LG no quiere venderte la tele, quiere abonarte a ella: así se cocina el TV‑as‑a‑Service

27 de enero de 2026
5 min de lectura
Televisor LG OLED de gran tamaño en un salón moderno, simbolizando el alquiler de televisores por suscripción

1. Titular e introducción

Comprar una tele grande solía ser un momento puntual: ahorras, la eliges bien y te olvidas durante años. Con LG Flex, lanzado en Reino Unido, el fabricante propone otra cosa: pagar todos los meses por el televisor, casi como si fuera Netflix… pero de hardware. Las cuotas pueden llegar al nivel de una letra de coche y, aun así, puede que nunca seas dueño del aparato. Más que una curiosidad financiera, es una señal clara de hacia dónde quiere ir la industria. En este análisis veremos quién gana, quién pierde y qué implica esto para Europa y el mundo hispanohablante.

2. La noticia en breve

Según informa Ars Technica, LG ha lanzado en Reino Unido un programa llamado LG Flex que permite alquilar ciertos televisores, barras de sonido, monitores y altavoces LG mediante pagos mensuales.

El caso más llamativo es el OLED B5 2025 de 83 pulgadas, que en la web británica de LG se vende por 2.550 libras. A través de LG Flex, el mismo modelo se puede alquilar desde aproximadamente 93 hasta 277 libras al mes, dependiendo de si el cliente se compromete por un mes, uno, dos o tres años. Con los planes largos, el total pagado supera el precio de compra después de algo más de dos años; con la tarifa más alta, esto ocurre en menos de un año.

Al finalizar el periodo, el usuario puede solicitar una actualización gratuita a otro modelo, seguir pagando o devolver el equipo. LG indica que el desgaste normal no genera penalizaciones, pero los daños sí pueden conllevar costes de reparación. La empresa colabora con Raylo, que ofrece un seguro adicional frente a daños accidentales, robo o pérdida y cobra 50 libras por el servicio completo de desmontaje y retirada del televisor. Por ahora, el programa solo está disponible en Reino Unido e incluye también al menos una barra de sonido que cuesta 600 libras si se compra, o 22–76 libras mensuales si se alquila.

3. Por qué importa

LG presenta Flex como una forma flexible de acceder a tecnología de alto nivel sin un gran desembolso inicial. Pero, estratégicamente, es sobre todo una herramienta para transformar ventas puntuales en ingresos recurrentes.

Quién gana:

  • LG y Raylo obtienen lo que todo fabricante sueña: un flujo de caja mensual relativamente predecible. En vez de esperar a que cambies de tele cada siete años, pueden cobrarte cada mes.
  • Hogares y negocios con poco margen de liquidez pueden disponer de una tele de gama alta sin bloquear miles de euros de golpe. Para un Airbnb, un bar deportivo o una oficina temporal puede tener mucho sentido.

Quién pierde:

  • El usuario que se queda con la tele varios años. En la mayoría de los casos, el alquiler termina costando bastante más que la compra al contado o incluso que la financiación sin intereses.
  • Quien se deja llevar por el “solo X al mes”. El diseño psicológico del modelo está claro: un importe mensual relativamente bajo duele menos que ver la cifra total por adelantado, aunque al final pagues mucho más.

La consecuencia es que se normaliza la idea de pagar indefinidamente por objetos físicos. Igual que muchos nunca llegan a ser propietarios de su coche porque siempre lo renuevan en leasing, podríamos acabar sin “nuestra” tele, sino con “la tele que tenemos alquilada ahora mismo”.

Además, el fabricante mantiene más control sobre el ciclo de vida del producto y, potencialmente, sobre el usuario: puede definir condiciones de uso, tiempos de renovación, requisitos de devolución e incluso, en un futuro, vincular el acceso a otros servicios o suscripciones.

Para LG, Flex es una respuesta a un mercado maduro donde cada vez se cambia menos de televisor. Para el consumidor, es una prueba más de hasta qué punto está dispuesto a cambiar propiedad por comodidad.

4. El contexto más amplio

LG Flex encaja perfectamente en una tendencia mayor: la de “hardware como servicio”.

Ars Technica recuerda que HP ya alquila impresoras, NZXT hace lo propio con PCs gaming y la CEO de Logitech ha planteado públicamente el concepto de un ratón por suscripción. A esto hay que sumar los programas de renovación de móviles de Apple y los operadores, las consolas en formato suscripción y los ordenadores “as‑a‑service” para empresas.

En esta transición conviven dos relatos:

  1. El relato optimista: se democratiza el acceso a la tecnología puntera, se facilita el presupuesto mensual, y si el fabricante recupera, reacondiciona y revende los equipos, se impulsa la economía circular.
  2. El relato crítico: se “financiariza” la vida cotidiana; cada objeto se convierte en un flujo de pagos, y el usuario acaba atrapado en una especie de alquiler perpetuo con un coste total muy superior.

No es algo totalmente nuevo: el leasing de coches y los contratos de móvil con terminal incluido llevan años funcionando así. Lo distinto es que ahora esa lógica se expande a todo el hogar, desde la impresora hasta la tele del salón.

Además, quien controla el dispositivo y el cobro tiene una posición ventajosa para empaquetar servicios: tele en alquiler + plataformas de streaming + juegos en la nube + quizá otros servicios de hogar conectado. El margen ya no está solo en vender pantallas, sino en construir un ecosistema de pagos mensuales alrededor de ellas.

En ese juego, LG compite no solo con otros fabricantes como Samsung o Sony, sino también con operadores de telecomunicaciones en Europa y con gigantes del entretenimiento y la nube en mercados como España o Latinoamérica.

5. El ángulo europeo e hispanohablante

Aunque LG Flex arranca en Reino Unido, es lógico pensar que la empresa evaluará otros mercados. En la Unión Europea, sin embargo, el terreno está más regulado.

Bruselas lleva tiempo endureciendo las normas contra prácticas desleales en suscripciones y contra patrones oscuros que dificultan la cancelación. Un modelo como Flex, aplicado en España, Francia o Alemania, tendría que ser muy transparente en cuanto a coste total, duración, renovaciones y proceso de baja.

Por otra parte, la agenda europea de economía circular y derecho a reparar puede ver con buenos ojos ciertos aspectos del alquiler: si LG recupera los televisores, los repara y los recoloca, se reduce el volumen de residuos electrónicos. Pero si el modelo incentiva reemplazos más frecuentes de lo que sería razonable, el balance ambiental se complica.

En España y gran parte de Latinoamérica, los operadores ya ofrecen televisores y decodificadores incluidos en paquetes convergentes de fibra + móvil + TV. Para que LG Flex tuviera sentido en estos mercados, debería aportar algo más: más flexibilidad, mejor precio real o ventajas claras para negocios turísticos y de hostelería.

En América Latina, donde la capacidad de pago inicial suele ser un freno a la hora de acceder a tecnología de gama alta, un modelo de alquiler puede resultar atractivo. Pero también existe un fuerte mercado de segunda mano y una cultura de “hacer durar” los aparatos que choca con la lógica de renovación constante.

6. Mirando hacia adelante

Es razonable pensar que LG utilizará Reino Unido como laboratorio para afinar precios, contratos y segmentación de clientes.

Aspectos clave a vigilar en los próximos 12–24 meses:

  • Expansión geográfica: si el programa funciona, veremos pilotos similares en grandes mercados europeos (Alemania, Francia, quizá países nórdicos) y, más tarde, en algunos latinoamericanos con fuerte penetración de streaming.
  • Respuesta de la competencia: si Samsung o Sony lanzan alternativas, el “televisor por suscripción” pasará de rareza a opción estándar en tiendas físicas y online.
  • Paquetes combinados: operadores y plataformas de contenidos pueden ver aquí una oportunidad para vender “todo incluido”: conexión, tele en alquiler y catálogo de servicios digitales.
  • Reacción regulatoria: si se detectan abusos, contratos confusos o dificultades para cancelar, los organismos de consumo de la UE y de países latinoamericanos podrían intervenir con normas específicas sobre transparencia y límites de coste.

Para los usuarios, la recomendación práctica es clara: haz números con honestidad. Si sueles quedarte con la tele cinco o más años, la compra directa (aunque sea a plazos razonables) casi siempre será más barata y te dejará con un activo propio. El alquiler solo tiene sentido cuando la necesidad es limitada en el tiempo o cuando se usa como gasto operativo de un negocio.

7. En resumen

LG Flex no es una revolución para el consumidor; es, sobre todo, una nueva manera de asegurar ingresos estables para el fabricante. En unos pocos casos de uso concretos puede ser una solución inteligente, pero para la mayoría supondrá pagar más por menos control y sin llegar a ser dueño de nada. A medida que más gadgets se vuelvan “suscripción obligatoria”, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿cuántas cuotas mensuales estamos dispuestos a acumular por cosas que antes simplemente comprábamos?

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