Panasonic cede sus televisores a Skyworth: adiós a la era japonesa, hola a la era de las plataformas

23 de febrero de 2026
5 min de lectura
Televisor Panasonic de gran tamaño expuesto en una tienda de electrónica.

Panasonic cede sus televisores a Skyworth: adiós a la era japonesa, hola a la era de las plataformas

Para quienes soñaban con aquellas míticas plasmas de Panasonic, la noticia suena casi a epitafio. El último gran fabricante japonés de televisores deja de fabricar por sí mismo y entrega la cadena industrial a un gigante chino. Pero esto va mucho más allá de la nostalgia: refleja cómo la TV se ha convertido en un negocio de márgenes mínimos, donde el poder ya no está en el panel, sino en el sistema operativo, los datos y la escala global. En este análisis veremos qué implica el acuerdo Panasonic–Skyworth, quién gana, quién pierde y qué significa para Europa y para los mercados hispanohablantes.

La noticia en resumen

Según informa Ars Technica, Panasonic ha anunciado que dejará de fabricar directamente sus televisores. La producción, el marketing y la venta de televisores con marca Panasonic pasarán a manos de Skyworth, empresa china con sede en Shenzhen.

Skyworth ya figura entre las marcas relevantes a nivel mundial. La consultora Omdia la situó en el primer trimestre de 2025 entre las cinco marcas con mayor facturación en TV. El acuerdo cubre Estados Unidos y Europa, donde ambas compañías aspiran a lograr una cuota de mercado de dos dígitos.

Panasonic mantendrá su papel en aspectos clave como la calidad de imagen, la garantía de calidad y el codesarrollo de los modelos OLED de gama alta, mientras Skyworth se encargará de ventas, logística y operación diaria. La compañía japonesa se compromete a dar soporte tanto a los televisores vendidos hasta marzo de 2026 como a los nuevos modelos fabricados por Skyworth a partir de abril.

La decisión culmina un largo repliegue: Panasonic abandonó las plasmas en 2014, salió del mercado estadounidense de TV en 2016, externalizó la producción en 2021 y solo recientemente había regresado a EEUU con modelos premium.

Por qué importa

No es un ajuste menor: es el reconocimiento de que la fabricación tradicional de televisores ya no le sale a cuenta a Panasonic. El negocio está dominado por unos pocos actores con enorme escala productiva. Samsung y LG por un lado, y grupos chinos como TCL, Hisense y Skyworth por otro, concentran la mayor parte de las ventas mundiales y marcan los precios.

A corto plazo, Panasonic gana aire financiero: se desprende de fábricas intensivas en capital, pero sigue explotando su marca y su reputación en calidad de imagen. Pasa a ser, esencialmente, una etiqueta premium respaldada por músculo industrial chino. Skyworth, a cambio, obtiene credibilidad inmediata en mercados donde su nombre suena poco –especialmente Europa y Estados Unidos– y acceso privilegiado a grandes cadenas de retail.

Los perjudicados son evidentes. Para quienes asociaban una marca japonesa con ingeniería y fabricación nacional, se rompe un mito: prácticamente ya no se producen televisores de consumo en Japón. Se pierden empleos industriales en el país y las marcas más pequeñas, sin volumen ni marca fuerte que licenciar, lo tendrán aún más difícil para sobrevivir.

A nivel estratégico, el movimiento consolida una división clara en la industria: por un lado, propietarios de marca, diseño y experiencia de usuario; por otro, fabricantes y suministradores de paneles. Panasonic se coloca claramente en el primer grupo.

La foto grande

Este acuerdo encaja con tres tendencias clave.

Primero, el mercado de televisores lleva años atrapado entre el estancamiento y la guerra de precios. Más pulgadas, 4K, 8K, HDR… Cada ola tecnológica empujó ciclos de renovación, pero cada vez se comoditiza más rápido. Cuando marcas chinas pueden vender televisores 4K HDR de 65 pulgadas a precios de gama media‑baja, es muy difícil para un fabricante con costes más altos justificar un gran sobreprecio solo por hardware.

Segundo, el centro de gravedad se ha desplazado hacia las plataformas. Los sistemas operativos de TV –Android TV / Google TV, webOS, Tizen, Roku OS– definen la experiencia, el catálogo de apps y, sobre todo, el modelo de negocio. Los datos de visionado, los espacios publicitarios y las posiciones destacadas en la pantalla de inicio pueden generar más dinero que el margen del propio televisor. Eso favorece a empresas que piensan como compañías de software y publicidad, no solo como fabricantes.

Tercero, estamos viendo una reconfiguración profunda de la electrónica japonesa. Como recuerda Ars Technica, Sharp, Toshiba, Hitachi y Pioneer ya salieron antes de la fabricación directa de TV mediante acuerdos de licencia. Este mismo año, Sony decidió vender el 51 % de su división de TV y entretenimiento en el hogar a TCL. La jugada de Panasonic es, por tanto, el último gran paso de un proceso de desindustrialización en este segmento.

El resultado es claro: la producción mundial de televisores se concentra en China y Corea del Sur, mientras que Japón se queda con nichos profesionales, componentes y valor de marca.

La mirada europea e hispana

Para los consumidores europeos y latinoamericanos, un logo de Panasonic ya no garantiza una cadena de suministro diferente a la de un Skyworth, TCL o Hisense. Muchos modelos compartirán panel, procesador e incluso sistema operativo; las diferencias estarán en el ajuste de imagen, el diseño y, sobre todo, en el servicio posventa.

Desde la regulación, el movimiento intensifica la intersección entre fabricación china y normas europeas como el RGPD, la Ley de Servicios Digitales (DSA) o la futura Ley de IA de la UE. Los smart TV son de los dispositivos que más datos capturan en el hogar: hábitos de consumo, apps instaladas, identificadores publicitarios. Todo eso, en la Unión Europea, está fuertemente regulado con independencia de dónde se haya fabricado el aparato.

Panasonic, al seguir implicada en software y calidad, difícilmente podrá presentarse ante Bruselas como mero licenciante. Y Skyworth tendrá que demostrar que puede cumplir estándares europeos de privacidad y seguridad, algo especialmente sensible en países como España, Alemania o Francia, donde el debate sobre datos y empresas chinas es cada vez más intenso.

Para el ecosistema hispanohablante –desde operadores de TV de pago en España hasta plataformas de streaming en México, Argentina o Colombia– el acuerdo implica tratar con menos fabricantes reales y más marcas comerciales. Eso puede simplificar integraciones técnicas, pero también aumenta la dependencia de unos pocos proveedores globales de hardware y sistemas operativos.

Lo que viene

En los próximos dos o tres años veremos si la fórmula "marca japonesa + fabricación china" convence a los usuarios. Es razonable esperar que Panasonic se concentre en pocos modelos de gama alta –OLED desarrollados conjuntamente– donde aún pueda justificar un halo de calidad, mientras Skyworth empuja una gama media agresiva en precio basada en Android TV / Google TV u otras plataformas consolidadas.

Si la alianza funciona, la división de TV de Panasonic podría estabilizarse como un negocio más ligero y rentable, enfocado en marca, procesado de imagen y acuerdos con plataformas de contenidos. Si falla –por problemas de calidad, software mal mantenido o tensiones geopolíticas que compliquen la cadena de suministro china– Panasonic podría acelerar su salida total y quedarse en un modelo puramente de licencia.

Para Skyworth, el reto es doble: competir con otros actores chinos como TCL e Hisense y, al mismo tiempo, ganarse la confianza de mercados muy sensibles a la privacidad. Deberá ofrecer ciclos de actualización de software claros, opciones de configuración transparentes y garantías sólidas. De lo contrario, quedará encasillada como marca barata, justo en el segmento donde la competencia es más feroz.

Vale la pena seguir de cerca dos cosas: cómo se detalla el origen real de los dispositivos en el etiquetado y la publicidad, y cómo reacciona la Unión Europea ante los sistemas operativos de TV. No sería extraño que, a medio plazo, se apliquen a los smart TV reglas similares a las de Android e iOS bajo el Reglamento de Mercados Digitales: restricciones a apps preinstaladas, más control sobre el seguimiento de usuarios y obligación de dar opciones reales de elección de servicios.

En síntesis

La decisión de Panasonic de dejar la fabricación de televisores en manos de Skyworth cierra simbólicamente la era japonesa en el salón y consagra la victoria de la escala y las plataformas sobre el orgullo industrial. El usuario ganará en precio y prestaciones, pero a costa de una mayor opacidad sobre quién controla de verdad su dispositivo y sus datos. La pregunta clave ya no es qué marca pone su logo en el marco, sino qué ecosistema –y bajo qué reglas– gobierna lo que ocurre detrás de la pantalla.

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