Raspberry Pi se aleja del mito de los 35 dólares: qué significa la nueva ola de subidas
Durante más de una década, Raspberry Pi fue sinónimo de „ordenador completo“ al precio de un videojuego. Ese relato se está rompiendo. La compañía acaba de aplicar su segunda subida de precios en dos meses, empujada por una crisis de memoria RAM alimentada por el boom de la inteligencia artificial. Los modelos con más RAM ya compiten en precio con mini PCs x86 de gama baja. En este análisis veremos qué hay detrás de la crisis, quién gana y quién pierde, cómo afecta a Europa y a América Latina y qué alternativas empiezan a ser más atractivas.
La noticia en breve
Según informa Ars Technica, Raspberry Pi Ltd ha anunciado una nueva ronda de incrementos de precio para la mayoría de sus placas Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5 con al menos 2 GB de RAM LPDDR4. La subida también afecta a los Compute Module 4 y 5 y al ordenador‑teclado Raspberry Pi 500.
Los aumentos se escalan según la capacidad de memoria: los modelos de 2 GB suben 10 dólares, los de 4 GB suben 15 dólares, las versiones de 8 GB aumentan 30 dólares y las de 16 GB se encarecen en 60 dólares. Estas subidas se suman a los incrementos generales de 5–15 dólares aplicados en diciembre a muchos modelos de Pi 4 y 5, además de ajustes más limitados en octubre.
De acuerdo con Ars Technica, el Raspberry Pi 5 de 16 GB costará ahora unos 205 dólares, mientras que las versiones de 8 GB del Pi 4 y 5 se situarán en torno a 125 y 135 dólares. Los modelos básicos de 1 GB del Pi 4 y Pi 5 se mantienen por ahora en 35 y 45 dólares, igual que el Pi 400 y las placas antiguas basadas en LPDDR2 como el Pi 3 y el Pi Zero. La empresa afirma que su intención es revertir las subidas cuando bajen los precios de la memoria.
Por qué importa
No es solo una anécdota más de la cadena de suministro: toca el corazón del proyecto Raspberry Pi.
El éxito de la fundación y luego de la empresa comercial se construyó sobre una promesa sencilla: por unos 35 dólares cualquiera podía tener un ordenador con Linux, puertos GPIO y una comunidad gigantesca detrás. Mientras esa cifra se mantenía como referencia, era fácil justificar modelos más potentes y caros. Pero cuando una placa con 8–16 GB se sitúa entre 120 y 200 dólares, la comparación natural deja de ser „mejor que Arduino“ para ser „¿por qué no un mini PC usado con más potencia?“.
¿Quién gana? A corto plazo, sobre todo los fabricantes de memoria, que disfrutan de márgenes altos en plena fiebre de la IA. Raspberry Pi simplemente evita vender por debajo de coste.
Los perdedores son claros:
- Estudiantes, makers y hobbyistas, para quienes el Pi era la recomendación automática como primer Linux.
- Centros educativos y ONGs, que podían equipar aulas enteras o laboratorios con presupuestos muy ajustados.
- Pequeñas empresas industriales e integradores IoT, que integran Raspberry Pi en kioscos, sensores y pasarelas.
En proyectos reales, un salto de 30–40 euros por unidad cambia muchas decisiones: un laboratorio escolar pasa de 30 a 20 equipos; una startup que quería desplegar 100 nodos LoRa con Pi se replantea el diseño; un maker en Latinoamérica o en España, que ya lidiaba con aduanas y distribución limitada, sencillamente se queda fuera.
A nivel estratégico, la subida erosiona la ventaja competitiva del Pi. Cuanto más se acerque el precio a un mini PC x86 barato, más sentido tiene elegir esa opción: más RAM, almacenamiento incluido, x86 estándar y soporte para cualquier distribución de Linux o incluso Windows, aunque se pierda parte del encanto „maker“ del Raspberry Pi.
El panorama general
Para entender la situación hay que mirar el mercado global de memoria.
La actual crisis viene impulsada por el boom de la IA: los grandes proveedores de nube y los fabricantes de chips están comprando cantidades enormes de HBM, GDDR y DRAM para centros de datos de entrenamiento e inferencia. Las fábricas priorizan a esos clientes de alto margen, y el resto del ecosistema —portátiles, móviles, placas SBC— se ve atrapado en una oferta más limitada y más cara.
No es la primera vez que vemos algo similar:
- Durante la pandemia, la explosión de ventas de PCs y consolas, sumada al minado de criptomonedas, dejó el mercado de GPUs y de Raspberry Pi prácticamente vacío en 2022–2023.
- En ciclos anteriores de DRAM (2017–2018) los fabricantes ya controlaron el suministro para mantener precios altos.
La diferencia es que la demanda actual ligada a IA parece menos cíclica y más estructural. Es probable que el sector viva varios años de inversión intensa en infraestructuras de IA, lo que hace más difícil volver a los precios de memoria „de antes“.
Frente a eso, el mapa competitivo se está reorganizando:
- Arriba, mini PCs x86 chinos con 8–16 GB de RAM y SSD de 256 GB en la franja de 130–200 euros se vuelven muy tentadores. Consumen más, sí, pero ofrecen un entorno PC completo.
- Abajo, placas con microcontroladores (ESP32, RP2040, Arduino) cubren un gran porcentaje de proyectos IoT de baja potencia por menos de 10 euros.
- RISC‑V empieza a asomar como alternativa en proyectos educativos y de investigación.
Raspberry Pi queda atrapado en ese „sandwich“: ni tan barato como antes para dominar la educación y el hobby, ni tan potente como un mini PC para usos generales. Los shocks de precio aceleran esta incomodidad.
Clave europea y latinoamericana
En Europa, Raspberry Pi es una pieza clave en políticas de competencias digitales, cultura maker y soberanía tecnológica. Muchos programas públicos —desde clubes de programación en España hasta proyectos con fondos europeos en Europa Central— eligieron el Pi porque es barato, documentado y relativamente independiente de grandes plataformas estadounidenses.
Con las subidas, equipar un aula completa o un laboratorio de fabricación digital cuesta bastante más. Eso puede empujar a las administraciones hacia soluciones cerradas tipo Chromebook o tablets gestionadas, que encajan peor con el espíritu del Digital Services Act o de la futura Ley de IA de la UE, que impulsan transparencia, control del usuario y desarrollo local.
En América Latina el impacto puede ser aún más fuerte. El Raspberry Pi ya era significativamente más caro que en Europa o EE. UU. por impuestos de importación, distribución limitada y tipos de cambio. Para un laboratorio en Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá, una subida de 30–40 dólares por placa puede ser la diferencia entre usar Raspberry Pi o reciclar PCs de segunda mano donados por empresas.
En ambos lados del Atlántico, el Pi también se ha convertido en la base de muchos proyectos de self‑hosting y privacidad: servidores caseros de archivos, redes Tor, bloqueadores de publicidad, automatización del hogar. La cultura de protección de datos en Europa y la desconfianza creciente hacia los grandes proveedores en Latinoamérica hacían del Pi una herramienta perfecta. Si el coste de entrada aumenta, parte de esa energía puede desplazarse hacia soluciones puramente en la nube —precisamente lo contrario de lo que buscan normas como el RGPD.
Por otra parte, se abren oportunidades para fabricantes y diseñadores de hardware locales: empresas europeas y latinoamericanas que ofrezcan placas bien documentadas, con soporte y precios estables, podrían ocupar nichos que el Raspberry Pi deja descubiertos.
Mirando hacia adelante
La gran incógnita es cuánto durará la tensión en el mercado de RAM y cómo reaccionará Raspberry Pi.
Los ciclos tradicionales de DRAM suelen corregirse en 12–24 meses, pero la demanda adicional de IA podría estirar esos plazos. Es razonable esperar que 2026 siga siendo un año de precios relativamente altos, aunque con cierta volatilidad.
¿Qué señales conviene vigilar?
- Nuevos modelos con menos RAM: versiones de 1–2 GB como estándar, reservando 4–16 GB para gamas „pro“.
- Mayor apuesta por RP2040 y microcontroladores: donde Raspberry Pi controla el silicio y no depende tanto del mercado DRAM.
- Cambio de recomendaciones en la comunidad: si foros y canales de YouTube empiezan a sugerir sistemáticamente mini PCs x86, Orange Pi o reutilizar thin clients, el „efecto Raspberry Pi“ estará en retirada.
- Reorientación educativa: programas que migran a portátiles baratos o laboratorios en la nube en lugar de placas físicas.
Raspberry Pi también tendrá que cuidar su reputación. Aunque la subida sea técnicamente inevitable y se prometa bajarla más adelante, el mensaje que queda puede ser simple y duro: „el Pi ya no es barato“. Y los mitos son difíciles de revertir.
La oportunidad está en redefinir el valor: menos énfasis en el precio absoluto y más en el ecosistema de software, los años de soporte, la estabilidad a largo plazo y la enorme comunidad. Si Raspberry Pi consigue segmentar mejor su gama —educación, industria, proyectos avanzados— puede seguir siendo central en la escena maker, incluso si el billete de entrada es más caro.
En resumen
La segunda subida de precios del Raspberry Pi en dos meses es la cara visible de una crisis de memoria RAM alimentada por la IA, pero golpea sobre todo a quienes hicieron grande a la plataforma: escuelas, makers y pequeñas empresas. Los modelos con más RAM se mueven ya en precios de mini PC, y el viejo eslogan del „ordenador de 35 dólares“ suena cada vez más a nostalgia. Si los precios de la memoria no se relajan pronto o la compañía no reorienta su catálogo, la próxima vez que alguien pregunte cuál es el mejor primer ordenador Linux, es posible que la respuesta ya no sea un Raspberry Pi.



