La escasez de RAM por la fiebre de la IA golpea a Steam Deck y reordena el mercado gaming

17 de febrero de 2026
5 min de lectura
Consola portátil Steam Deck sobre una mesa, simbolizando la escasez de chips y memoria

La escasez de RAM por la fiebre de la IA golpea a Steam Deck y reordena el mercado gaming

No ha sido un competidor quien ha complicado la vida a Valve, sino el hambre de memoria de la inteligencia artificial. La crisis global de RAM y de memoria flash es ya tan profunda que incluso un dispositivo de cuatro años como Steam Deck pasa a estar disponible solo «intermitentemente». No es un simple cartel de “sin stock”: es una señal clara de cómo los centros de datos de IA empiezan a distorsionar todo el mercado del PC y del gaming. Y las consecuencias afectan tanto a Europa como a América Latina.


La noticia, en breve

Según informa Ars Technica, Valve ha añadido un aviso en la página de producto de Steam Deck indicando que la consola portátil estará agotada por periodos en algunas regiones debido a la escasez de memoria RAM y de almacenamiento flash.

En el momento de escribir estas líneas, ninguna de las tres versiones OLED de Steam Deck puede comprarse, y tampoco hay unidades reacondicionadas disponibles, algo habitual en la tienda de Valve. El último modelo LCD de 256 GB que seguía produciéndose se ha agotado definitivamente y se considera descontinuado. En la práctica, el precio de entrada de un Steam Deck nuevo pasa de 399 a 549 dólares.

Esto llega poco después de que Valve retrasara el lanzamiento de su PC de sobremesa Steam Machine y del visor Steam Frame VR, alegando los mismos problemas de suministro de RAM y memoria flash que afectan a la industria del PC desde finales de 2025. Los analistas esperan que esta tensión, impulsada sobre todo por la demanda de IA, se prolongue al menos durante 2026.


Por qué importa

En la superficie, el impacto es evidente: más difícil encontrar un Steam Deck, y más caro cuando aparece stock. Pero la lectura interesante es otra: quién manda realmente en la cadena de suministro de chips.

Los grandes centros de datos de IA están absorbiendo casi toda la memoria de alto margen que los fabricantes pueden sacar de sus fábricas. Se prioriza la producción de memorias de alto ancho de banda y de chips específicos para aceleradores, porque los gigantes del cloud están dispuestos a pagar precios muy superiores a los del mercado de consumo. Eso deja menos capacidad —y en peores condiciones— para dispositivos como portátiles, consolas o handhelds.

Valve juega en desventaja. No es Apple, no es Samsung, ni vende cientos de millones de unidades. Steam Deck es un éxito entre entusiastas, pero sigue siendo un nicho comparado con smartphones o consolas tradicionales. Cuando hay que repartir una tarta de memoria cada vez más pequeña, los proveedores priorizan a los clientes con contratos enormes y previsibles.

Y el momento no podía ser peor. Steam Deck es la gran apuesta de Valve para empujar SteamOS y Proton, la combinación que por fin ha hecho viable jugar en Linux sin pelear con configuraciones eternas. Cada Deck vendido es un usuario menos atado a Windows. Si, por pura falta de stock, esos usuarios terminan comprando un Asus ROG Ally, un Lenovo Legion Go S o cualquier clon chino con Windows, Microsoft recupera músculo justo cuando empezaba a perder algo de control en el PC gaming.

El otro efecto es psicológico y económico. El salto efectivo de 399 a 549 dólares para el modelo más barato coloca a Steam Deck en una liga diferente. Ya no compite solo con una Switch o una PlayStation como “segunda consola”, sino con portátiles gaming de gama media. En España o en muchos países latinoamericanos, donde el salario medio es limitado y los impuestos a la importación suben el precio final, ese cambio puede ser la diferencia entre comprar uno… o seguir con el viejo PC.


El contexto más amplio

Lo que ocurre con Steam Deck encaja en una tendencia clara desde hace un par de años: la demanda de IA no solo encarece las GPU, sino que empieza a distorsionar todo tipo de componentes.

Primero vimos cómo las gráficas de gama alta desaparecían del mercado y la memoria HBM se convertía en el nuevo cuello de botella. Ahora el impacto llega a componentes “aburridos” como la RAM LPDDR o la NAND para SSD, portátiles y consolas portátiles. Los clientes más rentables —hiperescaladores, grandes laboratorios de IA— firman contratos a largo plazo. El resto, incluidos los fabricantes de dispositivos de consumo, se adapta a lo que queda.

En paralelo, el mercado de handhelds PC se ha disparado. El éxito del Steam Deck original demostró que existía una demanda real por este formato, y en cuestión de meses Asus (ROG Ally), Lenovo (Legion Go) y una larga lista de marcas chinas han inundado el mercado con alternativas, casi todas basadas en chips de AMD y con configuraciones de memoria similares. En un entorno de escasez, quienes tienen relaciones históricas con Microsoft, AMD e Intel y venden millones de portátiles al año tienen más poder de negociación que Valve.

No es la primera vez que el gaming sufre por la cadena de suministro. Durante la pandemia, las tarjetas gráficas y las consolas de nueva generación fueron carne de especulación y bots. Pero entonces el desequilibrio se debió a un cóctel de confinamientos y minería de criptomonedas. Hoy el driver principal es estructural: la IA ya es un negocio central para las grandes tecnológicas, y no un experimento pasajero.

Eso plantea un riesgo de fondo: que todo dispositivo que necesite mucha RAM y almacenamiento, pero se venda con márgenes ajustados, pierda prioridad frente a productos de datacenter. Handhelds, portátiles baratos, SSD de gama media… todos ellos pueden enfrentarse a una década de “subordinación” si la industria no equilibra mejor sus inversiones en capacidad.


El ángulo europeo y latino

Para los usuarios de habla hispana, la situación tiene dos caras distintas.

En Europa, y especialmente en la UE, la escasez del Steam Deck deja clara nuestra dependencia de proveedores asiáticos y estadounidenses para algo tan básico como la memoria. El ecosistema europeo de chips es fuerte en automoción e industria, pero prácticamente inexistente en DRAM y NAND de consumo. Ni siquiera el ambicioso EU Chips Act cambiará eso a corto plazo.

Al mismo tiempo, la UE impulsa normativas como el Reglamento de Mercados Digitales (DMA), la Ley de Servicios Digitales (DSA) o el futuro Reglamento de IA para reducir el poder de las grandes plataformas y fomentar alternativas. SteamOS en el Deck es precisamente una alternativa visible a Windows. Pero si, por una cuestión puramente logística, los jugadores acaban comprando dispositivos Windows porque son los únicos que hay en la estantería de PcComponentes, MediaMarkt o Amazon, el impacto real de esas leyes se diluye.

En América Latina la historia es todavía más áspera. La disponibilidad oficial de Steam Deck ya era limitada incluso antes de esta crisis; muchos usuarios dependen de importadores, tiendas especializadas o MercadoLibre. La combinación de escasez global, costes de envío y aranceles puede hacer que un Deck nuevo se dispare muy por encima de los 800–900 dólares equivalentes en mercados como Argentina, Chile o México. En ese contexto, es probable que muchos opten por un portátil gaming con Windows o por un handheld chino más barato, aunque la experiencia con SteamOS sea objetivamente peor.


Mirando hacia adelante

Si damos por buenas las previsiones de escasez de memoria hasta, como mínimo, finales de 2026, ¿qué escenarios se abren?

Para Valve, el movimiento más lógico a corto plazo es separarse mentalmente del mantra “Steam Deck o nada” y abrazar una estrategia más abierta: que SteamOS y la capa de compatibilidad Proton lleguen de forma oficial y pulida a la mayor cantidad posible de hardware de terceros. Ya hay avances con dispositivos de Asus y Lenovo; cabe esperar que se aceleren.

En cuanto a precios, la situación es delicada. De momento Valve ha mantenido el PVP de los modelos OLED, pero si el coste de RAM y NAND sigue alto en los contratos con proveedores, las cuentas no saldrán. Llegará un punto donde haya que sacrificar margen, recortar especificaciones en futuras revisiones… o subir el precio. Ninguna de las tres opciones es atractiva para un producto que ya ha perdido su “precio rompe‑mercado” inicial.

Desde la perspectiva de la industria, conviene vigilar hasta qué punto los fabricantes de memoria se vuelcan en productos optimizados para IA. Si la balanza se inclina demasiado hacia HBM y DRAM de muy alta gama, el usuario doméstico podría pagar durante años un “impuesto IA” en cada PC o consola que compre.

Para los jugadores, el consejo es pragmático: si encuentran un Steam Deck a un precio razonable en su país, no asuman que dentro de tres meses la situación será mejor. Vale la pena seguir de cerca la escena de SteamOS en otros handhelds y en mini PCs; no es descabellado pensar que el “mejor Steam Deck” de 2026 será, en realidad, un dispositivo de otra marca.


La conclusión

La disponibilidad intermitente de Steam Deck no es una anécdota, sino uno de los primeros daños colaterales visibles de la carrera por la IA en el mercado de memoria. Valve —y con ella la promesa de un ecosistema de gaming más abierto, basado en Linux— se ve atrapada entre los intereses de los centros de datos y la limitada capacidad de las fábricas de chips. A corto plazo, se vienen precios más altos, menos stock y más competencia Windows. La gran incógnita es si esta presión acabará impulsando un ecosistema SteamOS más diverso… o si nos empujará de vuelta al cómodo, pero muy controlado, monopolio de Windows en el PC gaming.

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