro permanente del hogar.
- Valora complementarlo con un sistema más abierto (Home Assistant, por ejemplo) si te preocupa depender al 100 % de un único proveedor.
El riesgo es claro: más de uno pensará que el «hogar inteligente» no merece la pena si cada pocos años hay que rehacerlo. La oportunidad: si la nueva arquitectura trae verdadera estabilidad, quizá por fin deje de ser un juguete de frikis y se convierta en una infraestructura tan fiable como la luz o el agua.
En resumen
La actualización obligatoria a la nueva arquitectura de Home es comprensible desde el punto de vista técnico, pero deja muy a la vista las prioridades estratégicas de Apple. La compañía gana una base más sólida para Matter y automatizaciones avanzadas, a costa de jubilar hardware que aún funcionaba y de reforzar la dependencia de sus propios hubs. Aceptar este pacto o no depende de cuánto poder quieras ceder sobre la infraestructura de tu casa. La pregunta incómoda es sencilla: ¿te sientes cómodo dejando que una sola empresa decida cuándo tu hogar está «obsoleto»?



