El milagro de los 9 años: lo que el récord de Switch revela sobre el futuro de las consolas
Cuando Nintendo lanzó la Switch en 2017, muchos la vieron como una apuesta rara para olvidar el fiasco de Wii U. Nueve años después, esa misma máquina híbrida se ha convertido en la consola más vendida de la historia de Nintendo y en la segunda más vendida de todos los tiempos. No es solo una curiosidad para fans: este récord dice mucho sobre cómo ha cambiado el negocio de las consolas y qué espacio queda para Europa y para el mundo hispanohablante en ese mapa.
La noticia en resumen
Según Ars Technica, que se basa en los últimos resultados financieros de Nintendo, la familia original de Nintendo Switch (incluyendo los modelos OLED y Lite) alcanzó los 155,37 millones de unidades vendidas a 31 de diciembre de 2025. Con esa cifra supera al Nintendo DS, que terminó su vida comercial con 154,02 millones, y se convierte en el hardware más vendido de la historia de Nintendo.
Con ese volumen, la Switch se sitúa además como la segunda consola más vendida del mundo, solo por detrás de la PlayStation 2, de la que Sony afirma haber vendido más de 160 millones de unidades. Nintendo prevé vender unas 750.000 Switch adicionales en el próximo trimestre, pese a que la consola tiene ya nueve años y sufrió una subida de precio en agosto de 2025.
La Switch 2, por su parte, ha arrancado muy fuerte: alcanzó 15 millones de unidades vendidas antes de que terminara 2025 y 17,37 millones al cierre del trimestre analizado. Eso significa que ya ha superado las ventas totales de Wii U (13,56 millones) y se acerca al GameCube (21,74 millones).
En software, la Switch original sigue mandando: 47,37 millones de juegos vendidos en el último trimestre frente a 17,31 millones en Switch 2. Nintendo también registra 129 millones de usuarios activos anuales en 2025, una cifra prácticamente plana desde hace tres años.
Por qué importa
Este récord habla menos de nostalgia y más de poder. Poder de marca, de plataforma y de fijación de precios.
En primer lugar, Nintendo ha logrado algo que casi ningún fabricante de electrónica consigue: vender durante casi una década la misma arquitectura, subir el precio en plena madurez del producto y seguir colocando millones de unidades al año. La subida de 2025 debería haber enfriado la demanda; no lo hizo. Eso apunta a una demanda muy poco elástica, basada en exclusivos irresistibles y en una imagen familiar que sigue funcionando tanto en Europa como en América Latina.
En segundo lugar, el éxito de Switch demuestra que el formato híbrido respondía a una necesidad real. Para muchísima gente, la consola ya no es una caja fija debajo de la tele, sino un aparato que viaja por la casa, acompaña en el tren, se lleva de vacaciones y se comparte entre hermanos. Sony y Microsoft han intentado rodear ese estilo de uso con Remote Play y streaming, pero no es lo mismo que una portátil pensada como tal.
Tercero: con más de 155 millones de consolas, Nintendo tiene una palanca enorme frente a editoras, fabricantes de accesorios y retailers. Y a diferencia de lo que pasó tras el boom de Wii o DS, esta vez no llega una caída brusca: Switch 2 parece un éxito desde el primer año. En lugar de un salto doloroso entre generaciones, Nintendo se permite un largo solapamiento en el que vende juegos en las dos plataformas a la vez.
Los que salen perdiendo en el corto plazo son los aspirantes a »la próxima gran plataforma«: dispositivos de cloud gaming, mini‑PCs de mano, o incluso consolas dedicadas que no tienen un catálogo propio tan fuerte. Si una máquina basada en un chip móvil de 2015 sigue vendiéndose cara en 2026, convencer al usuario de que necesita urgentemente algo nuevo es bastante más difícil.
El contexto más amplio
Las cifras de Switch encajan con varias tendencias de fondo en la industria.
1. El ciclo clásico de consola está roto. Sony ha exprimido PS4 durante buena parte de la generación PS5, Microsoft ha hecho lo mismo con Xbox One. Nintendo va un paso más allá: no solo mantiene la Switch original en producción, sino que la usa como gama de entrada mientras Switch 2 ocupa la franja alta. El viejo esquema de »cada 6–7 años, borrón y cuenta nueva« ya no describe cómo funciona el mercado.
2. El contenido pesa más que los teraflops. No es un mensaje nuevo, pero Switch lo grita con fuerza. Ha sido menos potente que sus rivales desde el primer día y, aun así, ha terminado vendiendo más porque ofrece Mario, Zelda, Pokémon y un catálogo indie muy sano a un precio que la mayoría de familias considera razonable. PS5 y Series X pueden presumir de trazado de rayos; la consola dominante de la década corre sobre hardware de tablet.
3. La portabilidad ha dejado de ser nicho. El éxito de Steam Deck, ROG Ally y otras portátiles PC no se entiende sin el terreno que preparó Switch. Nintendo ha enseñado a una generación entera que se puede jugar a títulos »serios« en formato portátil, sin las fricciones del móvil (anuncios, compras agresivas, controles táctiles mediocres). La competencia intenta replicar la idea, pero no tiene una alineación de first‑party al mismo nivel.
A diferencia de PS2 o DS, además, Switch vive en una época de conexión permanente: eShop, guardados en la nube, suscripciones. Eso la hace más rentable por usuario, pero también la coloca bajo el radar de los reguladores cuando hablamos de derechos digitales, cancelaciones de compras o cierres de tiendas online.
La mirada europea e hispana
Para Europa y para el mundo hispanohablante (de Madrid a Ciudad de México, pasando por Buenos Aires y Bogotá) hay varios ángulos interesantes.
En Europa, la lección es clara: el jugador medio está dispuesto a pagar bastante por una experiencia estable, incluso si el hardware está lejos del estado del arte. La Switch se ha vendido a precios altos en la eurozona y en Reino Unido, con subida incluida en 2025, y aun así ha resistido mejor de lo que cabría esperar en plena inflación. Eso refuerza la idea de que Nintendo puede tratar a Europa como un mercado »premium« en precio.
En América Latina, el mensaje es distinto. Las consolas y juegos llegan con impuestos altos, salarios mucho más bajos y políticas de precios regionales a menudo discutibles. Aun así, Switch se ve por todas partes: en torneos de barrio, en cibercafés reconvertidos, en casas donde varias personas comparten la misma máquina. Ese éxito se apoya en la durabilidad del hardware, en el mercado de segunda mano y, no hay que negar la realidad, en la piratería y el mercado gris. Nintendo obtiene menos margen por unidad que en Europa, pero gana presencia e influencia cultural.
Desde el lado regulatorio, la Unión Europea está afinando herramientas como el Digital Services Act y el Digital Markets Act para vigilar grandes plataformas. Hoy Nintendo no está en la lista de »gatekeepers«, pero su eShop funciona como un jardín vallado: reglas propias de reembolsos, control total sobre visibilidad, poca claridad sobre cuánto tiempo estarán disponibles los juegos comprados. Si en Bruselas deciden mirar con lupa a las consolas, Nintendo tendrá que adaptarse.
Para desarrolladores independientes de España y América Latina, la situación es más positiva. Muchos estudios pequeños cuentan que venden mejor en Switch que en PC o móvil, precisamente porque el usuario que compra juegos en esa consola está acostumbrado a pagar y a experimentar con propuestas distintas. Una base instalada que seguirá viva varios años, sumada a la curva ascendente de Switch 2, significa una ventana de oportunidad interesante.
Lo que viene ahora
¿Puede Switch superar a PlayStation 2? Números en mano, sí. Pero la pregunta más honesta es si a Nintendo le merece la pena forzar esa carrera.
Con el ritmo actual, la consola original podría sumar algunos millones más antes de que Nintendo reduzca producción de forma seria. Un recorte de precio agresivo en Europa y Latinoamérica, o un »Switch Classic« pensado para mercados emergentes, podrían empujarla por encima de la cifra de PS2. Pero cada venta adicional de hardware antiguo compite con Switch 2 y complica la vida a los estudios, que tienen que optimizar para una gama de dispositivos cada vez más amplia.
Lo realmente interesante es la fase de doble plataforma que se abre ahora. En los próximos dos o tres años, es razonable esperar:
- Grandes lanzamientos de Nintendo disponibles a la vez en Switch y Switch 2.
- Un flujo creciente de juegos de terceros que se vuelven exclusivos de Switch 2 cuando su base instalada sea suficientemente grande.
- Más presión de usuarios y reguladores para que Nintendo modernice sus servicios online, sus sistemas de cuentas y sus políticas de compras digitales.
Dos señales clave a vigilar:
- Una bajada de precio real en Switch, especialmente en países con menor poder adquisitivo. Sería la pista de que Nintendo prioriza volumen y récord histórico sobre margen.
- El anuncio de una Switch 2 más barata o tipo »Lite«, que marcaría el momento en el que la compañía ya no necesita mantener vivo el hardware viejo como entrada al ecosistema.
Quedan preguntas relevantes: ¿cuánto tiempo mantendrá Nintendo los servidores y las actualizaciones de Switch una vez que Switch 2 sea dominante? ¿Qué pasará con los derechos sobre juegos digitales en jurisdicciones más estrictas, como la UE? ¿Y hasta qué punto aceptarán los jugadores un ecosistema tan cerrado cuando las autoridades y parte de la industria hablan cada vez más de interoperabilidad?
En resumen
Que la Switch sea ya la consola más vendida de Nintendo no es un accidente: es el resultado de apostar por flexibilidad, buen catálogo y una experiencia pensada para el uso real de la gente, no para el marketing de especificaciones. La jugada le ha salido tan bien a Nintendo que un hardware de hace nueve años sigue vendiéndose caro, mientras su sucesora arranca a toda velocidad. La pregunta para los jugadores hispanohablantes es sencilla: ¿cuánto tiempo estamos dispuestos a vivir en un ecosistema tan dominado por un solo actor a cambio de comodidad y juegos brillantes?



