Los televisores “gratis” de Telly revelan el verdadero precio del salón

23 de enero de 2026
5 min de lectura
Televisor inteligente de doble pantalla en un salón con una franja inferior mostrando anuncios

1. Titular e introducción

Un televisor de 55 pulgadas sin pagar un euro, pero con una segunda pantalla dedicada a anuncios y un nivel de seguimiento de datos que llega hasta el sofá. Esa es la propuesta de Telly, una startup de Los Ángeles que está llevando al extremo la lógica del hardware subvencionado por publicidad.

Más allá de los problemas logísticos y las promesas incumplidas de millones de envíos, lo interesante es otra cosa: cuánto dinero parece poder generar un solo salón cuando la publicidad y la analítica mandan. En este análisis veremos qué nos dice Telly sobre el futuro de las smart TV, qué implicaciones tendría un modelo así en Europa y América Latina, y dónde puede romperse el delicado pacto entre usuarios, fabricantes y anunciantes.

2. La noticia en breve

Según informa Ars Technica basándose en datos obtenidos por el boletín Lowpass, Telly tenía alrededor de 35.000 televisores activos en hogares a finales del tercer trimestre de 2025, muy lejos de las previsiones iniciales de cientos de miles de unidades en 2023 y “millones” adicionales en 2024.

Los dispositivos combinan una pantalla principal de 55 pulgadas con una tira inferior que muestra anuncios y pequeños widgets. El usuario no paga por el hardware, pero debe completar encuestas detalladas, aceptar un seguimiento intensivo y mantener visible la franja de anuncios; de lo contrario, se le podría cobrar el supuesto valor del televisor, unos 1.000 dólares.

El informe citado indica que Telly generó unos 22 millones de dólares de ingresos anualizados en el Q3 2025. Esto equivaldría a unos 52 dólares de ingresos publicitarios por televisor activo y por mes, muy por encima del ingreso medio por usuario que han comunicado Roku y Vizio para todo un año. Telly también habría levantado 350 millones de dólares en deuda y planea encargar 100.000 televisores adicionales a Foxconn tras reducir los daños durante el envío.

3. Por qué importa

Lo relevante no es que Telly haya enviado menos televisores de los prometidos – eso es casi rutina en el mundo startup. Lo relevante es que, con una base relativamente pequeña, cada dispositivo parece generar un nivel de ingresos que cambia las reglas del juego para la industria de la televisión conectada.

Con unos 52 dólares al mes por televisor activo, Telly está operando en una liga completamente distinta a la de los fabricantes low-cost que monetizan con publicidad. Aunque asumamos que las cifras para inversores están infladas y que la muestra es pequeña, la diferencia de orden de magnitud frente a los 37–41 dólares anuales de Roku y Vizio sigue siendo brutal.

Beneficiados:

  • Anunciantes y plataformas publicitarias, que consiguen un soporte muy visible y medible en el salón, justo donde se concentra el visionado de contenido premium.
  • Telly (si logra escalar), que pasa de ser un vendedor de hardware a convertirse en un intermediario de atención y datos.

Perdedores:

  • Usuarios, que entregan perfiles personales detallados y aceptan una pantalla extra de anuncios dentro de su casa a cambio de no pagar el aparato.
  • Fabricantes de TV tradicionales, que quedan presionados a exprimir más la publicidad y los datos para no quedarse atrás.

El caso Telly destapa el conflicto central del mercado de smart TV: las pantallas se han vuelto baratas y poco rentables, pero el margen está en ampliar al máximo la explotación de datos y anuncios. Empujarlo demasiado lejos –como hace Telly– puede convertir el televisor en algo que se parece más a un panel publicitario interactivo que a un electrodoméstico doméstico.

4. El contexto más amplio

Telly encaja en varias tendencias que ya vemos tanto en Silicon Valley como en mercados emergentes.

1. Hardware casi gratis, datos caros. No es la primera vez: módems gratuitos en los 90, móviles “regalados” con contratos largos, Kindle con anuncios en la pantalla de bloqueo… La novedad con Telly es la intensidad: un segundo panel permanente diseñado para publicidad, más el uso potencial de cámara y micrófono para afinar la segmentación.

2. Las smart TV como negocio publicitario, no de electrónica. Samsung, LG, Amazon Fire TV, Google TV, Roku… Todos han ido colonizando la pantalla de inicio con filas patrocinadas, apps preinstaladas y tracking sofisticado. Telly lleva la lógica hasta su extremo lógico: si tu verdadero producto es el inventario publicitario, el televisor puede ser un coste de adquisición.

3. La televisión conectada como refugio del tracking. Con los navegadores bloqueando cookies de terceros y Apple/Google restringiendo el seguimiento en móviles, la TV conectada se ha convertido en un espacio privilegiado para vincular identidad de hogar, hábitos de consumo y visualización. Controlar el sistema operativo y, además, una segunda pantalla dedicada a anuncios es un sueño húmedo del adtech.

Históricamente, los modelos basados en anuncios hiperintrusivos han tenido una vida corta: primero crecen rápido, luego chocan con el hartazgo del usuario y la regulación. La diferencia es que, en 2026, los presupuestos para publicidad en CTV son mucho mayores, y el usuario medio ya está acostumbrado a que su smartphone y sus apps “gratis” sigan cada movimiento.

Telly nos pone delante una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estamos dispuestos a aceptar que el salón se parezca más a un centro comercial que a un espacio privado si a cambio no pagamos por los dispositivos?

5. El ángulo europeo y latinoamericano

Por ahora Telly es un fenómeno estadounidense, pero las implicaciones para Europa y el mundo hispanohablante son claras.

En la UE, la GDPR exige que el consentimiento sea libre e informado. Un planteamiento del tipo “o aceptas seguimiento permanente y anuncios constantes, o pagas 1.000 dólares” chocaría frontalmente con la idea de consentimiento voluntario. Además, el concepto de “pagar con datos” está cada vez más regulado en el derecho del consumidor europeo.

La Ley de Servicios Digitales (DSA) obliga a una mayor transparencia en la publicidad online y limita ciertas formas de segmentación. Y el futuro Reglamento de IA de la UE podría tocar de lleno cualquier uso de la cámara para reconocimiento biométrico, análisis de emociones o seguimiento de miradas.

En España y en buena parte de Latinoamérica, donde las smart TV baratas de marcas como Xiaomi, TCL o Hisense ya dominan, hay dos realidades paralelas:

  • En la UE, reguladores muy activos, una cultura de privacidad más fuerte y usuarios algo más sensibilizados.
  • En muchos países latinoamericanos, marcos regulatorios más débiles, menor poder adquisitivo y una mayor disposición a “pagar con datos” a cambio de hardware barato o gratis.

Eso convierte a América Latina en un posible laboratorio para modelos similares a Telly, impulsados quizás por operadores de TV de pago o plataformas de streaming que buscan penetración rápida. Y, al mismo tiempo, hace más probable que Europa intente marcar una línea roja clara para evitar importar las prácticas más agresivas.

6. Mirando hacia adelante

El futuro de Telly puede ir en varias direcciones.

Una opción es doblar la apuesta en hardware: solucionar la logística, reforzar la calidad del producto, cerrar el acuerdo con Foxconn y llevar cientos de miles de televisores a los hogares estadounidenses. Si los ingresos por dispositivo se mantienen razonablemente altos, podría convertirse en un actor relevante en el mercado publicitario CTV.

El riesgo: 350 millones de dólares de deuda es una losa seria para un modelo tan expuesto a averías, devoluciones y posibles escándalos de privacidad. Un par de incidentes mediáticos graves pueden cerrar el grifo de anunciantes o provocar una intervención regulatoria.

La otra vía es convertirse en plataforma de software y datos: licenciar su interfaz de doble pantalla, su sistema de anuncios y su analítica a fabricantes de TV medianos u operadores de telecomunicaciones que quieran exprimir más valor de sus bases de clientes.

Para quienes seguimos el mercado desde Europa y América Latina, habrá que estar atentos a:

  • Experimentos de grandes marcas (Samsung, LG, operadores de TV de pago) con televisores muy subvencionados o “gratis” a cambio de datos.
  • Reacciones de autoridades como la AEPD en España o los reguladores de datos en México, Brasil, Argentina y Chile.
  • La respuesta cultural: en qué momento los usuarios perciben que la invasión publicitaria en el salón ha cruzado una línea roja.

La gran incógnita es si existe un punto de equilibrio sostenible en el que el usuario acepte un cierto grado de intrusión a cambio de ahorrarse el coste del hardware, o si modelos como Telly están condenados a funcionar solo como experimentos de nicho.

7. Conclusión

Telly pone cifras a algo que intuíamos: nuestra atención en el salón vale lo suficiente como para financiar el hardware sin cobrarnos el dispositivo. El problema es el cómo. Llevado al extremo, el televisor deja de ser un electrodoméstico y se convierte en una máquina de extracción de datos y visualización de anuncios.

Para el mercado hispanohablante la pregunta es directa: ¿preferimos pagar menos por las pantallas a cambio de más vigilancia y más publicidad, o estamos dispuestos a pagar un poco más por mantener el salón como espacio relativamente privado? Lo que decidan usuarios y reguladores en los próximos años definirá no solo el futuro de Telly, sino el de todo el ecosistema de televisión conectada.

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