Windows 11 llega a 1.000 millones: éxito masivo o simple falta de alternativas

30 de enero de 2026
5 min de lectura
Portátil con el escritorio de Windows 11 y el menú Inicio abierto sobre una mesa

Windows 11 llega a 1.000 millones: éxito masivo o simple falta de alternativas

Windows 11 ya está instalado en más de 1.000 millones de dispositivos. Sobre el papel es un triunfo incuestionable para Microsoft. Pero el contraste entre esa cifra y el ruido constante de quejas en foros, redes y medios especializados muestra una realidad incómoda: se puede dominar el mercado sin enamorar a los usuarios.

En este análisis veremos qué hay detrás de ese hito, quién gana y quién pierde, cómo encaja en la carrera por la IA y qué implicaciones tiene para Europa y para el mundo hispanohablante, desde Madrid hasta Ciudad de México.


La noticia en breve

Según recoge Ars Technica a partir de la última llamada de resultados de Microsoft, Satya Nadella comunicó a los inversores que Windows 11 ha superado los 1.000 millones de usuarios en todo el mundo. El sistema ha tardado 1.576 días desde su lanzamiento general el 5 de octubre de 2021, unos meses menos que Windows 10, que llegó a esa cifra en torno a los 1.692 días después del 29 de julio de 2015.

Windows 11 es una actualización gratuita para quienes usan Windows 10, pero a diferencia de su predecesor exige hardware más reciente, especialmente en lo relativo a procesadores y TPM. Eso deja a muchos PCs actuales oficialmente bloqueados en Windows 10.

Ars Technica cita también estimaciones mencionadas por el COO de Dell a finales de 2025: alrededor de 1.000 millones de PCs seguirían activos con Windows 10, aproximadamente la mitad sin posibilidad de actualización oficial. Microsoft ha diseñado una rampa de salida de tres años con parches de seguridad para Windows 10, incluyendo un programa de actualizaciones extendidas de pago para empresas.

Mientras tanto, la dirección de Windows promete dedicar más ingenieros a mejorar el rendimiento y la fiabilidad de Windows 11 y a modernizar partes antiguas de la interfaz.


Por qué importa

Alcanzar los 1.000 millones no es solo una medalla para el departamento de marketing. Consolida a Windows 11 como la plataforma central desde la que Microsoft quiere desplegar su estrategia de servicios y de inteligencia artificial. Cada PC es una puerta potencial a Copilot, a Microsoft 365, a OneDrive, a Game Pass… y a los espacios publicitarios integrados en el propio sistema.

Los beneficiados son claros:

  • Microsoft, que refuerza su poder de negociación frente a fabricantes, desarrolladores y administraciones públicas. Controlar el cliente de escritorio significa influir en estándares de hardware, seguridad y servicios.
  • Los fabricantes de PCs, que ven cómo las restricciones de hardware de Windows 11 acortan en la práctica el ciclo de renovación de equipos.

Pero también hay perdedores:

  • Usuarios domésticos y pymes con ordenadores perfectamente válidos que no cumplen los requisitos oficiales. Deben elegir entre cambiar de máquina antes de tiempo, pagar por las actualizaciones de seguridad de Windows 10 o asumir riesgos.
  • Usuarios avanzados y preocupados por la privacidad, que sufren el requisito de cuenta Microsoft, la telemetría, los avisos constantes para usar Edge, OneDrive o Game Pass y las recomendaciones en el menú Inicio.

Lo relevante es que el éxito de Windows 11 se apoya más en inercia y dependencia que en entusiasmo. Windows sigue siendo la opción por defecto para ofimática, software de nicho, juegos y gran parte de la periferia. Cuando la mayoría de ordenadores nuevos salen de fábrica con Windows 11 y los departamentos de TI lo imponen como estándar, actualizar es la opción más sencilla, aunque medio departamento se pase la mañana desactivando funciones.

A largo plazo, Microsoft se arriesga a algo menos visible pero importante: que los perfiles más influyentes –desarrolladores, creadores, administradores– vayan migrando poco a poco a macOS, Linux o soluciones 100 % web.


El contexto más amplio

El hito de Windows 11 encaja con varias tendencias clave en la industria.

1. Usar los requisitos de hardware como palanca
Las condiciones de procesador, TPM y, en el futuro, aceleradores de IA no son solo una cuestión técnica. Permiten a Microsoft y a los fabricantes dirigir el mercado hacia una nueva generación de «PCs con IA», optimizados para ejecutar modelos locales y asistentes como Copilot.

No es la primera vez que pasa: Vista empujó las GPUs, Windows 8 intentó forzar el PC táctil. La diferencia ahora es que por encima hay una capa creciente de servicios en la nube y de IA con suscripciones y consumo recurrente.

2. Windows como servicio… y como embudo de servicios
Hace tiempo que Windows dejó de ser una simple licencia. Es el front‑end de un ecosistema de suscripciones y publicidad. La obligación de usar cuenta Microsoft en ediciones domésticas, los avisos para cambiar a Edge, las tarjetas promocionando OneDrive o Game Pass y los «recomendados» en el menú Inicio forman parte del diseño de negocio.

El paralelismo con Android es evidente: Google monetiza el sistema mediante servicios y anuncios; Microsoft intenta replicar esa lógica en el escritorio. Que Windows 11 alcance 1.000 millones de usuarios pese a todo eso envía un mensaje claro a los directivos: el modelo funciona.

3. La eterna cola larga de versiones antiguas
La dificultad para jubilar Windows XP y, después, Windows 7 ya mostró los límites del modelo. Con Windows 10 se repite la historia. Las actualizaciones de seguridad de pago convierten el problema en producto, pero mantienen la fragmentación y la complejidad para desarrolladores y administradores.

En contraste, Apple puede forzar más rápidamente la adopción de nuevas versiones de macOS gracias al control sobre su hardware. Microsoft, por diseño, está atado a una base instalada mucho más caótica y diversa.


Europa, España y América Latina en el mapa de Windows 11

Para Europa, Windows 11 con 1.000 millones de usuarios no es solo una cuestión de gustos tecnológicos; es un tema de infraestructura digital y soberanía. La mayoría de administraciones, colegios y pymes dependen del ecosistema Windows. Cuando Microsoft endurece requisitos o empuja con fuerza sus servicios en la nube, la onda expansiva llega a presupuestos públicos, a reguladores y a la competitividad de las empresas.

Aquí entran en juego varias normativas clave:

  • RGPD y protección de datos – La combinación de telemetría, cuenta obligatoria y servicios en la nube en Windows 11 se examina bajo un prisma mucho más estricto en la UE que en EE. UU. No sería extraño ver nuevas investigaciones de autoridades nacionales, como ya ocurrió con Windows 10.
  • Ley de Mercados Digitales (DMA) – Microsoft encaja en la categoría de «guardián» que no debe favorecer ilegalmente sus propios servicios. Los empujones constantes hacia Edge, Bing o OneDrive desde el sistema operativo serán objeto de debate jurídico.
  • Ley de Servicios Digitales (DSA) y futura regulación de IA – A medida que Copilot y otros asistentes se integren en el propio sistema, aumentará la presión para garantizar transparencia, registro de decisiones automáticas y capacidad real de desactivación.

En España y en buena parte de América Latina el panorama se complica por factores económicos. Muchos colegios, ayuntamientos y pymes trabajan con equipos antiguos o de gama baja que no siempre cumplen los requisitos de Windows 11. Cambiar todo el parque supone inversiones millonarias.

Eso puede reabrir debates sobre alternativas basadas en software libre (ya hay precedentes en administraciones españolas y en proyectos educativos de países latinoamericanos) o sobre el uso más intenso de escritorios virtuales y aplicaciones web, donde el sistema operativo pierde importancia.

Al mismo tiempo, el ecosistema emprendedor hispanohablante –de Barcelona a Buenos Aires– vive sobre todo en el navegador y la nube. Para muchas startups da igual que el portátil lleve Windows, macOS o Linux. Pero sus clientes finales, especialmente en el sector público y en pymes tradicionales, siguen atados a la lógica de Windows.


Lo que viene ahora

Los próximos dos o tres años definirán la imagen duradera de Windows 11: ¿será visto como un salto necesario hacia una plataforma más segura y preparada para la IA, o como la versión que cruzó demasiadas líneas?

Es razonable esperar varios movimientos:

  • Más IA integrada en el sistema – Microsoft ha dejado claro que su apuesta estratégica es Copilot y las funciones de IA en el cliente. El «PC con IA» se construye sobre la base de Windows 11. Podemos esperar nuevas capacidades con cada gran actualización, más que un corte limpio llamado Windows 12.
  • Transición lenta pero inevitable desde Windows 10 – A medida que vayan expirando las fases de soporte, primero gratuitas y luego de pago, empresas y organismos se verán forzados a moverse. Muchas migraciones se ligarán a renovaciones de hardware.
  • Resistencia creciente a la publicidad y al «nagware» – Entre el hartazgo de los usuarios y la presión regulatoria, Microsoft tendrá incentivos para ofrecer más controles: modos sin anuncios, menos notificaciones de servicios o configuraciones específicas para el sector público europeo y latinoamericano.

La gran incógnita es la comunidad de desarrolladores y creadores. En ciudades como Madrid, Ciudad de México o Bogotá ya es normal que muchos trabajen con MacBooks o con Linux, especialmente en desarrollo web, datos y DevOps. Si esta tendencia se acentúa, el centro de gravedad de la innovación puede desplazarse lentamente fuera de Windows, aunque las cifras masivas de instalación oculten el cambio durante años.

Mientras tanto, la consolidación de aplicaciones web y SaaS reduce la importancia del sistema operativo. Eso erosiona la ventaja histórica de Microsoft, pero explica también por qué la compañía está tan empeñada en convertir Windows 11 en un portal hacia sus servicios en la nube y su oferta de IA.


En resumen

Que Windows 11 haya alcanzado los 1.000 millones de usuarios es a la vez un triunfo y una señal de alarma. Demuestra que Microsoft sigue siendo capaz de mover el mercado mundial del PC, incluso con requisitos más duros y un sistema cargado de servicios propios y mensajes comerciales. Pero también evidencia que gran parte de ese «éxito» descansa en la inercia y la falta de alternativas reales.

La pregunta que queda en el aire, especialmente para Europa y para los países hispanohablantes, es clara: si Windows 11 es el estándar de facto, ¿quién marca las reglas del juego digital… y quién se encarga de ponerle límites?

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