Paramount vs. Netflix: la guerra por Warner Bros. Discovery que puede encarecer el streaming para todos

24 de febrero de 2026
5 min de lectura
Logotipos de Paramount, Netflix y Warner Bros. Discovery sobre un fondo oscuro de cine

Titular e introducción

La pelea por Warner Bros. Discovery (WBD) ya no es solo un culebrón corporativo de Hollywood. Es un momento decisivo para el modelo de negocio del streaming, con impacto directo en Europa y en América Latina: quién tendrá las historias más potentes, cuánto costarán las suscripciones y cuánta competencia real quedará en el mercado. Paramount Skydance acaba de mejorar su oferta, Netflix quiere quedarse con las joyas de la corona y los reguladores afinan sus argumentos. En este artículo analizamos lo que realmente está en juego, quién gana o pierde con cada escenario y qué significa esto para los usuarios hispanohablantes.

La noticia en breve

Según informa Ars Technica, Paramount Skydance ha elevado su oferta para adquirir Warner Bros. Discovery de 30 a 31 dólares por acción. El consejo de administración de WBD señaló que esta nueva propuesta podría considerarse razonablemente como una "oferta superior" frente a la que ya presentó Netflix.

El paquete mejorado de la empresa controlada por David Ellison incluye varios incentivos adicionales. Paramount se ofrece a asumir una posible penalización regulatoria de 7.000 millones de dólares si la fusión se frustra por motivos antimonopolio. Además, propone pagar 0,25 dólares por acción y por día de retraso en el cierre de la operación a partir del 30 de septiembre, adelantando tres meses el inicio de ese pago diario.

Paramount ya había aceptado cubrir otros 2.800 millones de dólares que WBD tendría que abonar a Netflix si rompe el acuerdo actual con la plataforma. Netflix, por su parte, ofrece 27,75 dólares por acción, pero solo por los estudios de cine, la propiedad intelectual, HBO y los negocios de streaming, dejando fuera otros canales de cable. El consejo de WBD aún no ha decidido qué camino es mejor. Si declara superior la oferta de Paramount, Netflix dispondrá de cuatro días para contraofertar.

Por qué importa

Esta operación definirá quién controla buena parte del imaginario audiovisual global en los próximos años y qué tipo de mercado de streaming tendremos: uno plural y fragmentado o un oligopolio de gigantes estadounidenses.

Si gana Paramount, se crea un tercer actor de gran tamaño que puede plantar cara a Netflix y Disney+. Paramount+ y Max, por separado, son servicios con ambiciones globales pero todavía con presencia desigual en muchos países. Juntos tendrían un catálogo enorme: blockbusters de Warner, series de HBO, franquicias de Paramount, contenido infantil, realities y, en algunos mercados, derechos deportivos. Eso da músculo financiero y de negociación, pero concentra más poder en pocas manos.

Si gana Netflix, el efecto sería todavía más profundo. La plataforma se quedaría con los mejores estudios y marcas de WBD y reforzaría su posición como puerta de entrada casi obligatoria al cine y las series de alto presupuesto. Para los creadores, significaría menos compradores potentes a los que vender proyectos. Para los usuarios, menos alternativas reales: si quieres ver la mayoría de los títulos importantes, acabarías prácticamente obligado a pasar por Netflix.

También pesa el factor deuda. WBD arrastra un pasivo considerable y Paramount tampoco está en una situación perfecta. Una fusión total aumenta el riesgo financiero y de integración. La jugada de Netflix –comprar solo los activos más atractivos– le permite esquivar parte de ese riesgo, pero deja a WBD partida en dos: una parte "premium" absorbida por Netflix y un resto de canales tradicionales con futuro incierto. En ambos casos, el sector se mueve hacia menos jugadores y mayor concentración de poder.

El contexto más amplio

Esta batalla es la consecuencia natural de diez años de euforia en el streaming. Primero vino la fase del "crecer a toda costa": sumar suscriptores importaba más que ganar dinero. Eso se acabó. Los inversores ahora exigen beneficios y flujo de caja positivo.

El giro ya se nota: cancelaciones de series, recortes de producción, despidos y aumentos de precio en casi todas las plataformas. El siguiente paso lógico es la consolidación: fusionar catálogos, reducir costes y eliminar rivales. No es algo nuevo: AT&T comprando Time Warner, Disney absorbiendo 21st Century Fox o la fusión original de WarnerMedia y Discovery siguen el mismo patrón. Los reguladores se han mostrado preocupados, pero en la mayoría de los casos terminaron aprobando las operaciones.

La diferencia es que hoy Netflix ya no es el "outsider" simpático del Silicon Valley, sino el estándar del mercado. Con los activos de WBD encima, podría convertirse en el árbitro casi único del contenido premium a nivel global. Un conglomerado Paramount–WBD, en cambio, consolidaría un trío dominante con Disney, dejando cada vez menos espacio a actores regionales y plataformas especializadas.

En paralelo, estamos viendo la vuelta encubierta al modelo del cable: menos servicios, pero más grandes; más paquetes y menos flexibilidad. Lo que empezó como promesa de libertad de elección –"suscríbete solo a lo que quieras"– se parece cada vez más a un puñado de mega‑suscripciones que concentran todo… y suben de precio con regularidad.

El ángulo europeo y latinoamericano

Desde Europa, este caso es un test clave de la capacidad regulatoria de la UE. Desde América Latina, es una señal de hasta qué punto las decisiones tomadas en Estados Unidos condicionan la oferta local de contenidos y los precios.

Un acuerdo Netflix–WBD pondría una parte muy relevante del cine y las series de gran presupuesto bajo una sola empresa no europea. Bruselas ya ha impuesto cuotas de obras europeas, obligaciones de inversión local y mayor transparencia algorítmica a través de la Directiva de servicios de medios audiovisuales y la DSA. El siguiente paso lógico es preguntarse si tiene sentido permitir tal concentración estructural en manos de un solo intermediario.

Una fusión completa Paramount–WBD plantea retos diferentes. En varios países europeos, la presencia de Paramount y WBD está mediada por alianzas con operadores locales o servicios como SkyShowtime. Un gigante integrado tendría incentivos claros para retirar contenidos de socios locales –por ejemplo, cadenas de televisión o plataformas tipo Movistar Plus+ en España– y empujar a los usuarios hacia su propio servicio de suscripción.

En América Latina, donde Netflix es ya el líder indiscutible y HBO/Max compite de cerca en ciertos segmentos, un eventual reparto de activos redefiniría el mercado. Un Netflix todavía más fuerte podría presionar tarifas a operadores de TV de pago y telecos, mientras que un Paramount–WBD podría intentar crecer mediante acuerdos agresivos de facturación integrada con los grandes operadores regionales.

Para los usuarios hispanohablantes, el impacto se notará en cosas muy concretas: cuántas plataformas hay que pagar para seguir las series de moda, qué pasa con las producciones locales y cuáles son las ventanas de estreno entre cine, TV de pago y streaming.

Lo que viene

De aquí en adelante, hay tres grandes escenarios sobre la mesa.

  1. Paramount gana y compra todo WBD. Veríamos un proceso regulatorio largo (12–18 meses no sería raro) en Estados Unidos y Europa, con posibles exigencias de venta de activos y mucha presión política. Internamente, la integración sería compleja: solapamiento de marcas, rediseño de apps, reestructuración de equipos. Para los usuarios, eso se traduciría en cambios de nombre de servicios, fusiones de catálogos y, con el tiempo, precios más alineados entre los grandes jugadores.

  2. Netflix se queda con las joyas de la corona. La Comisión Europea tendría que decidir si acepta que un solo actor concentre tanto contenido de alto nivel. Podría imponer condiciones sobre licencias, presencia de producciones europeas y respeto a las ventanas de exhibición en cines. Para los mercados hispanohablantes, esto significaría todavía más dependencia de Netflix para acceder a los estrenos de gran presupuesto y menor margen para que otros servicios consigan contenido estrella.

  3. No hay acuerdo y WBD sigue sola. No sería la primera vez que una gran operación se desinfla en la fase final. En este caso, WBD seguiría presionada por la deuda y probablemente optaría por vender activos poco a poco y recortar costes, con menor impacto inmediato en la estructura global del mercado, pero con consecuencias duras para el empleo y la producción.

La dirección de Netflix ya dejó claro que prefiere retirarse antes que pagar un precio que considere excesivo. A medida que Paramount añade garantías (cobertura de penalidades, pagos diarios), aumenta la probabilidad de que sea la única dispuesta a asumir el riesgo político y financiero necesario para cerrar la operación.

Para los lectores, merece la pena observar tres cosas en los próximos meses: las señales de Bruselas y Washington, los movimientos de los operadores locales (nuevos paquetes, subidas de precio, integraciones de apps) y la evolución de la producción original en español. Si la concentración sigue aumentando, la capacidad de los reguladores y de los productores locales para negociar mejores condiciones será puesta a prueba.

Conclusión

La batalla por Warner Bros. Discovery es, en realidad, una batalla por el modelo de streaming de la próxima década. Tanto un "super‑Netflix" reforzado con activos de WBD como un gigante Paramount–WBD apuntan hacia más concentración, menos competencia y más poder de fijación de precios. La cuestión clave para Europa y América Latina no es solo quién gane esta puja, sino si los reguladores y las industrias locales están dispuestos a intervenir para evitar que el mercado de series y películas quede en manos de un puñado de corporaciones con sede en California.

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