Google abre una grieta en el muro de Apple: lo que realmente significa llevar AirDrop a más Android

5 de febrero de 2026
5 min de lectura
Ilustración de móviles Android y iPhone compartiendo archivos de forma inalámbrica

Google abre una grieta en el muro de Apple: lo que realmente significa llevar AirDrop a más Android

Durante años, AirDrop ha sido uno de esos detalles que hacía que el ecosistema de Apple pareciera mágicamente superior: llegas a una reunión, abres el Mac y en segundos tienes las fotos del iPhone de todos. En 2026 esa magia empieza a ser menos exclusiva. Google quiere extender la compatibilidad con AirDrop, estrenada en los Pixel 10, a «muchos más» móviles Android este año. Detrás de este movimiento hay algo más que comodidad: es una señal de cómo la presión regulatoria, sobre todo europea, está obligando a Apple y Google a entenderse, lo quieran o no.

La noticia en breve

Según recoge Ars Technica a partir de un evento de Google en Taipéi, Eric Kay, vicepresidente de ingeniería para Android, explicó que la interoperabilidad con AirDrop irá mucho más allá de los Pixel 10 a lo largo de 2026.

Hoy en día, solo los Pixel 10 pueden iniciar envíos desde Android que se reciben en iPhone, iPad o Mac como si fueran AirDrop. Esto ha sido posible porque Apple, tras exigencias de la Unión Europea, incorporó el estándar Wi‑Fi Aware dentro de la implementación de AirDrop. Google se ha apoyado en esa base estándar para adaptar su función Quick Share (antes Nearby Share) y hacerla compatible.

Ars Technica detalla además que Google ha separado Quick Share de los Google Play Services y lo distribuye ahora como un APK independiente, actualizable desde Play Store. De momento solo funciona en un número limitado de dispositivos, pero Google afirma estar trabajando con sus socios para llevarlo a «muchos más» este año. En el lado de Apple, los usuarios siguen necesitando activar manualmente un modo temporal en el que aceptan archivos de cualquier dispositivo cercano.

Por qué importa

Puede sonar a detalle menor –al fin y al cabo, siempre se puede mandar un archivo por WhatsApp–, pero en términos de poder de mercado esto toca una fibra sensible: las pequeñas ventajas exclusivas que te atan a un ecosistema.

Los ganadores son claros: hogares y empresas con mezcla de Android e iOS, colegios con tablets baratos y MacBooks en la misma aula, agencias creativas donde cada diseñador usa lo que quiere. Hasta ahora, en muchos de esos entornos el flujo era: «pásame el archivo por correo» o «sube a Drive». Con AirDrop interoperable, el intercambio local vuelve a ser la opción más sencilla, incluso si hay móviles baratos de Android conviviendo con iPhones.

Apple pierde un poco de ese «efecto imán» tan difícil de cuantificar. Cuando todo el mundo alrededor usa iPhone, AirDrop se convierte en una presión social sutil: si no tienes iOS, molestas. Al permitir que un Android moderno pueda jugar (aunque sea con alguna limitación) en ese mismo terreno, Google reduce la fricción de ser el raro del grupo.

Google renuncia a empujar tanto a Drive, Fotos y compañía como única vía lógica para compartir. Pero su negocio no es la venta de hardware; es el tiempo de uso y los datos. Mientras un usuario siga con Android, aunque en su casa haya un MacBook y un iPad, Google gana.

En la práctica, esto reduce el coste psicológico de cambiar de plataforma o mezclar marcas. Y, combinado con otros cambios –RCS en iPhone, USB‑C obligatorio, mayor control sobre tiendas de apps–, desplaza la competencia hacia donde debería estar: ¿qué dispositivo y qué servicios te ofrecen más por tu dinero?

El contexto más amplio

Esta expansión de AirDrop en Android encaja con varias tendencias que venimos viendo en la industria.

Primero, la Unión Europea se ha consolidado como el regulador que obliga a abrir puertas que las empresas preferirían mantener cerradas. La exigencia de soportar estándares como Wi‑Fi Aware en servicios de proximidad no tenía como objetivo explícito ayudar a Google, pero el efecto práctico ha sido ese: al estandarizar una capa técnica, cualquiera puede engancharse.

Segundo, Android lleva años troceándose en módulos actualizables. Que Quick Share pase a ser un APK independiente sigue la misma lógica que ya vimos con WebView, el teclado, partes de la interfaz de sistema o incluso la app del teléfono. Google quiere depender lo menos posible de que Samsung, Xiaomi, Motorola o fabricantes latinoamericanos actualicen rápido sus capas de Android.

Tercero, hay un paralelismo claro con la mensajería. Bajo presión del Reglamento de Mercados Digitales (DMA), Apple se ha comprometido a soportar RCS y a abrir la mano con iMessage. Junto con la imposición del USB‑C en iPhone, el mensaje europeo es coherente: menos muros entre plataformas, más estándares.

Frente a eso, AirDrop seguirá funcionando mejor entre dispositivos Apple. La integración con contactos, el descubrimiento automático y la experiencia pulida seguirán siendo difíciles de igualar. Pero el relato de «o estás en Apple o sufres» va perdiendo credibilidad, sobre todo entre usuarios avanzados.

El ángulo europeo e hispanohablante

Para Europa, esto es un caso de libro de cómo la regulación local tiene impacto global. Las obligaciones que la UE impone a Apple se aplican en territorio europeo, pero la implementación técnica suele ser global por pura eficiencia. Un cambio pensado para cumplir en Bruselas acaba beneficiando a usuarios en México, Argentina o Colombia.

En España y en buena parte de Latinoamérica, donde es habitual que en una familia haya mezcla de gamas y marcas (el iPhone del padre, el Android de gama media del hijo, el portátil con Windows del trabajo), esta interoperabilidad tiene un valor práctico muy concreto. En zonas con conectividad irregular –barrios con mala cobertura, pueblos, entornos rurales o eventos masivos– poder pasar archivos de móvil a móvil sin depender de la nube es más que un capricho.

Desde el punto de vista regulatorio, la GDPR y las leyes de protección de datos en países latinoamericanos plantean preguntas incómodas: Wi‑Fi Aware permite que dispositivos cercanos se detecten entre sí. ¿Quién controla esa información? ¿Podrían centros comerciales o estadios aprovechar esa señal para rastrear movimientos de personas? En la UE, el futuro Reglamento de IA también puede entrar en juego si se usan estos datos para perfilar comportamientos.

Tampoco hay que olvidar la oportunidad para el ecosistema emprendedor hispanohablante. Startups en Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Bogotá o Buenos Aires pueden apoyarse en una capa estándar de comunicación local entre dispositivos para crear soluciones de colaboración offline, distribución de contenidos en eventos o experiencias interactivas sin red.

Mirando hacia adelante

Lo inmediato será ver qué fabricantes entran en la primera oleada. Apostaríamos por Samsung, algunos modelos de Xiaomi y quizás dispositivos que las operadoras priorizan en sus catálogos en España y América Latina. Después vendrá la batalla silenciosa por el soporte en la gama media y de entrada, donde se concentra gran parte del mercado latinoamericano.

El gran interrogante técnico es hasta qué versión de Android y qué tipos de hardware llegará la nueva Quick Share. El hecho de que sea un APK actualizable abre la puerta a incluir terminales con Android 13 o incluso 12, siempre que tengan los chips adecuados. Si Google decide limitarlo por estrategia o por simplicidad, la interoperabilidad se quedará como un privilegio de la gama alta.

El segundo interrogante es Apple. Hoy la recepción desde Android depende de que el usuario de iPhone active un modo de visibilidad temporal para todos. Apple puede hacer ese modo más accesible… o enterrarlo en menús. No sería la primera vez que la empresa cumple la letra de una obligación regulatoria, pero hace todo lo posible para que el usuario medio apenas la note.

En paralelo, desarrolladores y empresas tendrán que decidir qué hacer con esta nueva herramienta. ¿Veremos apps educativas que repartan materiales por proximidad en aulas con móviles variados? ¿Festivales que distribuyan mapas y horarios offline entre visitantes? ¿O veremos antes intentos de marketing agresivo basado en «dispositivos cercanos» que activen todas las alarmas de privacidad?

En resumen

La decisión de Google de extender la compatibilidad con AirDrop a más Android no es altruismo; es una jugada inteligente en un tablero que la UE ha reordenado a golpe de regulación. Bruselas obligó a Apple a abrir una rendija técnica y Google está metiendo por ahí todo el ecosistema Android. Ganamos los usuarios, pierde algo de fuerza el encierro de Apple y el mercado se mueve –por fin– hacia una competencia más basada en méritos que en barrotes invisibles. La pregunta es obvia: si tu móvil pudiera hablar sin fricciones con cualquier otro, ¿seguirías eligiendo marca por pertenecer al «club» o por lo que realmente ofrece?

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